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04 hasta la Cocina___18 / X JORNADAS DE DISEÑO EN LOGROÑO

DANI FREIXES
por Javier Dulín

Este año, hemos celebrado las X jornadas de Diseño y por aquello de ser un número redondo, nos esforzamos desde la organización en presentar un cartel de diez. Entre los ponentes repetía plaza Dani Freixes, que ya nos visitó en las II jornadas de Diseño en el año 1995. Desde entonces, Dani y su equipo Varis arquitectes, han seguido cosechando premios, entre ellos el Premio Nacional de Diseño del año 2001 en la categoría de diseñadores. Era la primera vez desde su creación que estos premios reconocían la labor del diseño de espacios arquitectónicos (la segunda ha sido este 2004 al conceder el galardón a Antoni Arola).

Dani es un mago del espacio, que aprendió a ver la vida a través de los espejos del taller de sastre de su padre. Como titiritero que fue durante dos años antes que arquitecto, dominando el tiempo con endiablada habilidad, nos mostró sus últimas prestidigitaciones. La reducción de unos espacios mágicos, muchas veces cambiantes con el transcurrir del tiempo, a las dos dimensiones de la pantalla de proyección, pierden mucho respecto a cuando los disfrutas en tres dimensiones y con el tiempo necesario. Son difícilmente explicables o entendibles, puesto que son espacios que se perciben por los cinco sentidos.

Por no entrar en el recorrido de la obra que explicó, me quedaré con el método de trabajo que compartió con los alumnos y profesionales que allí estaban.

Y no era otro que:

1.Sentir el diseño como forma de vida, no de trabajo, EMOCIÓN al proyectar, pasión por lo que se hace.

2.Observar, aprender del mundo, de nuestro alrededor actual y pasado, MIRAR.

3.Utilizar la crítica como herramienta de trabajo, DUDAR, de todo.

4.Tomar decisiones, con el riesgo que conlleva, ESCOGER.

5.Y por fin ASUMIR, responsabilizarse de lo proyectado, con madurez para seguir avanzando.

Este método y su forma de entender la arquitectura queda reflejada en la anécdota con su padre, cuando después del montaje de su primera exposición, de juguetes en la que ponía alas a unas sillas, le sentenció "siete años de carrera para poner plumas a una silla". Al cabo del tiempo, tras visitar un montaje para Sephora en el cual había una cortina confeccionada con tres mil plumas de ganso, su padre le volvió a sentenciar "treinta y tres años de profesión para acabar poniendo plumas en un escaparate". La respuesta de Dani: es tan difícil hacer una cortina de plumas como un pilar de hormigón. Te equivocas Dani, un pilar lo hace cualquiera, magia sólo tú eres capaz.

Nota. Como coordinador de las jornadas agradecer la colaboración del COAR y la hospitalidad de Raúl Gonzalo, al cual sólo se le puede achacar que tenga que venir Freixes para que nos invite a su bodega.