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OTROS TIEMPOS OTROS LUGARES 6 - GEOMETRÍA PROFUNDA
Orvieto (Italia) Pozo de San Patricio [1525]
por Jesús López Araquistain

Una de las obras que me resultan más representativas del renacimiento italiano no es un edificio propiamente dicho, ni siquiera una obra de construcción. Se trata de un pozo, de algo que se crea "restando" en lugar de "sumando", es decir, destruyendo en lugar de construir. Es el pozo de San Patricio, en Orvieto, ciudad que alguno recordará al poder verse desde la autopista camino de Roma, asomándose al borde de una meseta.

La pureza de la geometría era el ideal perseguido por la arquitectura durante una época en la que el arte todavía confiaba plenamente en las nuevas ciencias, aunque no siempre las realizaciones respondían a esa pureza teórica. Aquí sí. Imaginemos un largo cilindro hueco, de 58 metros de profundidad y 4'70 de diámetro, rodeado por dos rampas en espiral independientes, de desarrollo paralelo; las paredes de las rampas están perforadas por setenta ventanas. El resultado de asomarse a uno de esos vanos es una perspectiva de multitud de arcos de medio punto, en una fuga vertiginosa.

Esta figura geométrica, tan teórica, responde sin embargo a un implacable razonamiento utilitario. La ciudad, prácticamente inexpugnable en su altura aislada, tenía un punto débil: el suministro de agua. Para garantizarlo debía excavarse un pozo en la blanda tuffa volcánica, obra de la que se encargó Antonio de Sangallo "El Joven". Pensó que el mejor método para extraer el agua sería hacer dos cadenas humanas, una ascendente y otra descendente, que pasarían los cubos llenos o vacíos según el caso. La formalización de ese programa es la elegante figura descrita, de enormes dimensiones para tratarse de un pozo. Jamás fue utilizado para el fin previsto, aunque los peregrinos a Roma o los viajeros extranjeros del Gran Tour lo visitaban con frecuencia como una curiosidad. El pozo de San Patricio, a un tiempo descomunal y sencillo, inútil y práctico, resulta ser un excelente resumen del espíritu renacentista.

Nota al margen

El pozo no es el único atractivo de Orvieto. Su duomo bien merece una detenida visita, y contiene los frescos del Apocalipsis, obra de Fra Angélico, Benozzo Gozzoli y Luca Signoreli. La fachada de Andrea Pisano brillando al sol del atardecer es algo difícil de olvidar. El maestro Francesco Venezia, cuando estuvo entre nosotros hace varios años, nos comentó que estaba empezando un proyecto para un edificio justo enfrente de esa fachada, y cuyo lied motiv era la aparición parcial del monumento en las salas del edificio nuevo, al recortarse en las ventanas. No sé si llegó a construirse, pues mi última visita a Orvieto fue anterior a la conferencia de Venezia, pero lo recordé al tener una sensación recorriendo las salas de la Casa de los Periodistas.