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OTROS TIEMPOS OTROS LUGARES / 5
SAGRADO ESTABLO
Tiruchipalli (Trichy), Tamil Nadu (India). Sala en el templo de Ranganathaswamy

por Jesús López-Araquistain



Aunque su lectura más directa era la denuncia sobre el estado del patrimonio religioso de nuestra sierra, la exposición Patrimonio Pecuarium (ver el número 75 de elhAll) tenía otras lecturas. La belleza desolada de sus imágenes y, como me hizo ver Juan Díez del Corral, la inquietante presencia de ganado en la arquitectura sacra, la hicieron especialmente memorable. Siguiendo el hilo del tema, recordé la íntima relación entre animales y religión que se produce en el hinduismo, de la que es buena muestra la imagen que acompaño.

El santuario de Vishnu en Trichy es uno de los mayores templos de la India, con más de 60 hectáreas. Esta obra descomunal se organiza en siete patios rectangulares concéntricos, a los que el visitante va accediendo al pasar bajo las grandes puertas-torre, (gopuras) características de la arquitectura del sur. Se puede pulular como un peregrino más por este auténtico universo de estanques, galerías, santuarios y llegar casualmente a un espacio como el de la foto. La sala resulta monumental, con esos capiteles-zapatas zoomorfos que le dan cierto toque bárbaro. Sin embargo está destinada a un uso muy modesto, al juzgar por lo que se ve: seguramente se trata del almacén de los carros (rathas) que portarán las estatuas de los dioses en las procesiones. Entre ellos, protagoniza la escena una vaca tranquilamente instalada.

Cuando el viajero repasa sus fotos en casa la escena le sorprende más que cuando la presenció en directo. Allí, en la India, la naturaleza animal y lo sagrado están profundamente imbricados. Es cosa sabida que determinados templos son residencia permanente de una buena masa de monos, ratas, serpientes... en función de la divinidad a la que esté dedicado el culto. Otro ejemplo: como es habitual en los grandes templos del sur, el de Ranganathaswamy cuenta en plantilla con su propio elefante, que recoge con su trompa las limosnas de los visitantes en una de sus puertas. La presencia de la vaca en un espacio lujoso, pero marginal, me resulta, por un lado, un detalle humilde que contrasta con la sala, y por otro una epifanía, la manifestación de una divinidad. La tensión entre estas dos ideas contrapuestas creo que es la misma que asoma en las fotos de la exposición, dándole un interés más allá de la incuria de la curia.