01 Exposiciones
02 Actividades y Cursos
03 Noticias
04 elhAll
05 Enlaces de Interés
04 hasta la Cocina___14

MILÁN Y NÁPOLES. VIAJE COAR 2003

El álbum de fotos y los comentarios de los viajeros, hacen de los viajes colectivos de arquitectura del COAR un punto de referencia en nuestra pequeña memoria colegial. Y así como el hC2 lo dedicamos al viaje a Suiza 2002, este hC14 lo vamos a rellenar también de las muchas imágenes y los pocos, pero sabrosos comentarios, que nos regalan los viajeros.

Los saltos temáticos son notorios. Empezamos el viaje por Milán y un edificio muy duro del rossianismo consagrado: la unidad residencial en Vialba, de la que el chófer milanés nos dijo que "no era muy recomendable de noche..."

Luego fuimos al cercano y viejo Gallaratese de Rossi y Aymonino, y nos lo encontramos cercado y cerrado para que los arquitectos turistas de la "arquitectura en la ciudad" no molestasen a los vecinos. Por suerte pudimos entrar, y a la vista del contraste entre la calle muerta que separa los dos bloques de viviendas, y el bullicio del mercadillo exterior, parecía que la ciudad se había quedado una vez más... fuera de la arquitectura.

Ya en el centro de Milán vimos, entre otras muchas cosas, la buena salud de la Torre Velasca que pronto cumplirá cincuenta años, la atemporalidad de las loggias de Portaluppi en la plaza del Duomo, la restauración de las cubiertas de la catedral con su apertura al público como gran espacio de contemplación (foto de José Antonio Fernández), y el anodino forro de granito y carpinterías metálicas que le han plantado al edificio años cincuenta de Lingeri quitándole toda su gracia, su fuerza y su tiempo.

Enlazando Milán con Nápoles, Pepe Garrido escribe un breve comentario sobre sus dos grandes galerías comerciales cubiertas, la Victor Manuel y la Umberto I, con fotos de Teresa Diez del Corral y Jesús López Araquistain.

El esplendor de las ruinas de Herculano, Pompeia y Paestum nos ocuparon en los siguientes días, y Noemí Grijalba se detiene en el foro de Pompeia, con el Vesubio al fondo, y nos manda una foto y un comentario.

Al fin en Nápoles, Jesús López Araquistain se sube a la Cartuja para mostrarnos sus lujos, María Angeles Ezquerro prefiere el callejeo sin comentarios por la vitalidad del centro, y Javier del Amo, desde la azotea de nuestro Hotel, nos descubre el poderío de la arquitectura del fascio.

La visita a Capri nos permite finalmente hacernos la foto del grupo, ver la acrobática ubicación de la casa de Libera, y descubrir en los famosos peñascos de la isla que la naturaleza es tanto más hermosa cuanto más se parece a la arquitectura.

Pero en un viaje siempre se queda uno sin ver muchas cosas, así que Giovanni Muzzio se encarga de decirnos lo que nos hemos dejado de ver, entre otras cosas, para que volvamos.

jdc


[Pulse para ampliar]

OTOÑO EN ITALIA

Si el año pasado hicimos un viaje a la modernidad, "minimalismo helvético", éste correspondía a la antigüedad reciente, "Rossi", y la remota, "Nápoli".

Pero el presente logroñés está impregnado de las dudas, temores y lamentos de los comerciantes ciudadanos, porque en la periferia urbana están a punto de proliferar los centros comerciales que amenazan sus economías familiares y sus estructuras de-toda-la-vida.

¿Qué hay de común entre Milán y Nápoles? y al mismo tiempo ¿qué las hace diferentes de nuestro Logroño comercial? Sin duda que sus galerías comerciales: la gallería Vittorio Emanuele II, en la primera, y la Umberto, en la segunda.

