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RETORNO A POSIDONIA
Pepe Garrido

Hace algo más de cinco años hice un viaje, como los románticos, en busca de las ruinas de la arquitectura griega, en busca del orden y del mito. Solo que, paradójicamente, tanto por proximidad, como por la calidad de las mismas el destino no fue la actual Grecia, sino la actual Italia, antes parte de la Magna Grecia, y en concreto a lo que conocemos como Paestum, antigua Posidonia.

Cierto que el objeto del viaje no eran únicamente los restos griegos, que si no hubiese sido un enorme fracaso. Los monumentos más importantes, los templos de Hera (Juno) y Poseidon (Neptuno) estaban forrados por andamiajes de restauradores, y no fue posible gozar ni tan siquiera de su vista, ya que las veladuras de las redes y toldos que los ocultaban eran tan tupidas que apenas se adivinaba el volumen de los edificios.

Así que de nuevo, y esta vez con viajes COAR, repetí la ruta iniciática pendiente. Y en esta ocasión, sin andamios de por medio pude tener un "vis à vis", casi mejor "menage à trois", con ambas piezas.

La contemplación reposada de ambas, en un día de sol espléndido me permitió constatar la decisiva influencia de la luz en este tipo de arquitectura mediterránea, su vibración en las acanaladuras de los fustes, el juego de luces y sombras que en cada elemento tenía lugar, la definición de los volúmenes mediante el baño degradado que tiene lugar en las formas curvas.

También pude apreciar cómo el mayor y mejor conservado de ambos, el de Poseidón, en el "vis à vis" que mantiene con su vecino y más arcaico, el de Hera (erróneamente la Basílica), gracias a su posición en la planta de la ciudad nunca queda oculto, tanto por delante desde la vía Sacra, como desde la parte posterior, en un claro intento de sobresalir sobre la preexistencia. Siendo interesante y atractiva para su estudio, sin embargo no fue la anterior apreciación la que me interesó más en la visita. Un dato numérico en cualquier guía o libro de arquitectura da la clave. El templo de Hera tiene una planta de 24,50 x 54,30 en metros, y de 9 x 18 en columnas. Y esto ¿en qué se traduce?

Pues en que NUEVE es número impar, lo que implica que el número de intercolumnios es PAR, ocho, y que por tanto, el eje principal del edificio lo ocupa una columna, no un vano. ¡¡El triunfo de la columna!! (Recordemos que el frontis del Partenón se apoya en OCHO columnas).

El templo de Hera es un ejemplo de heterodoxia más para añadir a la lista de piezas cuyo atractivo reside en el incumplimiento de la norma: como la Ermita de San Baudilio, en Berlanga de Duero; como la Finska Kirkan, en Gamla Stan de Estocolmo; o como la iglesia de los Jacobinos en Toulouse. Evidenciando que la heterodoxia, o herejía si se prefiere, nada tienen que ver con el credo de cada lugar, sino con la propia condición humana, con la idiosincrasia de cada autor.

Después todo llega en cascada y en consecuencia. La cella es doble, dividida en dos por una hilera central de columnas, y tiene dos puertas en su frente, no una. La deidad a la que se consagró debiera haber ocupado el eje de la cella, que sin embargo está ocupado por los soportes ¿Tuvo que ceder su plaza Hera a una columna y quedar ladeada por la potencia de la Arquitectura? ¿Habrá sido la Arquitectura la auténtica diosa de este templo? O por el contrario, ¿Admitió el templo en su cella a dos deidades, repartiéndosela a partes iguales?

Los historiadores insisten en citar un solo dios en relación con el templo (Hera). Yo en mi "vis à vis" con él no quedo seguro de que estén en lo cierto. Tampoco de lo contrario.

En territorios tan relacionados con mitos, dioses y leyendas todo el imaginario me está permitido. Quizá en un próximo "vis à vis" con Hera me sea revelada la verdad. Y ahora que me doy cuenta… ¿no debiera haber titulado este artículo "VIS à VIS"?