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JOSE LUIS SERT
por Pepe Garrido

El C.O.A.R. expone, con motivo del centenario de su nacimiento en 1902, una muestra de la obra de José Luis Sert.

Josep Lluis Sert, arquitecto, catalán de Barcelona, estudió en la escuela de su ciudad, donde ya de estudiante y en coherencia con su participación en la protesta contra los métodos académicos de enseñanza, tomó contacto con Le Corbusier, al que invitó a dar algunas conferencias en Barcelona (1927). Al año siguiente, él fue el invitado a colaborar en el taller que el maestro tenía en París.

Junto con otros jóvenes arquitectos, todos impregnados del nuevo modo de hacer arquitectura, participó en la fundación del G.A.T.C.P.A.C., Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea. (1930).
Coincidiendo con la proclamación de la República de 1931 y la Autonomía para Cataluña, ésta adopta como suyas las propuestas del grupo, y son fruto de esa primera época de entusiasmo sus obras más rigurosamente racionalistas: el edificio de viviendas dúplex en la calle Muntaner (1931), la Joyería Roca (1934), la Casa Bloc (1934), y el Dispensario Antituberculoso (1935), todas en Barcelona.

Iniciada la guerra civil, diseña con Luis Lacasa el Pabellón de España para la Exposición de París (1937), que albergará una impresionante colección de arte contemporáneo (el Guernica de Picasso, la fuente de mercurio de Calder y una pintura en gran formato de Miró). A consecuencia del desenlace de la guerra decide exiliarse en Estados Unidos (1939).

Y es a partir de esta fecha, cuando su producción me resulta más interesante. Sé que es menos discutible su producción inicial, más ortodoxa, más racionalista, más revolucionaria. Pero el exilio, sin duda, le trae recuerdos de sus raíces, y aunque seguramente para él también hubiese resultado más cómodo seguir fielmente las reglas del Estilo Internacional, en un entorno americano, menos condicionado dada su joven historia como nación, consigue construir una arquitectura racionalista y mediterránea a la vez.

Tras ser catedrático en Yale, recala en Harvard, donde llegó a ser Dean de la Escuela de Diseño (1952-1969).

Allí, en Harvard (Cambridge-Massachusetts), sólo separado de Boston, por los rios Charles y Mystic, junto a los campus de su universidad y del M.I.T., decidió construir su propia casa en el nº 64 de Francis Av. (1958).

Esta, vista exteriormente es una pieza absolutamente anónima, casi podría pasar por un cercado opaco de la parcela, que renuncia a tener vistas de su entorno y se abre interiormente a una serie de tres patios jardín concatenados, de los que recibe la tenue luz del lugar y en los que consigue perspectivas de más de treinta metros a base de unirlos visualmente con los espacios interiores mediante superficies generosamente acristaladas.
La decisión de aislarse del exterior, no me resulta en nada irracional, conocido el entorno edificado, plagado de casas tradicionales americanas, rancias, compactas y recargadas de ornamentaciones y molduraciones conseguidas con el manejo posicional del excelente ladrillo gresificado del lugar. El apego a la tradición es un hecho explicable, ya que en la bahía del área Boston, fue donde desembarcaron los puritanos del Mayflower en 1620, primeros pobladores europeos que habían emigrado junto a sus costumbres anquilosadas, en disconformidad con la apertura de la iglesia anglicana a corrientes de pensamiento más liberales.

La casa, que por programa no es nada extensa, sin embargo está pensada con la intención de poder exponer la excelente colección de pintura contemporánea (Picasso, Miró, Calder, Leger, Ernst y otros) que gracias a sus buenas relaciones con los vanguardistas plásticos había conseguido. ¿Es fruto de su trabajo con Le Corbusier en París y el seguro conocimiento de la ville La Roche?. De ahí se deriva también la necesidad de amplios acristalamientos y el empleo de huecos altos en la iluminación del salón-comedor, para conseguir una iluminación uniforme e intensa.

La casa es racionalista sin dudar, pero su mérito, el dato que la diferencia del caserío vecino, de otras obras del Estilo Internacional y que la une a su tradición, la tradición mediterránea, es el empleo de la tipología de casa con patio. Su casa puede decirse que es una auténtica domus romana. Observando las plantas y haciendo salvedad de la diferente superficie de ambas, ¿No es análoga la solución de la Casa Sert con la conocidísima Casa del Fauno en Pompeya?.

Tanto en una como en otra, los patios no son sólo un recurso para el saneamiento lumínico de sus interiores, sino una decisión apriorística, que lleva decididamente a la negación del exterior, en beneficio de unos espacios interiores más ricos espacialmente y con una enorme privacidad. La del Fauno ocupa una manzana completa de Pompeya, mientras que la de Sert sólo es medianera en el muro lateral del garaje, con lo se evidencia que su introspección no viene decidida por las condiciones que el parcelario ofrecía.

Al tiempo ayudan a zonificar y organizar las zonas de las casas, y así en la de Sert se distingue claramente el área de accesos, por su frente Oeste, resuelto como un atrio abierto de la zona más pública al patio-claustro central, de planta cuadrada. Los dormitorios, se abren al patio que ocupa el Norte de la parcela, patio a su vez partido mediante plantaciones para distinguir el dominio visual de los dormitorios de los propietarios del resto. Al Este de la parcela, los servicios reciben el acceso desde el garaje, conectan los dormitorios con la zona de día y se abre, también al patio central. Finalmente, el estar-comedor, zonificado en tres ambientes mediante la luz, se abre al patio principal y más amplio, situado entre la casa y la valla que limita la parcela por el Sur; estaba ajardinado, con árboles, y disponía de una zona pavimentada para su utilización como comedor exterior.

La recuerdo vivamente, aunque no sé si es más intensa la vivencia, o el propio sabor de la tortilla de patata que pudimos devorar los estudiantes que hasta allí nos habíamos acercado en 1972, atreviéndonos a llamar a su puerta.