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EN BUENOS AIRES SE LLAMAN SHOPPINGS
Iñaki Gómez


Mucho se ha escrito ya sobre la proliferación de grandes superficies comerciales alrededor de la ciudad de Logroño y sobre las consecuencias sociales y económicas que esto puede suponer. Todos estamos viendo crecer estos complejos que a modo de nave espacial parecen aterrizar y apropiarse de parte del territorio renunciando a cualquier clase de acomodo urbano, sin apenas más requerimiento, eso sí, que un buen cordón umbilical mediante una vía rápida de comunicación. También se ha escrito mucho sobre las características de la arquitectura, o no-arquitectura, que suele acompañar a estos recintos. Y quizás por eso, porque es una cuestión de importancia para nuestras ciudades y para quienes las habitamos, no me parece mal contaros tres o cuatro ideas más al respecto, que vienen al hilo de mi reciente estancia en Buenos Aires (¡impresionante ciudad!), y que sencillamente me han llamado bastante la atención.

Para empezar, en Buenos Aires se distinguen claramente las galerías comerciales, por un lado, de lo que ellos mismos llaman shopping-centers, por otro. Y utilizar el inglés no es un esnobismo sino un reconocimiento expreso al origen del producto que han importado. Es decir, por un lado tenemos las galerías comerciales (nacidas principalmente a finales del siglo XIX) y por otro los shoppings (más propias de los años noventa), de modo que si bien ambas persiguen lo mismo, es decir, cualificar un espacio de mercado para venta de productos que atraiga el mayor número de compradores posible, no utilizan en absoluto los mismos recursos. Y voy por partes.

A finales del siglo XIX, la ciudad de Buenos Aires crece de forma importante y se plantea entonces transmitir la imagen de una ciudad poderosa, cosmopolita y moderna. Para ello deciden importar diferentes modelos arquitectónicos europeos y entre ellos la galería comercial, que permite asociar una imagen refinada y diferente al hecho del comercio. Primero se crearon locales abiertos hacia el interior de las manzanas, (como los existentes en el barrio de San Telmo), después las calles privadas de uso público con recorridos lineales que permiten pasear, comprar, mirar y ser visto. Más o menos de este modo surge la galería comercial, teniendo como referente la Royal Opera Arcade de Londres de finales del siglo XVIII. Con esta nueva filosofía en la que tener más es ser más, se buscan así referentes culturales sólidos y se imita directamente el renacimiento en cuanto lenguaje arquitectónico, pero siempre interviniendo dentro de la ciudad y creando arquitectura.

Un buen ejemplo de este tipo de galerías comerciales son las Galerías Pacífico. Se proyectaron en 1889 por los arquitectos Agrelo y Le Vacher como una copia de la galería Bon Marche de París pero con un diseño que recuerda mucho la Vittorio Emmanuelle en Milán. Su planta tiene forma de cruz y si bien en principio se pensó dar la misma importancia a las cuatro entradas, finalmente destacaron solo dos accesos , los correspondientes a las conocidas calles Florida y Córdoba. En un principio, estas dos calles con plaza central carecían de cubrición y sus locales eran utilizados por pintores y asociaciones literarias, hasta que en 1946 fueron compradas por el Ferrocarril Pacífico que instaló allí sus oficinas. La bóveda central fue decorada por pintores de prestigio de la época. Tras diferentes periodos de decadencia, fueron reinauguradas en 1992 y se trata de uno de los espacios más visitados del centro de la ciudad, con independencia de que el paseante tenga o no la más mínima intención de adquirir algo. Dispone de varios cines, pero también alberga el Centro Cultural J.L.Borges, algunas salas de exposiciones, un auditórium, etc. De hecho los estudiantes de arquitectura planteaban en una sala una serie de estudios de Escuela sobre la reforma del barrio de La Boca. Es decir, una diferente concepción del tiempo de ocio y de las ofertas que un centro comercial puede albergar.

