01 Exposiciones
02 Actividades y Cursos
03 Noticias
04 elhAll
05 Enlaces de Interés
04 elhAll___77

NAVIDAD POBRE
por Domingo García-Pozuelo

Así se pronunciaba un conocido del que suscribe, en uno de los pequeños comercios de esta ciudad en estas última navidad. No fue el único; otros lamentaron este diciembre magro, al que calificaban como el peor desde que habían iniciado su actividad comercial, hace ya unos años. Esta situación era previsible y en modo alguno sorprendente, salvo para los que creen en los milagros.

Hace un par de meses en una entrevista (obligada por el cargo) ante la pregunta sobre lo que podría suponer la implantación de dos nuevos hipermercados o centros comerciales, como ahora se les llama, respondí con incredulidad sobre su beneficio para la ciudad. Y alegué que eso que se llama la cesta de la compra, en la que incluía yo, el conjunto de gastos que una familia hace mensualmente en diversos conceptos: comida, ropa, libros, música, electrodomésticos, etc., no podía dar tanto de sí, y que en todo caso, sería repartida entre tantos centros, que nada bueno podía esperarse de esta situación en puertas de ser creada.

Las multinacionales o grandes grupos que gestionan el capital de estas actividades comerciales, es evidente que no son tontos. Les pagan para hacer negocio, y si en ello se llevan por delante a otros, tanto mejor. En esta sociedad mercantilizada hasta extremos insospechados, no caben sensiblerías sobre las consecuencias que para otro sector del mismo ramo, suponga la apertura de un competidor tan fuerte. Al contrario, tal vez pretendan cargarse a unos cuantos para mejorar sus cuentas de resultados.

Esta modalidad de vender y comprar, nada tiene que ver con la forma de sociedad que hemos conocido durante tantos siglos en Europa. Esta forma de entender la vida es ajena a ciudades que se han generado durante siglos, asentándose en un desarrollo histórico, y donde el callejear tiene un valor que añade disfrute y comodidad al gasto. Fomenta las relaciones sociales y atribuye al ciudadano una distracción más acorde con su carácter, ya que lo identifica con lugares comunes, con ámbitos que son parte de su pasado, es decir, con su ciudad, con el lugar donde se desarrolla su vida. En suma, es una forma de comerciar que corresponde a países donde existen ciudades reales, sin cartón piedra que disfrace escenarios ficticios, ni que sugieran engaños.

Aquí seguimos por lo que parece, en esa aldeana imitación de otros ámbitos, y en aras de no dejar que se marche a una provincia limítrofe nuestro pecunio, se implanta de manera bárbara otro macro centro y por si era poco, en una ubicación errónea, que colmata una vía recién reformada y que deja al centro y al ensanche desierto, empobrecido no sólo de recursos, sino de vida, de futuro. (Sólo nos queda que trasladen Hacienda y los juzgados).

Confiemos en que la moda pase de este punto tan álgido, pero el daño a la ciudad ya está creado y el cáncer infiltrado. Confiemos en un milagro, por ejemplo que el Corte Inglés haga en el Espolón (o en Maristas) un gran almacén que regenere el tejido, revalorice el centro y recuperemos el ir a pié de compras, por la ciudad, por sus calles, por sus barrios.