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DEL DIRECTOR
por Juan Diez del Corral

Cada vez que vamos de viaje por el mundo a ver arquitecturas, el Colegio deja caer la sugerencia de que hagamos alguna exposición con los materiales recogidos, -como en aquellos viajes que se hicieron a Berlín y Estocolmo. El problema es que, aunque parezca sencillo, hace falta que alguien le dedique mucho tiempo al asunto, y como Josemi no viene ultimamente a los viajes (y a este último por declaración expresa y rotunda), y josemis no abundan, pues habrá que conformarse con los cuadernillos “hastalaCocina”. En la fiestecilla que siempre hacemos de vuelta de los viajes para ver y cambiar cromos, ultimamente les pido a los viajeros,  no sólo fotos, sino también artículos, y ya veis el éxito: ¡esta vez ni me han dejado hueco para mí!. Según se desprende de su lectura, no sólo por la vía de los santos arquitectos (Kahn, Moneo, etc) se pueden tener visiones extrañas ¡y hasta encontrar a Dios!, sino que ahora resulta que es la ciudad del pecado y la falsedad extrema (justo esa que hacía rechazable este viaje)  la que más reflexiones arquitectónicas desencadena. Curioso.

Para completar el panorama de lo que fue el viaje, he puesto de mi cosecha las fotos de los tres grandes “canyons” que visitamos, magníficas arquitecturas de la erosión “a una escala americana”. Y hablando de escala, dejo caer aquí tres notillas del viaje sobre este gran asunto arquitectónico: 1) Wright sorprende siempre al natural porque la escala de sus casas es humana y no americana; 2) el Gehry de Los Angeles es muy superior al de Bilbao, no sólo porque tiene una función mejor adaptada, y  por el divertido recorrido montañero que ofrece al paseante entre sus desfiladeros y acantilados de chapa sino también porque su escala es mucho más urbana; y 3) Moneo sigue sin saber lo que es la escala, así que, entre otros muchos aspectos lamentables de su catedral (acceso, capillas laterales, cripta, decoración, iluminación, materiales, etc.) alcanza el nivel de lo ridículo en la fachada a la autopista de Hollywood, por no atreverse a plantear el principal reto que ese proyecto tenía.

Este hAll trae también un par de congratulaciones por el Galardón de las Bellas Artes a Gerardo Cuadra, recompensa o reconocimiento que seguramente tiene mucho que ver con la exposición que organizó Josemi no hace dos años en la sala Amos Salvador y que dio pie al primer hC del elhAll de esta séptima época (publicación que quiero creer  que no tendrá nada que ver con la concesión del galardon). Enhorabuena pues también a Josemi, quien con motivo de tener que preparar otra exposición sobre Gerardo en el primer piso del Parlamento, ha elegido una sobria combinación de fotografías y maquetas que da una imagen, yo diría que, elegante, de una obra que en nuestro gris panorama urbano se percibe por lo general, más contaminada.

Así pues, el Galardón de las Bellas Artes a Gerardo cabe interpretarlo, además de como un premio a Josemi, como un motivo de felicitación para nuestra profesión. El propio Gerardo nos comentaba con cierto gracejo en la última Comisión de Cultura (a la que, por cierto, ya no viene casi nadie) que debió de haber muchas dudas entre los sesudos sabios que dan el Galardón por tener que sacarlo del ámbito de la pintura y la escultura (¡!). Así estamos...  Además de escuchar esa jocosa confidencia, los cuatro que estábamos en la comisión disfrutamos de lo lindo viendo que el galardón le había sentado a Gerardo de maravilla, pues por el discurso que estaba preparando para el acto de la entrega vimos que, más que complacencia, le había producido un gran estímulo para la crítica de nuestro panorama cultural, y para la defensa de la arquitectura. Puesto que el cierre de esta edición es anterior a la ceremonia oficial de la entrega, no lo puedo ofrecer aquí pero, como le dije a Gerardo al salir de la comisión, nada me gustaría más que ofrecer esas reflexiones suyas a los lectores de elhAll. Que en el nº 82 las veamos.