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VIAJE COAR 2004: LOS ANGELES Y LAS VEGAS
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APRENDIENDO DE TODAS LAS COSAS
por Enrique Aranzubía


Los viajes COAR son una mezcla perfecta entre unas mini-vacaciones y un viaje profesional, sirven para dejar aparcadas las tensiones del día a día y además nos van enriqueciendo con experiencias, casi siempre de calidad. Del viaje del 2004 destacaría:

La arquitectura rebelde y vitalista de Frank Lloyd Wright en la casa Barnsdall, que define su filosofía de interpretar la arquitectura como la vuelta al paraiso.

La monumentalidad enigmática de Louis I Kahn en los laboratorios Salk en la Jolla en ese afán por la búsqueda de la geometría y la estructura como principios éticos metodológicos.

La movilidad escultórica y sutil de la obra de Frank O, Ghery en el Disney Concert Hall, en un edificio que expresa belleza, levedad, filigrana, sensibilidad, belleza, elegancia, en definitiva  que te hace soñar, y eclecticismo racional de Rafael Moneo en la Catedral de Los Angeles. Aquí Moneo ha realizado un ejercicio riguroso de pensamiento. Ha sabido comprender la singularidad de la ciudad en cuanto a  su implantación. Ha dispuesto las piezas en la parcela generando un espacio de llegada trascendental. Ha propiciado un nuevo esquema tipológico en el desarrollo en planta. Pero es que además es un edificio que hace sentir: He sentido una arquitectura mística.... Me he sentido grande en el generoso espacio de la nave… Me he sentido mínimo en el pequeño oratorio de la entrada… Me he sentido protagonista… Me he sentido cómplice... Me he sentido partícipe en el espacio asambleario central. Porque: He visto una obra maestra... He visto la tradición católica... He visto la trascendencia del románico, la espacialidad del gótico, la espectacularidad del barroco en la trasparencia del altar mayor, a modo de la Catedral de Toledo... He visto a Violet en el triforio... He visto a L´Corbusier en la sección de Ronchamp... He visto la sobriedad y monumentalidad de Kahn en la traza... He visto a Wright en las vidrieras... He visto a Asplund... He sentido la luminosidad de Aalto... He visto a Barragán en el exterior... He visto una fundación española franciscana… ! He visto a Dios!.

Pero sobre todo he visto a Moneo… He visto una arquitectura ilustrada, una arquitectura comprometida, una respuesta versada…! ¡He sentido emoción!.

Como anécdota también pudimos ver el retablo barroco de San Felipe Neri de Ezcaray, en una extraña posición, al final del deambulatorio que nos sugieren diferentes preguntas.

El complemento del viaje para ver los grandes cañones del Colorado,  y la guinda final, Las Vegas, como Sodoma y Gomorra juntas.
 

TIPOLOGIAS, USOS Y SISTEMAS CONSTRUCTIVOS
por Raúl Gonzalo

El viaje a los Ángeles sirve nuevamente de ejemplo para comprobar, en los edificios visitados, la adecuación tipológica, la idoneidad de los sistemas constructivos y de los materiales empleados y cómo no, su adaptación al uso.

Comenzamos por el edificio Bradbury construido en 1893 y cuya tipología se adapta perfectamente a uso de oficinas para el que fue concebido y que actualmente continúa. Con fachada a tres calles se organiza a partir de un patio central iluminado cenitalmente mediante un gran lucernario de vidrio. Los pasillos de distribución, de dimensión generosa, se encuentran volcados a este espacio central y desde ellos se accede a las distintas oficinas que tienen fachada a la calle.

Los ascensores se disponen enfrentados en posición central, mientras que las escaleras se sitúan en los extremos del espacio. Los materiales y sistemas constructivos empleados en origen (finos pilares de fundición, barandillas del mismo material, muros interiores y exteriores de ladrillo aplantillado, falsos techos de madera permanecen inalterables a fecha de hoy.

Continuamos por la Casa Gamble de 1908, también llamada Casa Romántica. Aún estando "in restauro"  pudimos comprobar precipitadamente el acierto del movimiento Arts and Cracfts en la utilización de los materiales destinados al confort ambiental, de una vivienda unifamiliar, de un dueño un tanto especial.

