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YA VAN CINCO
por Giovanni Muzio


Ya van tres. Después del publicado en el nº 75 de elhAll, los escritos con referencias a una exposición que quizás veremos algún día, han sido tres, así que entre todos hemos sumado cuatro, y con este cinco escritos sobre lo mismo.

Para no aburrir y aburrirme, y también porque ya no sabía de que iba todo esto, había decidido no replicar a las replicas, ni comentar los comentarios, pero el desconcierto que me ha dejado el último artículo firmado por Domingo como Decano del COAR me ha hecho cambiar de idea.

Un desconcierto provocado por párrafos como el aviso que comienza con "Cualquier interpretación...", o por las referencias impersonales a "...interpretaciones torpes...", "... temores políticos absurdos..." y "...politización estúpida..." e incluso a un "...circo..." Recordando que en Logroño lleva unos días un Circo italiano, a lo mejor es una indirecta de nuestro Decano: se agradecerían la ironía y la sutileza.

La adjetivación que el Decano hace de lo que otros, sean quienes sean, han hecho o dicho, resulta aun más chocante por la contemporánea reivindicación de los valores tan loables y elevados que invoca, pero que nadie tiene exclusiva, y que a su vez contrastan con la adjetivación de autoalabanza que hace de sus propias decisiones y actuaciones.

No tengo constancia de muchas de las cosas a que se refiere el escrito, pero considerado que aparece publicado en "elhAll, Publicación periódica del COAR", lo entiendo como algo dirigido a los Colegiados, y relacionado con el debate interno que se abrió al respecto en la Comisión de Cultura del Colegio; y no excluyo, aunque me extrañe, que tenga que ver con mi artículo de hace ya unos meses.

Pero lo de menos es saber a quien o quienes van dirigidos ese tono y esas formas, lo que me deja perplejo es encontrarlas en un artículo del Decano de mi Colegio profesional, que, tal y como se publica, entiendo dirigido a los colegiados y referido a un debate interno al mismo.

Así que, aun no estando del todo en desacuerdo con su contenido, quiero dejar patente y subrayado el desconcierto y hacer algunas reflexiones.

Nadie niega el trabajo hecho en el COAR en estos casi dos años, y creo que hay que agradecerlo, y hacerlo siempre, y a todos los que se ocupan del Colegio, voluntaria o profesionalmente, y especialmente a los miembros de la Junta de Gobierno y al Decano, cuyo difícil papel siempre intento comprender. Pero nada de eso da derecho a un planteamiento que, más allá de la retórica, cuestiona el derecho al respecto mutuo aun en la discrepancia.

Es sobre todo una cuestión de talante, y de vez en cuando en el COAR aflora uno muy discutible.

Y no voy a ser impersonal, ni genérico, me refiero por ejemplo a lo que pasó en la asamblea de diciembre 2002, cuando Domingo explicó que no había que (cito bastante literalmente) "Cagar donde se come", comentando una propuesta firmada por trabajadores o colaboradores (o ex, yo estaba entre ellos) del COAR. Fue en relación a la supresión del 1%. Considerado que en la siguiente asamblea se aprobaron unos cambios a este descuento que significaron su desaparición, me pregunto si era necesario reaccionar empleando un "estilo" bien resumido por la citada frase.

Otra cosa que se hubiera podido evitar es remitir un informe de Luis Beltrán para justificar un acuerdo de Junta en el que se desestimaban unos puntos presentados por algunos Colegiados, yo volvía a estar entre ellos, para el Orden del día de la Asamblea General de Mayo. Se me ocurre una pregunta: ¿A que viene emplear a Luis Beltrán en una diferencia entre unos Colegiados y la Junta? ¿Luis de quién es asesor jurídico, de la Junta o de los Colegiados? A parte de que me pareció y me sigue pareciendo sacar las cosas de quicio, me pareció y me parece un uso impropio del Asesor Jurídico, que además no es quien para dirimir diferencias dentro del COAR.

Y finalmente tampoco me gustó enterarme de que el Decano había subrayado públicamente mi ausencia de una Asamblea general (abril de 2003). ¿A caso tengo que dar alguna explicación al respecto?

Todo esto respecto a la cuestión de talante. En cuanto al mérito del asunto, considero muy deseable que la actividad cultural del COAR esté abierta a la sociedad. Y en este contexto, que entiendo no es el actual, ojalá hubiera muchos personajes ilustres y/o ciudadanos proponiendo exposiciones en el COAR y estas produjeran "magníficas publicaciones" y tuvieran una repercusión que "prestigie nuestra profesión".

Pero en el COAR se aplica desde hace mucho tiempo un criterio, quizás sería más preciso llamarlo regla, que ya he intentado delinear en mi anterior escrito, y que, tal como yo, entre otros, la entiendo, es bastante restrictiva. Y la exposición que tanto nos está ocupando parecía ser por el tema, fotografías antiguas de la ciudad, una excepción a esta regla, a la vez que parecía que su contenido, que no se conocía más que de referencia, no la justificaba. Y no parecía oportuno, salvo que se decidiera cambiar la regla, hacer una excepción para una exposición relacionada con una personalidad que ocupaba y ocupa un cargo cuyo relieve es evidente. Además la temporada, aun sin tener conocimiento de las fechas exactas de inauguración de la exposición y de la convocatoria electoral (escribo esto el día 15 y sucesivos, todavía con los acontecimientos de la última semana sin asimilar) parecía aconsejar prudencia.

Muchos (¿la mayoría?) plantearon sus dudas y perplejidades respecto a como se procedía. Algo que la Junta de Gobierno ha decidido desoír, estando en su pleno derecho, ya que, aunque no sea frecuente lo contrario, no existe ninguna obligación por su parte de seguir las indicaciones expresadas en la Comisión de Cultura. Así que podemos decir que los "tramites administrativos" se habrán cumplido, pero no se ha cumplido con las costumbres y las reglas no escritas relativas a estos temas.

Y esto no tiene que ver con partidismos, porque la parte a la que esté adscrita la acción o inacción política de cada uno aquí dice bien poco. Esto tiene que ver con el sentido de la oportunidad, con sensibilidades y con las diferencias de opiniones, creo que muy respetables, sobre si se trata o no de una excepción a la dichosa regla; y si lo es, con las diferencias de opiniones, creo que otra vez muy respetables, respecto a la explicación suficiente o no del porqué se hace.
Y creo que, considerado el interés tanto del Colegio como de Don José Luis Bermejo, hubiera sido deseable que las cosas hubieran desde el principio ido por otro camino.

En fin, ojalá vuelvan las cosas a su sitio y a su justa proporción (algo que parece saludable en estos tiempos), que es la de un Colegio donde todos o casi todos nos conocemos de vista o de referencia. Aunque por supuesto no por eso creo que haya que dejar de criticar. A, por cierto, ¡en hora buena por los adosados que se han instalado en las oficinas colegiales! Ya era hora de que la profesión hiciera un homenaje a esta tipología tan denostada cuanto practicada. Sugiero completarla con la colocación de una alfombra verde césped, por supuesto con enanitos, pero que sean de colores, para darle un poco de esa alegría, que según parece nos hace mucha falta.