En consecuencia, las galerías comerciales no renuncian a la ciudad si bien todo lo contrario. Se ubican dentro de su trama urbana, en este caso absolutamente reticular, creando calles interiores, generando el flujo de los visitantes hacia el corazón de la ciudad y creando espacios de arquitectura, que si bien pueden tener también algo de decorado, desde luego no son efímeras y puede mucho más la presencia del edificio en sí que la parafernalia de anuncios y rótulos de todo tipo. En ese sentido de inclusión en la ciudad me llamó también la atención el Palacio Barolo. Fue construido en el año 1923 según el diseño de Mario Palanti en la Avenida de Mayo en el estilo "remordimiento" italiano. (Así lo denominan...) Puestos a llamar la atención y servir de reclamo, tiene un faro en su coronación y su luz, sólo encendida en grandes ocasiones, se aprecia desde Uruguay. Curiosamente, bastantes oficinas están ocupadas por estudios de arquitectura que pelean por intentar salir de la crisis. Además de la galería comercial instalada en varias de sus plantas inferiores, es muy importante la fuerza de la silueta del edificio como punto de referencia dentro de la ciudad. (Durante varias décadas fue el edificio más alto de Buenos Aires).

Sin embargo, la aparición del shopping- center supone, con independencia de su tipología arquitectónica, la creación de una especie de ciudad del comercio, a menudo realizada con una trama deliberadamente laberíntica, y con una estética impuesta por el mercado y las marcas dominantes, que se crea al margen de la trama urbanística de la ciudad. En Buenos Aires son plenamente conscientes de que se trata de un nuevo modelo comercial que supone también otro concepto de ciudad, de arquitectura e incluso de alternativa de consumo y disfrute del ocio. Los shoppings se crean urbanísticamente al margen de la ciudad, de acuerdo más con la situación de las autopistas o incluso aprovechando la ubicación de grandes parcelas entre lo que denominan "villas miseria" (poderoso contraste). Suelen escoger formalmente un cierto estilo high-tech, más en apariencia que en sinceridad constructiva y sus fachadas suelen ser absolutamente opacas de modo que nada del exterior distraiga del objetivo fundamental, vender y comprar, simplificando y reduciendo enormemente los problemas de diseño. Las fachadas se vuelcan a los corredores directamente y se forman por la suma lineal de escaparates a las calles interiores. Los esfuerzos de diseño se centran en los puntos de encuentro, normalmente coronados con bóvedas o tragaluces donde coinciden ascensores panorámicos, escaleras mecánicas, fuentes, vegetación y diferentes escenografías al uso, muy en línea con lo "desaprendido" de Las Vegas.

Ahora bien. También existe otra opción. Se trata de los nuevos shoppings de lujo, ubicados dentro de la ciudad reformando el uso de algún edificio preexistente. Por ejemplo el Patio Bullrich en Buenos Aires o Punta Carretas en Montevideo. En estos centros comerciales se cuida más la claridad en las circulaciones y se opta por una estética "globalizada"en la que todo el conjunto de señalética, rótulos e iluminaciones artificiales tienen un papel muy importante. Patio Bullrich se ubica en unas antiguas instalaciones portuarias y de hecho, parte de la estructura metálica original constituye uno de los elementos más interesantes del conjunto, así como la parte de las fachadas originales restauradas. Alto Palermo es otro buen ejemplo de creación de centro comercial inserto en la ciudad. El problema del acceso rodado se soluciona con parkings en varias plantas de sótano para evitar así la necesidad de ocupar varias hectáreas de superficie de aparcamiento junto a los edificios comerciales con los gigantescos desplazamientos que ello exige.

Y termino. En Buenos Aires se llaman shoppings, porque eso es lo que son, unos espacios dedicados a la venta y al consumo, con un amplio y diferente concepto de mercado y del ocio que nos viene dado de importación. Y eso parece conllevar una determinada relación con la ciudad y un tipo muy concreto de "arquitectura". Que había y hay otras posibilidades, está claro. Y por cierto, se me olvidaba deciros que el shopping de Punta Carretas es directamente la reforma de una cárcel de Montevideo... ¡Mirá vos!.