La Casa Millard de Wright de 1923, también llamada la Miniatura adelanta los procesos de elementos prefabricados en la resolución de fachadas que a su vez tienen misión estructural. Un tanto desamparada de su dueño, es una magnifica lección de control de las dimensiones para desarrollar una vivienda unifamiliar en la que escalera transversal y chimenea y recorrido entorno a ellas,  se erigen en protagonistas de la vivienda.

La Casa Schindler, de 1922, exhibe la utilización de dos materiales (muros ciegos con ligera inclinación de hormigón visto y carpinterías de madera de composición horizontal), para crear espacios ambivalentes que se vuelcan en los patios ajardinados. El control preciso de las alturas y la introducción de la luz natural en  dos niveles definen una escala de percepción muy singular.

La casa Lovell Health de Neutra (1929) no la pudimos invadir, pero comprobamos los ya conocidos problemas de la arquitectura racionalista de piel blanca y finos pilares metálicos que se oxidan con el paso del tiempo.

La Barnsdall House de Wright (1920) es otra cosa y ante la imposibilidad de visitarla adecuadamente me remito a lo ya publicado en numerosas ocasiones.

Qué regalo los laboratorios Salk en la Jolla de Louis Kahn (1965). Espacio central volcado al horizonte con susurro del agua sobre el travertino, laboratorios de hormigón armado a ambos lados, con planta libre gracias a la tecnología de vigas cajón de un piso de altura que sirven para alojar las instalaciones. Ligeros guiños a las vistas  en los laboratorios individuales que son premiados con las carpinterías de madera. Tipología........ material.......... todo.

Termino con Rafael Moneo (2002). ¿Es el hormigón coloreado el material de nuestros nuevos monumentos?. ¿El simbolismo religioso debe ser tan perceptible? ¿Y que me dicen de la geometría de las capillas?. El paso del tiempo nos aclarará las respuestas de un edificio en el que la luz natural viene del cielo y el uso es garantizado por al menos la comunidad hispana.
 

TODO ES COMPARABLE
por Pepe Garrido


Ante cualquier hecho de la actividad humana surge inmediatamente la tentación de juzgarlo o compararlo con otro de semejante naturaleza, y más si las referencias y concomitancias nos resultan claras.

También es frecuente que se replique con que "no es lo mismo", que "son otras las circunstancias", o que se remate la cuestión con "que no es comparable". Esto es enervante y aburrido.

Yo voy a comparar, porque firmemente creo que todo tiene que ver con todo, que la realidad que vivimos es compleja, y porque de la asociación de dos fenómenos aparentemente inconexos, siempre ha surgido la teoría que revolucionó el arte y la ciencia, o la chispa que da amenidad a una conversación, o el germen de una creación imprevista.

Cuando el viajero, peregrino de la Arquitectura, se aproxima al emplazamiento de la Fundación Getty, a la vista de su dominante posición, en la cumbre de una de las colinas de Santa Mónica viene a la mente la imagen de las fortalezas de antes, de una Alhambra blanca y abierta, que marca una divisoria entre el verde californiano de la colina y el azul, velado a gris, del cielo.

El camino de ascenso, ha sido sustituido por el traslado a bordo de un pequeño tranvía silencioso y lento, que hace que la sensación procesional del neófito no diste mucho de la del caminante, al tiempo que se da continuidad a la necesaria costumbre local de trasladarse en vehículos o ingenios mecánicos.

Una vez en el andén de llegada, la fuerte luminosidad hasta resulta molesta, ya que la luz reflejada por el travertino profuso, el panel de aluminio lacado en blanco, el agua y el vidrio, no da tregua a nuestros diafragmas oculares.

Continuamos con una escalinata, que exige ser subida a pie para acceder al auténtico nivel de la ciudadela Getty. Es excesiva funcionalmente, pero proporcionada al tamaño de la empresa y de la realidad construida que arriba se nos ofrece.

Terminado el ascenso llegamos a los Propíleos, que traducidos en un vestíbulo circular, nos indican la posición del centro de la explanada y nos divide la colección de edificios situados en su perímetro, dejando atrás los dedicados a estudio y promoción de las artes, reservados para uso de la Fundación, de aquellos accesibles al público y dedicados a exposiciones permanentes y temporales.

Ahora que la primera visión lejana ha mutado a próxima, se reconoce la obra de Richard Meier, con sus colores (mejor en singular: color blanco), tics, tramas, soluciones y líneas reconocibles.

