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EXCURSIONES COAR
por
Juan Diez del Corral

Apenas sin tiempo de recuperarnos del "viaje COAR" a Los Angeles y Las Vegas (8-17 abril 2004), y mientras andamos preparando el material recopilado para  un monográfico en el hC, la nueva coordinadora de cultura, Marta Cabezón,  nos organizó el 24 del mismo mes de abril una "excursión COAR" a varios objetivos arquitectónicos navarros, cuyo éxito bien merece una felicitación y una reseña en esta página colegial de elhAll.

Como organizador de los largos "viajes COAR" tengo que reconocer que las breves "excursiones COAR" poseen notables ventajas sobre aquellos. Uno siempre piensa que las obras más cercanas a nosotros pueden verse cualquier día, pero pasa el tiempo y no se encuentra ningún fin de semana libre hasta que se olvida el deseo inicial de visitarlas. Así que en este extraño mundo en que vivimos, no pocas veces lo más próximo es lo más lejano y lo más desconocido, es decir, lo más pertinente para ser enseñado por un viaje organizado. Por otra parte, en los viajes breves la gente va mucho más relajada, sin problemas de maletas, hoteles, puntualidades, comidas etc. y la comunicación entre los viajeros es más fluida y distendida. Las obras que visitamos en este tipo de excursiones no sólo son más próximas geográficamente, sino también en aspectos cronológicos y generacionales, así que la gente tiene el ánimo más desenvuelto para el comentario. Entre lo uno y lo otro, hay que concluir que las excursiones colegiales además de hacer culturilla y pedagogía de la buena, también hacen amistad y "colegio" del de verdad.

Si a eso añadimos que vimos todo lo que estaba previsto por la organizadora y aún otras obras más que sugirieron algunos viajeros, y que la susodicha coordinadora fue flexible y no nos apuró nunca con las prisas de regresar al autobús, es normal que todos nos felicitáramos al regreso por tan provechosa y agradable jornada, y que esa felicitación bien se la merece Marta y el Colegio en general.

En cuanto a lo visto y lo comentado hubo cinco temas de muy diversa factura. Empezamos en el museo Oteiza en Alzuza del tan admirado Sáenz de Oíza. Como yo ya lo había visto el año pasado con Roberto Arriola (véase reseña de Roberto en elhAll 71) y mi admiración por los "museos del arte" y por Oíza son escasos, si no nulos, yo trataba de rebajar el entusiasmo de los compañeros con todo tipo de comentarios corrosivos sobre la fealdad del edificio o sobre ciertos detalles de acabados; pero ni por esas. El entusiasmo de la peña por el lugar no menguó ni siquiera con la crueldad de la organización del museo y sus guardianes en perseguir a los que se atrevieran a hacer una foto. Para mi que es puro sado-masoquismo porque este tipo de edificios "artísticos" y "espectaculares" son pura carnaza fotográfica -mires donde mires siempre sacas una foto bonita/ un Kandinski que digo yo. Pero el placer y disfrute de los fieles del "museo arte de Oteiza" y de la arquitectura-arte de Oíza se ve que aumenta con el "sacrificio SM" de no poder hacerle fotos, porque si no, no lo entiendo.

El segundo plato del día fue el Baluarte de Pachi Mangado en Pamplona. Nos lo enseñó con gran amabilidad un colaborador de su despacho, llamado Carlos. Gustara o no el edificio, hay que ver lo que se agradecen las explicaciones de un colega arquitecto frente a las de un guía convencional. Los más atrevidos le hicimos alguna objeción o alguna ironía sobre aspectos poco felices del edificio (los pilares de la sala de exposiciones, el suelo ruidoso y el aspecto espartano de las salas de música, las falsas carpinterías de las grandes galerías horizontales de fachada, lo duro y áspero de la plaza, el cambio de lenguaje de las casetillas exteriores, etc, etc), pero como gran embajador, el buen muchacho lo encajó todo sin alterar ni un músculo. Estupenda visita.

Aprovechamos hasta la comida para visitar un restaurante emblemático de la postmodernidad vasco-navarra, el Cordobilla Erreleku de Iñiguez y Ustarroz, cuyos bloques de hormigón se habían ablandado un poco de sus iniciales bríos fundamentalistas gracias a la pátina del tiempo. Quienes no anduvieron blandos allí, entre plato y plato, fueron los jóvenes arquitectos ex - alumnos de Mangado y de los autores del Cordobilla, que los pusieron (nunca en mejor ocasión) "a caldo".

Tras la comida visitamos la Universidad Pública de Navarra, también del admirado Sáenz de Oíza; pero ya fuera por la sensatez que da el cardo a la navarra y el vinillo, o porque el edificio es malo de solemnidad, la admiración del grupo por el gran catedrático se vino al suelo con más estrépito que el de Saulo en su caballo. La caricatura de la Biblioteca de Boullé con chapa blanca y tubos de aire acondicionado por dentro, los tics formales del peor Stirling de los últimos tiempos y la tiranía formal y funcional de la planificación de toda la universidad a una idea simplona, nos dejaron con peor sabor de boca que el bacalao del Cordobilla.

Para arreglarlo, se propuso ir a Mendillorri a ver un par de bloques de vivienda masiva: uno de Mangado, en plan Gallaratese, y otro casi enfrente que nos había llamado la atención por el experimentalismo de la chapa ondulada en una fachada y la madera en la otra. Como el que más o el que menos ha pecado con algún bloque de viviendas, hubo indulgencias y parabienes de todo tipo para ellos, hasta que salieron los vecinos a comentar a tan singular grupo de curiosos las chapuzas de sus viviendas, anécdota con la que concluyó el viaje, y recordatorio perenne de que una cosa es el Arte Arquitectónico que tanto nos gusta a los arquitectos y tan poco al pueblo, y otra muy distinta, la buena arquitectura... que ya nadie sabemos lo que es.

En cualquier caso, si seguimos viajando y viendo, es posible que algo aprendamos; así que todos hicimos votos para que la experiencia se repita pronto. Y ya hubo incluso quien apuntó un objetivo concreto: un campo de fútbol en Sestao que sale últimamente en muchas revistas y sobre el que también podremos investigar, in situ, si le va mejor al equipo de casa... o al "visitante".


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