Ambas muy similares: con planta de cruz, cubiertas por bóvedas acristaladas, constituyéndose en calles peatonales cubiertas, bien ventiladas e iluminadas por medios naturales, con sus fachadas interiores de empaque, con sus generosas dimensiones, con sus nobles materiales, con sus estructuras metálicas pioneras y con su ejemplar inserción en la trama viaria ciudadana. Comunicando hitos locales de interés, para garantizar el éxito de su propuesta: el Duomo con la Escala, en Milán, o el San Carlo con la Via Toledo, en Nápoles.

Nada que ver con nuestra realidad de pasajes comerciales, que sólo pretendieron maximizar la rentabilidad de los bajos en inmuebles de excesivo fondo edificado; con las áreas peatonalizadas, que supusieron una ruptura y reducción de la trama viaria ciudadana y su consiguiente repercusión en el tráfico rodado; y finalmente, nada que ver con las "grandes superficies" o shoping centers, que dicen los que desconocen las raíces latinas de nuestro idioma, y que con el tiempo conseguirán la disgregación definitiva de nuestra ciudad.

El centro se muere ¡¡Viva la periferia!!

pepe garrido
  

Situado en el cruce de las dos principales calles de Pompeya, la de la Abundancia y la de Mercurio, el FORO se muestra espectacular. Era la plaza principal de la ciudad, (¿el Espolón?) y por eso en ella estaba prohibida la circulación de carros. Rodeada de espléndidos edificios públicos, religiosos, políticos y económicos: el templo de Júpiter al fondo, la basílica, el comicio, el templo de Apolo a la izquierda, el macellum, el edificio de Eumaquia, el santuario de los lares públicos, el templo de Vespasiano, diferentes edificios administrativos, el foro olitorio... Pasearlo me hizo sentir la ciudad en estado puro, el espacio público generoso dimensionado para ser disfrutado por sus ciudadanos. Claro está que el Vesubio, hizo su aparición en el paisaje, y ahí se ha quedado… vigilando.

noemí grijalba

   
LUJO CARTUJO

Si Nápoles es una ciudad llena de contrastes (y ese es su mayor encanto) pocos como el que forman la cartuja de San Martín y la propia ciudad. Desde muchos puntos de ésta puede verse el edificio, encaramado en lo alto de la colina, junto al castillo de San Telmo. A pesar de su proximidad, su inmensa masa blanca se percibe como algo distante, totalmente ajeno al bullicio diario, más emparentado con un monasterio tibetano en las laderas del Himalaya que con el caos de la bahía más bella del mundo. Al fin y al cabo los discípulos de san Bruno fueron expertos en encontrar lugares retirados, y pensaron que Montesanto lo era, aunque no podían ignorar que el mundanal ruido subiría hasta los muros de su casa. Tolerancia comprensible, pues ¿quién se resistiría a vistas tan espectaculares?

Las vistas debieron hacer efecto en los monjes a lo largo de los siglos. La austera implantación original, gótica, evolucionó hasta el impresionante complejo actual, suma de actuaciones sucesivas desde finales del XVI. Domina el barroco, ese estilo que tanta veces nos aburre con sus intentos de impresionar, pero que aquí consigue plenamente sus objetivos. El visitante se deja llevar por el edificio, comenzando por la iglesia, siguiendo con el eje transversal de la sacristía y el refectorio, pasando a los claustros, bajando a los aposentos del prior... en ese devenir se va entregando sin resistencia al puro lujo que emanan los mármoles y las piedras de color trabajadas en taracea (especialidad napolitana), a una sensación de plenitud atribuible al coro de artistas y artesanos que aquí trabajaron, sin una nota discordante. El contrapeso a esta percepción sensual, epidérmica, lo pone el rigor geométrico del conjunto, la ingeniosa disposición de ejes que enlazan las diferentes piezas dentro de una planta compacta. La impresión final es, por tanto, de equilibrio, lejos del delirio de otras piezas de la época.