No ha habido un esfuerzo suyo de más, para tratar de homenajear a un lugar tan hermoso y dominante, con vistas amplias sobre el Pacífico, sobre la ciudad, y sobre las colinas más cercanas.

Meier no ha dejado atrás a Meier, y la rigurosa retícula que pretende ordenar la volumetría del conjunto, se ve perjudicada por los constantes manierismos del autor, que resuelve el planteamiento germinal ubicando en derredor un surtido muestrario de sus "lavadoras".

Hay dos cosas que sí que son de impacto: el acceso y entrada son gratuitos, y la construcción del todo se ha llevado a término e íntegramente en un solo período de tiempo. Aquí sí que el capital Getty ha dejado demostrado su dominio y poderío.

La Fundación Getty se abrió al público en 1997, catorce años después de que J. Paul Getty adquiriese los terrenos en que se asienta. Un esfuerzo económico y de mecenazgo impensable en nuestro tiempo y en nuestra economía.

Pero de la comparación, tan rápidamente llevada a término, tan inconsistente como la propuesta descrita, la obra de Meier que quiso seguir el modelo de otras Acrópolis de las Artes, sale perdiendo, porque aquellas se levantaron con las emociones de los creadores y los creyentes a los que iban destinadas, mientras que ésta no pasa de ser un parque temático más, un producto del capital para el mercado.

¡¡Gratuito, en E.E.U.U.!!... Eso sí.
 

FLEXIBILIDAD, ECONOMÍA Y PICASSO. LA JOLLA DE LOUIS I. KAHN
(A TRIP TO REMEMBER)

por José María Elvira Ceballos

Retomar el viaje, revivirlo ahora con los ojos de quien ha posado su vista y su memoria en toda una colección de fotografías aparejadas con recuerdos, y descubrir con una nueva mirada y cierta calma, aquellos momentos más emocionantes, es el complemento sin el cual el viajero no existiría.

Retomar por lo tanto el viaje y desde la desprejuiciada posición en la que el tiempo nos ha colocado, redefinir, incidir, y por qué no, transformar, deberían ser operaciones, que de manera lisérgica como Alicia en el País de las Maravillas, produjeran una realimentación del intelecto.

Uno de esos momentos emocionantes del cual quiero hablar, fue la visita al Salk Institute de Louis I. Kahn, situado en una atalaya frente al océano pacífico en La Jolla, al sur de California.

Tres son los axiomas con los que Kahn cuenta cuando recibe el encargo del proyecto:

1. Flexibilidad interior, resuelta mediante el empleo de vigas vierendel, lo que permite dejar plantas completamente diáfanas que son ocupadas por los laboratorios.

2. Bajo coste de mantenimiento, por lo que opta por el hormigón armado como material principal en la composición.

3. Diseñar un edificio atractivo para Picasso. 

Este edificio de formas severas y regulares en el exterior, con elementos estructurales en serie, representa una arquitectura pura, simple y espaciosa, al estilo de Mies y de Le Corbusier.

Al mismo tiempo, cuando nos introducimos en el útero de vigas vierendel preñadas por instalaciones donde se muestra la esencia interior de la estructura, recordamos la arquitectura orgánica de Sullivan o Wright.

Y así comprobamos cómo, a la manera de los genios, Kahn aprehende el estilo de los grandes maestros, para regurgitar posteriormente un feto propio, formado principalmente por luz y espacio.

Kahn define su trabajo como la construcción reflexiva del espacio, una máxima que queda patente en este edificio al comparar el interior con el exterior, mucho menos dramático.

No quisiera pasar por alto que la obra se culmina en 1965. Estamos en los sesenta. Podríamos relacionar la seriación estructural del Salk Institute con la secuencia minimalista de las obras de Donald Judd, aunque quizás Josep Quetglas, se nos echase encima para decirnos que la arquitectura minimalista no existe. Y no le falta razón.

Podríamos relacionar el eje de simetría del conjunto, subrayado por Kahn mediante un flujo continuo de agua, con el strip de las vegas. Y la mentalidad atávica y la falacia mística que envuelven a esta ciudad, con el carácter místico de Kahn, que le lleva a personificar las formas y los materiales, en los que siempre reconoce alma y voluntad.

