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SEXO, ARQUITECTURA Y...
Juan Diez del Corral

Mi afición a la arquitectura y al sexo, o más bien a la belleza que puede aletear en la una y lo otro, me llevan a curiosear todo tipo de libros sobre ello y hasta a establecer relaciones entre ambas materias, o como diría el otro, entre ambas "disciplinas".

Dado el escándalo que suscitó el libro "Todas putas" de Hernán Migoya, le he echado este mes un vistazo para cerciorarme una vez más de lo tontos y pacatos que son los políticos socialistas de este país que montan escándalos por estas cosas, y para descubrir que, aunque es un libro, sexual y literariamente, bastante mediocre, siempre tiene, como todo libro, alguna perla interesante o sugerente.

Es el caso de uno de los relatos titulado "A por el mirón". En él se cuenta, con cierta gracia y en primera persona, la experiencia primeriza de un muchacho en una playa nudista, en la que, al deseo de ver por vez primera a muchas mujeres desnudas juntas se une la preocupación lógica de tener una erección y no poder ocultarla, algo que, al parecer, está muy mal visto en ese tipo de sitios y que podría hasta ocasionarle una persecución por mirón.

Por suerte para el protagonista, nada le sucede al establecerse en la playa con un par de amigos tal y como sus madres los trajeron al mundo. Pero animado por el éxito, les propone a sus amigos juntarse para hacerles una foto, y hete aquí que al ver el desnudo de la chica por el visor de la cámara, con la apariencia bidimensional de la fotografía, su miembro eréctil no pudo quedársele quieto y ahí empezaron sus desdichas. Dice el protagonista y narrador que ello era seguramente porque la visión encuadrada y bidimensional del desnudo femenino le devolvía a la excitación que había encontrado en las fotografías de revistas eróticas o pornográficas....; así que al lector y crítico de las revistas de arquitectura se lo pone en bandeja: quien quiera mantener la excitación estética o pornográfica que le producen los edificios de las estrellas de arquitectura publicados por las revistas pornográficas del sector, debe visitarlos siempre con cámara de foto al ristre y verlos por su visor, porque de lo contrario puede encontrarse con una decepción sexual de primera magnitud.

Por suerte nada de eso suele pasar en nuestros viajes COAR de arquitectura porque como se comentaba en el hC2 a propósito del viaje a Suiza, el conductor del autobús pensaba que más que arquitectos parecíamos paparazzis.

Un pensamiento un poco más profundo que el de Migoya sabría adjudicar reacciones humanas diferentes al "ser de las cosas" y a su "representación", de modo que tanto en la arquitectura como en el sexo, asuntos como la seducción o la excitación caerían en el ámbito de lo último, mientras que la contemplación o el deleite pertenecerían al del primero. Y digo esto porque me viene a la memoria el estribillo de un himno acádico referido al hierodulismo de Ur , (cit.por Eduardo Gil Bera en Paisaje con fisuras, ed Pretextos pag 57) que cantaba que "el deleite del sexo es el fundamento de la ciudad". Y me viene porque ha de leerse bien que se trata del deleite y no de la "excitación".
Quienes creen que las revistas actuales de arquitectos llenas de fotos excitantes ayudan al entendimiento (o fundamento) de la arquitectura y de la ciudad deberían aprender algo de este viejo verso y de la historieta de Migoya, no sea que confundan la casa de las tetas, -que trae aquí al lado nuestro colaborador Jesús Ramos-, con las tetas de las casas.



(ilustración tomada de la rev. Playboy ep. 2 n.10)