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BASILEA OTRA VEZ: LA FUNDACION BEYELER Y RENZO PIANO
por Jesús Pascual


Nuevamente he tenido la oportunidad de volver a Basilea compartiendo viaje con amigos que, a diferencia del viaje del COAR de Septiembre pasado, no eran arquitectos. El interés de mis amigos giraba en torno al mundo del arte, especialmente de la pintura y por ello, se trataba de un viaje turístico para conocer Basilea y las grandes colecciones de sus museos.

El denso y enriquecedor viaje del Colegio nos dejó con la miel en los labios por la imposibilidad de cubrir todos los objetivos, por lo que esta nueva oportunidad nos iba a permitir completar aquella visión tan apresurada de esta, no grande pero si gran, ciudad que es Basilea.

Me resultaba especialmente atractivo poder visitar con tranquilidad el museo de la fundación Beyeler, de Renzo Piano, y también el Museo Liner en Appenzell de Gigon y Guyer (Elcroquis 102). No quería dejar de darme una vuelta por el flamante estadio San Jacob, sede del Basilea C.F. (Herzog & De Meuron) y poder apreciar esa nueva e inteligente forma de entender la explotación del tradicional vacío espacial del trasdós del graderío con la convivencia en él de diferentes usos. En este caso, llama la atención el hecho de que el propio estadio es, a su vez, una residencia de la tercera edad, además de centro comercial; bajo el terreno de juego vacías plantas de aparcamiento, etc.

Así que nos plantamos allí y nos centramos en el primer objetivo, y motivo fundamental de esta columna, que es el Museo de la Fundación Beyeler.

¡Qué gran tipo tenía que ser este marchante!. Su actividad comercial en el mundo del arte no le impidió quedarse con una importantísima colección de arte contemporáneo y, además mimarla de la manera que lo ha hecho. La dotó de su propio Museo. Un marco, además, de gran calidad. Renzo Piano, que fué su arquitecto, nos ha ofrecido un recinto tan sobrio y refinado, que su visita se convierte en un paseo delicioso como pocos. A mi juicio, para nosotros (los arquitectos) que podemos interpretar un poco más allá de lo que se nos ofrece a la vista es, sobre todo, una gran lección de arquitectura y del manejo de la tecnología de la construcción al servicio de una idea y del espacio.

Se supone que en la concepción de un museo de arte, constituye una obsesión la dotación de luz natural. Bueno, pues en este caso, la resolución de este problema está, tan radical y limpiamente resuelta que asombra por su aparente sencillez. Todo el techo interior y, a la vez, toda la cubierta es un entramado poblado de vidrio, lo cual dota a toda la planta del museo (prácticamente es de una única planta) de una luminosidad única y envidiable por su neutralidad. Nos ofrece una luz uniforme y constante en todos los planos verticales de cada una de las salas, de tal manera que al visitante arquitecto, inmediatamente le hace suponer que allí hay mucha más complejidad de lo que parece.

El impresionante lienzo, de 10 m. de longitud, con "Los Nenúfares" de Monet se presenta imponente en ese espacio tan diáfano y con esa luz tan maravillosa. La expresiva y colorista abstracción de varios Rothko se disfruta allí como en ningún otro lugar y la plástica de las esculturas de Rodin o Giacometti las puedes apreciar de manera verdaderamente única. No hay sombras, ni más o menos luz, ni más aquí que allí. Todo es neutro, el nivel lumínico constante y el blanco de las paredes el mismo en todas ellas.

El sistema que Renzo Piano instrumentó para obtener este espléndido resultado no es cualquier cosa. La alargada caja paralepipédica que constituye el museo Beyeler (www.beyeler.com) está cerrada en sus dos lados más largos por dos sobrios muros aplacados por una piedra roja sedimentaria cuya áspera textura le permite encontrarse con naturalidad con el terreno. Sobre estos dos muros se apoya un entramado de perfilería metálica de doble hoja, constituyendo un cajón conformado por la placa de la cubierta exterior y la placa o techo interior. Entre ambas, todo el sistema de climatización e iluminación artificial oculta, para la noche. Complementariamente a todo ello un sistema de lamas móviles regula y tamiza la luz directa del sol consiguiendo un luminoso, y amable ambiente sin hacer ninguna ostentación del importante despliegue tecnológico que hay detrás.

Como os decía, una interesante lección de Renzo Piano.