Y podríamos ver la luz al final del túnel. Porque Kahn, Judd y el strip, son algo mas que contemporáneos. Pero esto ya es harina de otro costal.
 

LAS VEGAS (MAS ALLA DE VENTURI)
por Jesús Marino Pascual


Si tendríamos que definir Las Vegas en una frase, esta podría ser: se trata de un parque Disney para "carrozas". Sin duda sorprendente y apabullante desde nuestra visión europea. La construcción de ficciones, de mundos irreales e ideales, pero siempre imitaciones y casi todas del pasado, descubren una imaginación que nos hace sonreir, que nos resulta poco evolucionada y un tanto infantil, pero que no deja de sorprendernos por su despliegue y despiporre de medios para envolver al visitante y abstraerlo de su vida cotidiana, de su tedio y rutina, para conducirlo a un mundo exultante de gasto y consumo, al juego y otros placeres incluido el sexo al por mayor. ¡Es igual, lo que hace falta es que corra el dinero!, y corre a ríos.

La ya conocida imagen de grandes carteles silueteados con luces de neón de los casinos de la "Fremont St", reclamando la atención a distancia como describe Venturi, ha pasado a ser parte de la Historia. Aquello, ahora, es el centro histórico de Las Vegas. Ahora ya no hay que llamar la atención del automovilista, ahora Las Vegas ya es un objetivo, y la atracción es otra. Ahora, el juego se concentra masivamente en los descomunales hoteles-casino de "Las Vegas Boulevard".

Esta gran avenida del ocio está flanqueada por superhoteles en los que cada uno constituye, en sí mismo, un mundo autónomo, como si de una ciudad se tratara. Calles y plazas nos permiten circular por estas ciudades cuyo cielo está salpicado de splinkers. Y esto se repite en la Roma imperial del Caesars Palace, en el Venetian-Casino acompañado de Góndolas con puente Rialto o Palacio Ducal incluido, o en el Paris Hotel con su Torre Eiffel, o en el Luxor, o en el Bellagio, etc. etc.

Pero, ¡atención!, todo este entramado de calles de cada uno de los hoteles se ata y confluye en un gran "agora", nudo de todas las posibles comunicaciones de esta ciudad interior. Ese nudo es invariablemente una inmensa superficie, de poca altura libre, llena de mesas de juego y máquinas tragaperras. Cientos y cientos de cada una de ellas funcionando sin descanso las 24 horas del día, el casino. Y así, en cada uno de los 44 superhoteles-casino.

La reproducción de grandes acontecimientos arquitectónicos del pasado, desde el antiguo Egipto a la Torre Eiffel, interpretados, en algunos casos, de la manera más banal, y descaradamente al margen de cualquier rigor en la copia, han constituído el hilo argumental de la arquitectura de los grandes hoteles-casinos de las Vegas. Esta forma de hacer, al estilo Disney, son estos grandes centros de atracción hoy. Hoteles de 5000 habitaciones cuyo reclamo es el recreo basado en un escalafón del divertimientos cuyo "numero uno" es el juego. No cabe duda, de que la fuerza de la imaginación del cine, tan próximo y tan americano, ha influido en la creación y concepción de esta sorprendente ciudad, inventada en la nada, en el desierto, fruto del puro artificio inundado de dinero y sin ningún soporte intelectual aparente.

Seguramente para nosotros, además de sorprendente, nos resulta un mundo ajeno, trepidante y agotador, aparentemente tan irreal como falso, y que hace pensar. ¿Cómo se explica que esto tenga tanto éxito? ¿Es necesaria tanta evasión? ¿Así ha de ser el mundo del entretenimiento?. La envergadura de las inversiones, y al parecer su rentabilidad, podrían hacer pensar que las cosas van por ahí.

Desde una visión de Arquitecto cabe preguntarse si el mundo del ocio y el entretenimiento debe estar ligado a diseños que representen o reconstruyan el pasado, historias, leyendas o copias de ciudades. A mi, me pareció advertir síntomas que nos permiten tener esperanza en que la capacidad creativa del ser humano sigue viva, que las experiencias artísticas del siglo XX han tenido todo su sentido y que la belleza que divierta y atraiga no está en exclusiva en el pasado, sino que permanentemente puede ser descubierta por la inagotable inteligencia del ser humano y que el hombre contemporáneo lo demuestra, día a día, a través de sus nuevas creaciones.

