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ALGUNAS IDEAS FUERA DE CONCURSO
por Javier Dulín


Querida Carlota:
La ciudad que tú vas a conocer y a vivir, habrá cambiado mucho respecto a la que ahora tenemos. Evidentemente, la evolución es lógica y la expansión de la ciudad natural y lo ha venido siendo de siempre. Pero en este momento crucial para la configuración de ese crecimiento, tengo una nueva sensación, hasta ahora desconocida en mí, y no es otra que la de ver cómo son extraños al lugar o a la cultura del proyecto los encargados de definir esa expansión. El tema ya sobado de los centros comerciales es una clara muestra. Ahora leo las bases del ferrocarril y están destinadas a grandes ingenierías; y veo afamados arquitectos, bien por concurso restringido o bien a dedo, que nos dejan obra para su lucimiento en las revistas y regodeo de los políticos que las encargan, incluso aplaudidos por el Decano en elhAll70.

Ya lo decía Javier Arizcuren en elhAll71, la escasez de concursos de ideas es sorprendente, creo recordar que el último fue el del Palacio de Congresos.

Y es que ahora veo la impotencia de muchos compañeros que ni tan siquiera pueden optar a reflexionar mediante propuestas a competir y rivalizar en los cambios profundos de nuestra ciudad (también decía esto mismo Domingo en su escrito citado), de poder participar mediante la crítica de los resultados, de pintar algo en toda esta historia que tanto les afecta. Con esta situación nos convierten en meros espectadores sin opción a la reflexión profunda que supone enfrentarse a un concurso de la magnitud, por ejemplo, del ferrocarril.

Luego está la reorganización de toda la zona de Valbuena, en la que la propuesta ganadora abstracta aún sin definir, sí dejaba claro el hecho de respetar las ruinas y los pabellones militares, y parecía que mantenían en pie el edificio de las escuelas de Daniel Trevijano, pero sin darle un uso definido. En relación a este entrañable edificio y puesto que escasean los concursos de ideas y antes de que se convierta en las taquillas de algún aparcamiento subterráneo o se caiga durante las obras, te propongo desde aquí, el desmantelar la plaza pipí-can en que se ha convertido el acceso de la nueva sede de la fundación de Ibercaja, reconstruir los dos pabellones que se derribaron de planta baja, que cerrarían junto con las escuelas un bellísimo patio arbolado (incluso el chalet rehabilitado parecería mejor al tener un buen acceso, a través de los árboles, el que tenía D. Fermín al ir a trabajar a su despacho) al cual todos los establecimientos abrirían su fachada posterior, que tendría magníficas terrazas donde poder bajar a desayunar, a la sombra de los plátanos y castaños allí plantados, para después hacer pequeñas compras de barrio en esas tiendecitas atendidas por personas de carne y hueso; y hacer de las escuelas un lujoso restaurante (en el sentido del lujo espacial del edificio de Fermín Álamo) abriéndolo también al jardín mediante una fachada verde para acceder al mismo y optar a cenar en el interior o en él, con Luppi en la mesa de al lado, a la luz tenue de unos candiles, sin estridencias sonoras. Hasta podríamos venderlo diciendo que en el barrio nos han puesto un pequeño centro comercial con comercio del centro, y si los Moderno fueran lo que podían haber sido, y si de casa Tena desapareciera el negocio que nunca debería haber aparecido, y si.....en fin, una idea.

Que tú lo veas, Carlota.