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BRICOLAJE, EXTRAVAGANCIAS Y MUEBLES
Juan Diez del Corral

La sexta edición del Concurso de Diseño promovido por la Asociación de Fabricantes del Mueble de Nájera con el apoyo del Gobierno y de nuestro Colegio de Arquitectos, expuesta durante el mes de marzo en nuestra planta baja, ha podido verse como una continuidad de la quinta edición, por lo que buena parte de los comentarios críticos que se hicieron entonces (véase elhAll68 pag 3) valen igualmente para ésta.

Pero por no repetirme más que en aquello de que sigue siendo injustificable que en la exposición de un concurso no esté el Acta del Jurado, ésta vez he hecho una clasificación de los diseños agrupándolos en tres categorías para ver si así empezamos a entender las raíces del problema y se pueden buscar algunas soluciones.

Antes que nada diré que me parece encomiable que la gente presente sus trabajos a este concurso, y que la simplificación que aquí propongo quisiera que se entendiera más como un intento de definición de nuestra cultura (o incultura) del mueble, que como una descalificación de sus trabajos o una crítica al Jurado.

De los cuarenta y cinco (45) propuestas, yo diría que veintiseis (26) de ellas podrían entenderse prácticamente como "trabajos de bricolage", es decir, propuestas muy primarias de “mueble tabla” que bajo el paraguas cultural de una presunta modernidad, parecen confundir sencillez con simplicidad. El primer premio y el tercer premio han recaído en este grupo.

El segundo grupo más numeroso (12) lo constituyen una especie de engendros de la imaginación que podríamos calificar como "muebles extravagancia" que, más allá de la frivolidad postmoderna, parecen hijos (o abortos) de la culturilla de retorcimientos arquitectónicos de un Gehry, un Miralles o una Hadid.

Así pues, sólo los siete restantes (7) tienen pinta de muebles o aportan alguna idea digna de consideración que merezca comentario.

Repito una vez más que una clasificación tan reductiva no quiere decir que alguno de los muebles del primer o del segundo grupo no tengan mayor mérito que los del tercero. La complejidad del programa funcional del primer premio (incluido en el grupo del bricolage) o la gracia de la mesita que tiene forma de libélula (en el de extravagantes), me parecen superiores en mérito a la silla Simplify o al Carrito Verdulero (del grupo con pinta de muebles), pero en todo caso sigo pensando que los del último grupo son los únicos que merecen un comentario y que pueden aportar algo interesante y novedoso a la cultura del mobilario.

La mesita de salón Voyeur, por ejemplo, siendo en principio un mueble tabla o de bricolage, tiene un idea que merece especial atención: en una de las fotografías de su prototipo se ofrecía con una cálida luz proveniente de su cajón inferior que de algún modo se asemejaba a la de un fuego central. No está mal esa sugerencia de recordar la luz de un hogar bajo dando vida a los sofás y sillones  de un salón.

La lamparita de mesilla Mark, ofrecida como marco para colocar cualquier fotografía, posee una luz hábilmente encastrada en su parte superior que le da un aire misterioso, poético y hasta surrealista, sobre todo en su estado original, es decir, sin fotografía alguna en su interior.

La Simplify es una silla con aspecto de silla (que no es poco) que tiene la habilidad de expresar como un agarradero el punto por donde se suele coger. Lo que le pasa es que claramente  le falta un travesaño inferior para que no se abra de patas y que el asiento y el respaldo son muy espartanos.

El siempre difícil tema de la mesa obtiene una respuesta robusta en su base y a la vez aérea en el tablero, en la premiada Mesadilla. Es original y hasta espectacular aunque los autores admitieron que muy cara para ser producida en serie.

La Columnadora es una estantería de libros estructurada con columnas para los cedés u otros objetos pequeños y decorativos. Está bien para evitar poner siempre los objetos decorativos (o los cedés) delante de los libros. Lo que no se entiende es que algunos módulos estén mirando a la pared.

Uno de los programas más curiosos del concurso es el de un mueble para los acompañantes de los niños en una habitación hospitalaria de pediatría de una diseñadora al parecer francesa, Lucie Bourson. Es gracioso, útil y de líneas alegres. Merecería mayor arención.

Por último, El Carrito Verdulero, es bonito sin verduras pero seguramente empeora mucho con unas lechugas a unas cebollas medio vistas.

A la vista de este panorama tan variopinto, tan escaso de sugerencias, y tan pobre de proyectos parece licito proponer a los convocantes del concurso y a las instituciones que lo apoyan (entre ellas nuestro Colegio de Arquitectos) que quizás vaya siendo ya hora de replantearse las bases y de optar en las próximas ediciones por proponer como tema tipos de muebles más concretos y definidos, e incluso con limitaciones de materiales, técnicas o presupuestos, de modo que el concurso tuviera mayor proximidad a un encargo. Después de seis ediciones, seguir dejándolo completamente abierto no da para más y empieza aburrir. Y lo que es peor, en vez de ayudar a enriquecer el diseño del mueble najerino, funciona más bien como un retrato fidedigno de lo equivocadas que tienen sus miras respecto al diseño del mueble.