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BOHIGAS
Juan Diez del Corral

Estuvo muy bien Bohigas en las últimas jornadas del Patrimonio dando leña a la religión que se ha montado en torno a su defensa. El agnosticismo es siempre oxigenante y por ello, el respetable lo agradeció con más risas y aplausos que convicción; pues... si de posicionamiento ideológico se tratara, alguien medianamente atento me hubiera recordado con algún tipo de guiño aquel artículo que publiqué en el diario local titulado "¿Patrimonio? no, gracias", en el que, a propósito de una polémica concreta, mostraba ya a contracorriente mi falta de fe en el asunto.

Lo que ya no estuvo tan bien fueron sus argumentos porque no sólo resultaron torpes y hasta grotescos sino incluso contradictorios con la actitud iconoclasta. Y es que, lo peor que se puede hacer al dar palos a una religión es proclamar otra.

Tras enunciar su posición personal en contra de la "defensa del patrimonio", Bohigas dio un salto al vacío y se refirió al edificio de los Maristas -piedra de toque de los debates patrimoniales riojanos del momento-, diciendo que era vomitivo y que le parecía una mierda. Al vacío, digo, porque equivocó el culo con las témporas.

Y es que una cosa es el edificio y otra muy distinta, sacralizarlo dentro del círculo de la defensa del patrimonio. Como arquitectura, el colegio de los Maristas es seguramente de una calidad arquitectónica muy superior a la mayor parte de las escuelas que ha proyectado y construido Oriol Bohigas, (que seguramente ya estarán, o estarán pronto, dentro del patrimonio protegido catalán). Lo cual no quita para que el deseo de hacer del colegio de los Maristas un objeto de culto, sea una insensatez más de la secta.

Pero con todo, lo peor no fue equivocar la calidad del edificio con su sacralización, sino la manera con que Bohigas quiso llenar su salto al vacío o, dicho en general, ese insoportable vacío que deja toda religión apaleada: "Bueno, claro, ya sé que si se tira Maristas, lo que se vaya a construir en su solar será peor, porque los arquitectos de ahora, excepto esos pocos que salen en las revistas, son malísimos y no hacen más que desastres y calamidades".

Está claro que la religión con que Bohigas quiere llenar el hueco de la apaleada religión de la Defensa del Patrimonio es esa otra que periódica y machaconamente se predica en las Revistas de Arquitectura en torno a un "esteticismo" de líneas rectas y quebradas que llaman arquitectura moderna y que tiene mucho más de escultura a gran escala que de la disciplina vitrubiana.

Por apalear un poco a esa religión de los Galianos, Marqueses y Lévenes en la que Bohigas es uno de los popes más venerables (casi un Woytila) diré que la arquitectura es justamente lo contrario de lo que él dice: esto es, que la arquitectura es eso que hacen todos los arquitectos más modestos todos los días en su trabajo y que lo que sale en las revistas del papel couché no es más que el espectáculo mediático de unos santones cuya religión es tan cargante o más que la de la Defensa del Patrimonio.

Y para muestra, los dos botones que siguieron a la ponencia de Bohigas. Tanto en el frente de Toledo, como en el de Oporto, arquitectura es todo aquello hecho por gentes sin renombre que a lo largo del tiempo han ido configurando un ambiente amable y urbano, como la sencilla muralla, la mediocre diputación, el terraplén de rellenos, etc., en Toledo; o las casas de tejas rojas y paramentos blancos, el ascensor, el arco del túnel, o hasta las "discutibles" casas de imitación en Oporto. E insoportables esculturas de autor son esas otras cosas que, a la postre, los acólitos de la religión de la Defensa del Patrimonio traen a sus Jornadas, bien para lavar su conciencia conservadora o, más bien, para tratar de superar inútilmente el cisma entre la una y la otra. Esas cosas que.., según dijo Bohigas para rubricar su intervención, le parecía que salvaban las Jornadas.