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SUTIL PERFIL
por Pepe Garrido

Esto es muy reciente.
1. Compareciendo en un juzgado para hacer aclaraciones sobre un dictamen pericial mío, uno de los abogados me preguntaba que cómo había podido apreciar el ¿desnivel? de los pilares, no habiendo tomado ninguna medida para corroborarlo. Tras corregirle su confusión entre desnivel y desplome, le contesté que era apreciable a simple vista, y que no siempre es necesario tomar medidas, porque siempre hay líneas de referencia que ayudan a detectar el error, o herramientas de auxilio como la plomada, pero que para haber recurrido a ella tendría que haber sido un caso dudoso, no como el que nos ocupaba, que era claro, que era evidente.

2. Algo más que la vista les falló a los ingenieros centroeuropeos, alemanes y suizos, que se encargaron de proyectar un puente sobre el Rhin, entre ambos países, repartiéndose el trabajo a partes iguales, de modo que los germanos proyectaron el medio puente con apoyo en territorio alemán y los relojeros la otra mitad, con apoyo en la confederación helvética.

No se les pasó por alto que debían encontrarse, más que nada para que el puente fuese útil, que el nivel de referencia no es el mismo para ambas partes del río, ya que para los alemanes su cota cero se refiere al mar del Norte y para los suizos, creo que al Mediterráneo, y que ambas referencias tienen un desnivel de 27 cm., ya se sabe… la evaporación, las mareas o su ausencia, la rotación terrestre.

El caso es que llegando al punto de encuentro, se encontraron con un escalón de 54 cm. Los suizos, precisión relojera manda, en lugar de corregir el desnivel de origen añadiendo 27 cm. a sus cotas de nivel, los habían restado, con lo que en lugar de haberlo compensado lo habían duplicado.

3.- Al final de la calle Madre de Dios, se está terminando de montar una pasarela que sobre la reciente circunvalación logroñesa, la del "nudo de La Estrella", dará acceso desde la ciudad al nuevo "shopping center" Berceo, nombre riojano donde los haya que no responderá nunca al tipo de comercio más razonable para esta pequeña ciudad.

La tal pasarela, llena de pretensiones expresivas, se nos ofrece como un pequeño arco que a modo de puerta de la ciudad anuncia al automovilista su llegada a la urbe. En el momento que viniendo desde Navarra pasas bajo su tablero, ya sabes que has llegado a Logroño.

El caso es, que el arco del que cuelga la pasarela, es un arco prefabricado de hormigón, seguramente armado (qué ironía para un arco), en dos mitades simétricas, que una vez montadas debieran haber reproducido el perfil sutil de un arco de escaso espesor, gracias a la resistencia de un material ajeno al modo de trabajo de un arco, y con un dibujo perfecto según las leyes inevitables de la geometría que ordena el dibujo proyectual.

Por un error que desconozco, sea del ingeniero, sea del fabricante, sea del constructor, sea del promotor, el caso es que los dos semi-arcos han ido a su desencuentro y aunque el resultado es simétrico, se nos presenta como un arco con dos claves, giboso como un camello, necesitado de urgente cirugía correctora que le alise su espalda, su trasdós.

Operación de riesgo, ya que el arco bi-giboso está en carga y cualquier purga de materialidad llevará acarreada una merma de su resistencia, se ha optado por una tendencia de moda, que quizá podría ser definida como de solución mediante la decoración, pero que para no ofender al decoroso significado de la palabra es preferible denominar como solución de "maquillaje": ¡Vayan y vean!, sobre el poco sutil perfil del arco, se ha pintado, se ha ma-qui-lla-do, la línea más aproximada al que debía haber sido el resultado correcto y exacto del trazado.

4. En las nuevas urbes ensanchadas, que los automovilistas circunvalamos ensimismados entre arcenes, absortos por la velocidad y ajenos a la multiplicación monótona del tejido urbano más cercano, siempre se agradece la presencia de un hito que nos dé referencia del lugar de destino o de paso.

Recuerdo con especial agrado la llegada a Florencia por la autopista del Sol, en que mientras al fondo se divisa el destino, la cúpula de Brunelleschi, es la Iglesia de la Autostrada, de Michelluchi, la que nos da la bienvenida y nos invita al relax y a la parada.

Hemos llegado a Florencia, estamos junto al peaje de la autopista, queda atrás la embriaguez de la velocidad y accedemos a la ciudad deseada.

Me repugna que a Logroño se llegue bajo semejante arco tullido, cuando a simple vista es apreciable el defecto. ¿Quién deseará hacer parada tras semejante anuncio? ¿Quién creerá el eslogan "La Rioja calidad? ¿Quién se creerá esta ciudad?