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JOAN PALMES
Por jdc


“¿Veinticinco años?.... pues un instante” -me dijo Joan Palmés el día en que el Colegio le daba la placa conmemorativa de los veinticinco años de arquitecto. “Mira, hoy en el periódico sale una noticia de unos físicos que han conseguido medir un “instante”, es decir, la fracción más pequeña de tiempo jamás medida. Pues eso me parece a mí lo que han sido estos veinticinco años”.

Yo trataba de que Joan, -como ya lo habían hecho Eduardo y Félix- nos escribiera un folio contando qué tal le había ido la profesión en sus veinticinco años de colegiado, y cómo veía el futuro; pero cuanto más se lo pedía más claro veía la imposibilidad de completar esta página tal y como me la había propuesto. He de aceptar (y respetar) que hay arquitectos que no quieren escribir y que probablemente tampoco quieren participar en la vida colegial o en la vida pública, ni siquiera con motivo de una efeméride. Pero en todo caso, él estaba allí, su presencia ya era una expresión inequívoca, y por otra parte, a cambio de que no le pidiera un folio escrito de su mano, me aceptaba la entrevista: “¿Por qué no vamos a comer juntos algún día y haces una sección de conversaciones con arquitectos?”.
Lo de la comida bien, pero lo de la entrevista..., no sé, no sé. La entrevista es un “género periodístico”, y todo lo que huela a periodismo la verdad es que me huele fatal. Así es que, aprovechando un poco de aquí y otro poco de allá, trataba yo de descomprimir ese instante de veinticinco años de arquitecto de Joan Palmés y ver lo que podía salir de ahí.

De entrada algún recuerdo. Al tener al lado a Félix Vitoria le mencionó la primera incidencia que le puso como visador: “recuerdo que me echaste para atrás mi proyecto porque no tenía la memoria de carpintería, una cosa que en Cataluña no se pedía”. Como tras veinticinco años de profesión en La Rioja aún lo decía con acento catalán, me informó que era de Igualada, que estudió en Barcelona durante los años de la transición y que tenía un grato recuerdo de la gente del estudio PER que andaban por Proyectos, y por contra, un recuerdo poco agradable de su paso por el aula de Moneo y de sus adláteres, especialmente del “pequeño Elías”.

“Hombre, también me acuerdo de tí, Juan, cuando me incriminasteis en una Comisión Deontológica al poco de estar aquí en La Rioja”. ¿Quéeeeeee? ¿Qué pasó? Ni la más remota idea.... Ni él ni yo nos acordamos de lo que nos pudo juntar a uno y otro lado de la mesa inquisitorial del Colegio, así que nos reímos y pasamos a recordar un viaje mucho más divertido que hicimos juntos a la Rumanía de Ceaucescu en el año 88... ¡a esquiar!. Tengo algunas fotos divertidas de Palmés con sombrero y barba paseando por la bofilliana plaza que se construía por entonces en el arrasado centro de Bucarest que, si se tercia, hasta las podría publicar si no nos escribes.... “Dejalo, no me hagas hablar del Colegio o de la profesión pues no tengo ya muchas más ilusiones que las hijas y el esquí. Tengo una chabola cerca de Jaca y allí duermo casi tanto como en Miranda o Arnedo. ¡Oye! hablando de dormir, ¿sabías que quizás sea yo el arquitecto colegiado que más veces he dormido en el chalet de los Sevillas sobre el que tanto se ha polemizado? hombre, pues quizás también tendría yo algo que decir.... Pues dilo, dilo, ¿a qué esperas?. ElhAll te abre sus páginas.

Pero no, Joan Palmés no es de escribir. Eso ya ha quedado claro. Aunque no quita para que sepamos que está ahí, entre nosotros, ejerciendo la profesión, y que algún día podemos quedar con él para comer y hablar.