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04 elhAll___77

DEL DIRECTOR
por Juan Diez del Corral

Dado que la religión del Arte no tiene un santoral ligado al calendario anual, los obispos y predicadores de esta secta han tomado por costumbre echar mano de los aniversarios y centenarios de los Artistas con la beata intención de recordarnos sus vidas y milagros para que, como en toda adoración, se les glorifique para la vida eterna y sirvan de ejemplo para nuestra propia salvación.

Este tipo de ceremoniales conlleva un trabajo de preparación de exposiciones y conferencias, divulgación de notas de prensa y publicidad, con que el que se nos tiene entretenido a buen número de funcionarios de conserjerías, departamentos universitarios, profesores, estudiantes y hasta vocales de cultura de los Colegios, y que finalmente no lleva sino a repetir una serie de jaculatorias escritas tiempo ha, en los catecismos de la secta.

Y así, la muestra preparada por la Universidad de Valladolid y el Colegio de Arquitectos de Castilla y León Este en el 2002 sobre el centenario de Barragán, Breuer, Jacobsen y Sert, ha llegado a nuestro Colegio en forma de cuatro retablos, cuyo desorden expositivo y palabrerío hueco y aleatorio (fotos variadas de "texturas" "transparencias" "escala doméstica" "abstracción" y "paisaje" junto a frasecitas de aquí y de allá, totum revolutum) llevan a pensar que, lejos de causar debates, aumentar nuestra experiencia y aprendizaje, o remover conciencias, de lo que se trata es de celebrar un aburrido rito más de la religión susodicha.

Pero como la alegría de la irreverencia puede saltar por donde menos te lo esperas, hete aquí que los cuatro retablos de quienes se habían distinguido en vida y obra por su racionalidad y ortogonalidad, van y los colocan todos torcidos y en diagonal como si el maligno espíritu de la forma del ayuntamiento de esta ciudad quisiera que todo se acomodara a sus líneas quebradas en vez de a los racionales ejes de la sempiterna trama urbana. Cuando estas cosas pasan no sabes si reírte o echarte a llorar, si es mejor dejarlos así para que alguien se pueda divertir con la irreverencia, o lamentar la falta de coherencia interna.

Amén de los retablos mencionados, y por la parte de atrás de los mismos, se malpresentaba en la susodicha exposición algo así como un trabajo de escuela en el que algún profesor cuya responsabilidad se omitía, había seleccionado unas cuantas casas de cada uno de los santos y había ordenado hacer unas maquetas de las mismas bajo la archisabida advocación de que la arquitectura moderna entra por la casa. Las maquetas eran monócromas (muy oportuno para contar la arquitectura de Barragán, por ejemplo), estaban metidas en unas urnas inaccesibles, y carecían de escala, así que no valían ni para un estudio comparativo entre las dimensiones de unas y otras. Por lo demás, hay que ser muy miope para meter en el mismo saco al triste palacio de Barragán con los ilusionados prototipos veraniegos o suburbanos de Sert y de Breuer...

Pero en fin, como elhAll es un medio de comunicación positivo, y no quisiera yo por nada del mundo que se uniese al bostezo de la misa o se quedase en la irreverencia de la crítica, me dije que como además de santos, esos cuatro personajes fueron seres humanos y arquitectos como nosotros, quizás alguno de nosotros podría contar algo nuevo y distinto a través de su experiencia personal o de su contacto directo con la obra, para enriquecer así el acerbo cultural de la exposición (qué bonita que me ha quedado esa frase), y humanizarla un poco, bajando a los santos del retablo... aunque, -perdonadme el excursus-, quizás como más se humanice es con la mismísima adoración, porque ya no sé si no hay nada más humano que la propia adoración a los santos....

Mientras deambulaba por entre los retablos una mañana para hacer unas fotos conmemorativas y de presentación, acertaron a pasar por allí Pepe Garrido y José Miguel León; les hice la propuesta y con su habitual generosidad aceptaron de inmediato escribir cada uno una página del hC. La invitación a Gaspar Aragón se la hice por teléfono acordándome del embeleso que en el día de la exposición le causaba el panel de Barragán, y la aceptó igualmente sin pestañear con ese mismo talante positivo que él siempre tiene y que esta publicación predica. Por último, visto lo visto en la conferencia que el profesor de la Escuela de Valladolid Eusebio Alonso dio en el Colegio, yo me elegí contar algo de Marcel Breuer, por aquello de retarme a mí mismo a mejorar los habituales niveles de comunicación respecto a la arquitectura. El resultado ahí está, en el cuadernillo central de este mes.

Respecto al elhAll sigo diciendo que cada mes me cuesta más rellenar sus páginas con colaboraciones espontáneas. Hablando de ello con el Decano al acabar la última comisión de cultura, me decía Domingo con añoranza que quién hubiera tenido una publicación como elhAll hace treinta años, con las ganas que teníamos todos de escribir para hacer oír nuestra voz. ¿Qué nos pasa ahora? ¿No hay ganas de decir nada? ¿Ha caído la escritura tan en descrédito que comunicarse por escrito para participar en la vida pública es una pérdida de tiempo y una actividad ridícula?

Decía desanimado hace unos cuantos "joles" que la publicidad ha absorbido lo público y aniquilado así la escritura, pero jol a jol, y aquí tenemos ya el 77, algunos valientes siguen animados a resistir. Para ellos todo mi aprecio.