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LA PIRAMIDE
Juan Diez del Corral

Sería bueno que nuestro Colegio de Arquitectos dejara claro que las luchas por la conservación de ciertos edificios de nuestra región en las que empezamos a ser referencia obligada en los medios de comunicación, no las hace como expresión de nostalgia humana o de apego a los materiales de la historia sino que interviene en ellas en defensa de la arquitectura y de la salud urbana.

El primer argumento (el de la defensa de la arquitectura) es siempre peligroso porque si tratamos de evitar la sustitución de cualquier arquitectura antigua, -tanto da que sea la de un edificio ecléctico que la de un racionalista- por un edificio actual, puede que sea porque mucho nos tememos que la arquitectura que hacemos ahora es muy inferior a la que se hizo en cualquier tiempo anterior, así que dejo ese argumento para más adelante y me ocupo del segundo, el de la salud urbana.

Dícese que la "salud de una sociedad está íntimamente ligada a la forma equilibrada de su pirámide de población y que las alteraciones bruscas del perfil de ésta, están directamente relacionadas con los traumas históricos de aquella. En consecuencia, es tentador proponer que la salud urbana de una ciudad podría también establecerse en función de la pirámide de edad de sus edificios.

Resultaría mucho más claro entender entonces, que la defensa de ciertos edificios, en vez de ser una cuestión nostálgica, histórica o arquitectónica, pasaría a ser algo así como una lucha por la salvaguarda de ciertas capas generacionales de la propia ciudad cuya extinción amenazaría con desequilibrar la forma ideal y equilibrada de la pirámide que representa su buena salud.

Si, por ejemplo, Logroño tuviera un gran déficit de edificios del siglo XVIII, y un gran muestrario de arquitectura del XVI, la desaparición de un solo edificio del siglo ilustrado, por mediocre que fuera, sería mucho más preocupante que el derribo de otro de dos siglos antes, incluso de mejor factura. Y en general, y por analogía con las muertes prematuras, la desaparición de un edificio joven debería de sorprendernos y desazonarnos mucho más que la de uno más caduco.

Otra cosa es que en cada generación pueda haber, obviamente, edificios mejores y peores, o edificios cuya salud permita augurarles una gran longevidad o una vida breve; y también, como no, la de edificios que por ser tan extraordinarios, la sociedad les hubiera condenado a vivir eternamente, es decir, a ser convertidos en piezas de museo de la propia ciudad.

Ahora bien ¿cuánto museo de sí misma puede permitirse una ciudad? -cabe preguntarse-, o ¿pueden la arquitecturas convertirse en museos de sí mismas cuando el tiempo o las rehabilitaciones les alteran esencialmente sus funciones?

Dado que los debates sobre las demoliciones se van haciendo pieza a pieza, el conservacionismo tiene todas las de perder, porque puestos a comparar arquitecturas con otras de su generación o con piezas similares de otras ciudades, no hay edificio capaz de resistir las presiones de esa nueva fuerza o alma urbana emergente que es el dinero especulativo.

Por las propias connotaciones de la palabra elegida, el convenio que negocian entre el Colegio de Arquitectos y el Ayuntamiento de Logroño para la elaboración de un "catálogo" de edificios a proteger, parece ir en la línea de la creación de un "museo de la arquitectura de Logroño", que consiguiese al fin dejar las manos libres al dinero en el uso de la piqueta para todo el resto de la población edilicia.

Sucedería entonces que la ciudad dejaría de ser un conjunto armónico y saludable de generaciones de edificios vivos para convertirse en una bolsa de solares y un museo.

Y sucedería también o ya sucede (y aquí retomo el argumento arquitectónico) que la arquitectura sería sólo esa cosa que hacen las estrellas del espectáculo mediático a mayor gloria y abundancia de los museos y de periódicos, y no el ejercicio nuestro de cada día en el tablero o en la obra.

Por eso digo, que sería conveniente que el Colegio dejara claro cuál de las dos líneas defiende en sus luchas: si la del museo de arquitecturas o la de la pirámide de la salud urbana.