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EL PETROGLIFO DISCRETO

Valle del Colca. Cerca de Arequipa (Perú). Civilización preincaica desconocida

Jesús López Araquistain


El cañón del Colca pasa por ser el abismo más profundo del planeta: 3.500 metros separan el río del borde superior en alguno de sus tramos. Durante las cinco horas que dura el trayecto desde Arequipa los viajeros encontrarán manadas de vicuñas y guanacos, muy abundantes en la zona, y con suerte contemplarán el vuelo de algún cóndor solitario. La excursión puede que pase por la carretera que recorre a media ladera uno de los muchos valles de la zona. Habrá una parada, aparentemente para estirar las piernas, pero el guía llamará la atención sobre la ladera opuesta. Los campos se suceden escalonados, apurando al máximo el terreno cultivable, una de esas felices conjunciones de la actividad humana y el paisaje natural: el valle del Leza a la enésima potencia. ¿Surgirá la pregunta: quién realizó ese trabajo? El guía asegurará que cuando llegaron los incas ya estaba hecho. No olvidemos que ellos fueron el último eslabón de una larga cadena de culturas, y los waris o los collaguas, que los precedieron, pudieron ser sus autores.

Pero lo realmente sorprendente está en a pocos pasos de la parada. Una gran piedra, plana en su cara superior, tiene claramente grabada sobre su lomo una versión esquemática de los campos del otro lado; petroglifo y terrazas son de la misma época. ¿Qué sentido tiene esto? la explicación se nos escapa; el petroglifo, discreto, elude dar una respuesta. Podemos elaborar distintas suposiciones: la más atractiva sería que el grabado fuera anterior a la obra. En ese caso los viajeros estarían, ni más ni menos, que ante el ejemplar de proyecto más antiguo del mundo. Casi vemos al arquitecto grabando su plano - idea y dirigiendo desde ese atril la marcha de las obras. (evidentemente nos encantan las historias con protagonistas arquitectos). Pero con la misma facilidad podemos elaborar la suposición contraria; el petroglifo es posterior a la obra, y su autor un artista que elabora, del natural, un paisaje, quizás también el más antiguo conocido.

Si estos dos planteamientos básicos los entrecruzamos con motivos religiosos (una figura votiva, que traerá la prosperidad a las cosechas), económicos (un catastro) conmemorativos (el recuerdo para las generaciones futuras de quienes hicieron la obra), nos resultará un bonito ramillete de hipótesis, todas ellas indemostrables; lo único cierto es que existe una relación entre la piedra y la obra de la vertiente opuesta. Pero ¿cuál fue el modelo de cuál? El petroglifo sigue eludiendo la contestación, y los viajeros tendrán nuevas preocupaciones. Hay que continuar el viaje y enfrentarse a un collado de 4.800 metros, altura más que suficiente para que le de el soroche al más bragado.