Tras pasear por las ilusorias calles de la Roma clásica o por la romántica Venecia o vivir en la recreación de la pirámide de Keops, visitamos el último y reciente gran hotel: El Mandalay II. El exquisito vestíbulo de este hotel y el buen gusto de su restaurante, atendido con una gran naturalidad, así como su spa, nos marcan quizá, un punto de inflexión en la forma de entender el recreo y la atracción de las Vegas.

También, si observamos las tiendas de esas reconstrucciones románticas, veremos que las más prestigiosas marcas están aquí (Armani, Versace, Gucci, Prada, Louis Vuiton, Hermes, Dior, Mont Blanc, Bulgari, Dona Karann, Calvin Klein, etc.) y todas ellas, por ejemplo, en las calles de la Roma imperial del inmenso Caesars Palace. Bueno, pues ninguna de ellas ha caído en la trampa de concebir su tienda como una casa-romana, un atrio o los aposentos del emperador. Todas ellas, todas, han adoptado ya un diseño radicalmente contemporáneo. Cada una de ellas es una creación, un nuevo "invento". Tal y como describe Ernest Gombrich. "A partir del siglo XX ya no puede concebirse una obra de arte si ella no es una creación antes inexistente…"

A mi, personalmente, me relajó el hecho de ver aparecer estos caminos entre el marasmo de artificios retóricos asociados, de manera descarada y un tanto obscena, con el pasado. Pero reforzando esta apreciación apareció ante nosotros algo trascendente, ya leído en el "Babelia" o en el "Viajar", pero olvidado: el anuncio de la exposición "De Renoir a Rothko" en la sala Guggenheim-Hermitage. Una imponente exposición con una selecta muestra de los pintores de la ruptura con el pasado.

En medio de esta bulliciosa jarana de mundos de ficción, ruletas y bacarrás emergen también hechos como la Guggenheim-Hermitage que ratifica nuestra impresión. La presencia de esta notable representación del arte pictórico del siglo XX en sus diferentes búsquedas y experiencias, desde el Impresionismo al Expresionismo Abstracto, desde Renoir pasando por Cezanne, Monet, Van Gogh, Picasso, Braque, Chagall, Leger, Modigliani, Kandinsky ó Pollock, para culminar en un maravilloso y expresionista Rothko, cada uno de ellos en su propia búsqueda, con su nuevo invento.

No sé muy bien si esta maravillosa exposición, o la Sala Guggenheim Hermitage en sí con un interesante diseño contemporáneo, quiere decir algo o no, pero desde luego lo que sí representa es una desautorización a la copia y reproducción y sí un manifiesto sobre La Belleza y qué es hoy la obra de arte.
 

LEAVING LAS VEGAS. VAMOS A LOGROÑO
por Pepe Garrido

A finales de los años 60 y comienzos de los 70, Robert Venturi y Denise Scott Brown, arquitecto y socióloga, escribieron y publicaron una serie de artículos donde aportaron una nueva e iconoclasta visión de la arquitectura. A la mayoría ortodoxa sólo les convencieron en lo que de conocimiento histórico demostraron, ya que en lo tocante a su propuesta teórica sólo los más jóvenes les siguieron como acólitos.

La tradición y herencia moderna se decantó por las teorías de Aldo Rossi y las realizaciones de los Five Architects neoyorquinos. Algo aburridas para lo divertida que prometía ser la revolución venturiana, con la que hasta de Las Vegas, ciudad del ocio y diversión, se podía aprender.

Acabo de abandonar Las Vegas, y como era de esperar las cosas han cambiado. Las constantes descritas hace cuarenta años, han dejado de serlo.

Fremont Street ya no es la calle mayor del centro, ha quedado descentrada, y sus casinos comparados antes con supermercados, ahora se parecen más a tiendas de todo-a-cien. En un intento desesperado por subsistir ha sido cubierta por una bóveda luminosa de noche y umbría de día, que aglutina al conjunto para dimensionarlo a escala de la competencia del Strip.

Este tampoco es ya la autopista que da acceso al aeropuerto, es la nueva gran avenida que articula la razón de ser de la ciudad, es la nueva calle mayor. El centro se ha desplazado.

En el Strip la doble estructura venturiana, farolas y anuncios, peatón y automóvil, orden y caos, ya no es tan evidente.