Los cartujos, a diferencia de otras órdenes, se organizan como eremitas en celdas individuales, con las más severas reglas de silencio y austeridad. Que todo este lujo estuviera al servicio de una orden tan austera y cerrada al mundo como la de san Bruno resulta sorprendente a nuestros ojos. No faltan los detalles escatológicos (también tan napolitanos) repartidos por todo el convento, imagino que para aliviar la mala conciencia de los monjes, recordando las postrimerías. El más notable lo constituye la cerca del cementerio, en el claustro grande, con sus calaveras de mármol coronadas de laurel. Sic transit gloria mundi.

jesús lópez araquistain
  

NÁPOLES Y SUS CALLES

En un casco viejo ¡ tan maravillosamente viejo! lo que más me impresionó fueron sus calles y la vida que se respiraba en ellas. Todos nos contagiamos y ahí estamos "los riojanos" viviendo la calle.

maría ángeles ezquerro
  

Al llegar al hotel Jolly, Juan nos propuso subir a la última planta / la curiosidad nos llevó a la terraza una planta mas arriba / nos habían dejado abierto el cielo,

salimos deprisa a la terraza a jugar,.../ a jugar con la vista, con la sensación de altura, con las cámaras de fotos y sobre todo a disfrutar de la ciudad,

vimos desde las alturas la manta edificatoria que cubre las colinas y los montes napolitanos, / vimos abajo el Castillo Nuevo, el puerto con la salida de los ferrys, el Palacio Real, la plaza del Plebiscito,.../ arriba el Castillo de San Telmo, / abajo el convento de Santa Clara..., y en el medio, la plaza con el edificio de Correos, el de los jubilados...

Todo el caos del centro de Napoles quedó ordenado en el edificio de Correos,

desde la masa marmórea exterior al expresionismo interior, / desde los espacios silenciosamente vacios / a la iluminacion escondida en los paramentos,/ nos hizo quedarnos en silencio en este caso,

¿disfrutando de nuestro interior?...

javier del amo
  

Considerado que al Director de elhAll y organizador del viaje le gusta la crítica, y se siente solo practicándola, me he decidido a hacerle compañía y en vez de escribir sobre un edificio que hayamos visto en el viaje lo hago sobre tres que no hemos visto, todos son viviendas.

El primero no lo vimos en Milán y es la "Casa Rustici" (1933-1935) de Giuseppe Terragni y Pietro Lingeri. Está en Corso Sempione nº 36 (datos recogidos de una guía de arquitectura moderna de Milán de los autores Grandi y Pracchi), calle por la cual hemos pasado dos veces. Ver como un autobús cargado de arquitectos pasaba delante de su fachada principal sin ninguna reacción, ha sido la confirmación de que el disfrute de la arquitectura, por lo menos de la racionalista, está fundado en el conocimiento y no en la percepción.

Los otros dos no los vimos en Nápoles. Estaban en la periferia, un poco a desmano, pero uno cerca del otro y habría merecido la pena. Uno quizá el más prescindible es de Franco Purini y Laura Thermes entre otros, y es el "núcleo residenziale" de via della Bontà, en la "Marianella" (1982-1988) y habría completado la perplejidad que suscitó la visita de las obras de Rossi en Milán.

Pero el otro nos habría recordado porqué éste se hizo tan famoso: las "unitá di abitazione 'Le Vele'" (1962-1975) en el "Comprensorio 167" de "Secondigliano", son una recuperación de la unidad de habitación de Le Corbusier en una versión italiana y napolitana de los "gran ensambles" franceses y parisinos. El resultado es lo más parecido a los edificios de la ciudad de Blade Runers que conozco (indirectamente claro). Finalmente en el 1995 se decidió derribar dos de los siete edificios y transformar y cambiar de uso a los que quedaban (datos recogidos de una guía con itinerarios de arquitectura moderna de Napoles).

Dos ejemplos del explicable desplome de la arquitectura italiana en los años ochenta. Como foto elegiría una cualquiera de la ciudad de Nápoles, que todo lo soporta, pero mejor ir vosotros a verla, el viaje merece la pena.

giovanni muzio