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BOZAL
por Ramón Ruiz Marrodán

Cualquier arquitecto cuando comienza a proyectar una obra, pone lo mejor que tiene para que el resultado final sea el óptimo; por supuesto, ésto siempre es una apreciación subjetiva para él como proyectista, y finalizado el proyecto, lo considera un poco como hijo suyo.

Unas veces esos proyectos están más acertados y otras menos, y esa ratificación se consuma cuando la obra se encuentra ya terminada, siempre, digo, desde la subjetividad del arquitecto.

El nivel de satisfacción, una vez la obra finalizada, nunca es total. No obstante hay obras de cuyo resultado se siente mas satisfecho que de otras.

Una de las últimas obras que hemos realizado en el estudio ha sido un consultorio médico en la localidad de Santa Eulalia Bajera (ver Proyectar La Rioja, nº 24 en páginas 26, 27 y 28).

Cierto es que al ser una de las últimas obras finalizadas en el estudio es de las que más cariño se les tiene. Ocurre como con los hijos (o sobrinos, pues soy soltero), con el recién nacido se nos cae la baba.

Tambien es cierto que una vez entregada la obra, al contrario que ocurre con los hijos (o sobrinos), no podemos influir sobre su educación y evolución, y queda en manos de sus nuevos padres o tíos la responsabilidad de cuidar de las criaturas y velar por ellas.

Cuando al tiempo las vuelves a ver y piensas que irán creciendo alegres y felices, y te las encuentras con un bozal de clavos en la boca, sientes una gran impotencia y una gran tristeza por el mal trato que le están dando sus padres adoptivos.  Es una pena, pero te deja el corazón destrozado y una profunda tristeza…….