La secuencia de farolas queda empañada por la azarosa disposición de las palmeras del Pacífico en la ciudad del desierto. Los anuncios perviven, aunque los hoteles-casino, ampliados, redecorados y densificados, son un anuncio en sí mismos y por tanto los nuevos protagonistas de la calle.

En el Strip, los automóviles tienen la velocidad limitada y los cruces con semáforo consiguen que, salvo en su dimensión, se haya perdido el carácter de vía rápida.

La disposición de edificios continúa fiel al caos, pero la densificación ha llevado nuevos hoteles-casino a ocupar los anteriores intersticios urbanos. Esta nueva proximidad implica una competitividad para ser visto, para ser protagonista y atraer nuevos clientes-jugadores a sus interiores.

El peatón que arriesga y entra está perdido. Ya en el interior la desorientación está buscada y conseguida. Un nuevo orden está patente, el del desorden. Podremos deambular de un casino a otro, por paraísos artificiales, por subterráneos, por alfombras móviles, por pasadizos, con trenecillos, andando… De cualquier manera salvo como se hace habitualmente en las demás ciudades, saliendo de uno para entrar en otro.

En el Caesar's Palace, ejemplo citado por Venturi en sus escritos, los centuriones ya no vigilan el aparcamiento, pues éste ha sido ampliado mediante el levante de un nuevo edificio-garaje; la acumulación de comercios se ha ordenado flanqueando una calle interior romana, cuyo cielo nuboso está pintado en la bóveda de cañón que le da techo. La anterior sensación de intimidad que nos dijo daban las iluminaciones oscuras del interior, ha mutado en un juego de luces que reproducen rápidamente las variaciones que van del amanecer al atardecer, con lo que es el cielo artificial el nuevo protagonista, en sí mismo es un espectáculo más, el visitante está desorientado ante tanta artificialidad, y al final de la calle, no está la salida.

Recientemente han aparecido nuevos ejemplos de vuelta a una relativa ortodoxia, el MGM o el Mandalay, son edificios de lujosa funcionalidad, cuya estridencia está en el tamaño (el MGM es el mayor hotel del mundo) o en el brillo destelleante, y donde la orientación es más inteligible y sencilla. Podríamos afirmar que esta nueva orientación cancela definitivamente el ya caducado tratado de Venturi: "Complexity and Contradiction in Arquitectura".

¿Y Logroño?

Logroño siempre al día. Si hace cuarenta años Venturi establecía paralelismos entre Las Vegas y Roma, nuestro Strip es la carretera de circunvalación. En él se suceden centros comerciales con sectores residenciales, de la más alta y de la más baja densidad, con equipamientos deportivos y asistenciales, con parques y con suelo de futuro incierto aunque previsible.

Esto en la margen Sur, que en la Norte la ciudad ha quedado limitada, zanjada por la trinchera de la carretera.

¿No se parece demasiado al caos?


[Edificio Bradbury. Green and Green]

 


[Buenaventura Hotel. John Portman]

 


[Rascacielos en el downtown de L.A.]

 


[Catedral ante la autopista. Rafael Moneo]

 


[El retablo de Ezcaray en la catedral de L.A.]

 


[Disney Concert Hall. Frank O. Gehry]

 


[Casa Millard en Pasadena. Frank Ll. Wright]

 


[Casa Lowell. Richard Neutra]

 


[Casa Barnsdall. Frank Ll. Wright]

 


[Casa de Rudolph Schindler]

 


[Casa Gehry en Santa Mónica]

 


[Casa de Hitchcock en Beberly Hills]

 


[Casa decorado en Universal Studios]

 


[Morphosis en el downtown de L.A.]

 


[Hotel del Coronado en San Diego]

 


[Fundación Getty. Richard Meier. Acceso]

 


[Fundación Getty. Richard Meier. Maqueta]

 


[Fundación Getty. Richard Meier. Patio]

 


[Salk Institute en La Jolla. Louis Kahn. Patio]

 


[Salk Institute en La Jolla. Louis Kahn. Corredor]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[Zion Canyon]

 


[Bryce Canyon]

 


[Colorado Canyon]

 


[Las Vegas Canyon]

 


[Anuncio en Las Vegas]

 


[Fremont Street]

 


[Grupo de viajeros]
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