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PISTAS
por Juan Diez del Corral

Tras el sorprendente atentado de los aviones de pasajeros estrellados por unos musulmanes contra las torres gemelas de Nueva York, el gobierno de los Estados Unidos pidió a los guionistas de cine que, para evitar atrocidades tan horribles y poder prevenirlas, les escribieran acerca de todo tipo de salvajadas imaginables por el hombre moderno. La solicitud debió de estar motivada, sin duda,  por el comentario general de que, al ver los atentados, muchos pensaban estar viendo una película. Por ser el cine el invento que ha contribuido de un modo definitivo a mezclar y confundir realidad con ficción, los gobernantes les exigían ahora su contribución para volver a poner las cosas en su sitio.

Ignoraba la administración Bush que los arquitectos tenemos mucha más imaginación y anticipación que los guionistas, como lo demuestra, por ejemplo, la propuesta para un "monumento de la aviación" en Melbourne imaginada en 1979 por el colega neoyorquino Raimund Abraham, cuya imagen se adjunta. E ignoraba también que, puestos a crear confusión en la escena urbana, llevamos décadas de adelanto: si llega a sus manos el último ejemplar de la "Arquitectura Viva" de Galiano (cuya imagen de portada también se muestra) los departamentos de seguridad norteamericanos ya pueden empezar a investigar sobre la pista de que los terroristas deben estar trabajando en inflar moléculas sin límite para engullir por aplastamiento las casas y calles de la ciudad.

Encerrados en casas blancas, capitolios tartas y pentágonos de ingeniería, los gobernantes americanos desconocen que entre el cine y la arquitectura hay desatada desde hace tiempo una feroz competencia por cargarse la ciudad. Si el cine convierte las casas en decorados, van los arquitectos y convierten las fachadas en muros ciegos. Si los arquitectos abandonan las calles por inhóspitas (y se las ceden a los ingenieros), van los cineastas y, para fastidiar, convierten la conducción por las autopistas en los momentos más maravillosos de la vida (con la ayuda, eso sí, de una chica guapa y buena música). Si los guionistas imaginan edificios retorcidos por la destrucción, van los arquitectos y los hacen igual de retorcidos, pero por la construcción (o por la "deconstrucción", que queda más artístico). Y así sucesivamente.

La única diferencia es que mientras en el cine, los beneficios de la pelea son para las propias empresas del cine, en la arquitectura, el negocio lo hacen las publicaciones del sector, amén de los divos, que esos ganan siempre. No hay más que echar un vistazo a la revista mencionada para darse cuenta de la jugada: mientras su director escribe una pamema de editorial sobre lo mal que va la arquitectura por estos derroteros, no sólo le da luego a los engendros todo el protagonismo de sus páginas sino que más adelante nos presenta un nuevo producto de su empresa editorial, "av proyectos" para que nos enteremos de quien es el que gana con el espectáculo de la destrucción urbana.

Lo de Raimund Abraham también tiene también su gracia. La publicación que contiene su proyecto de avión hibridado con una gran masa vertical del tamaño de un rascacielos (encontrada por casualidad entre la bibliotecaria del COAR y yo en la operación de catalogación que está llevando ella a cabo), editada por el Colegio de Arquitectos de Madrid en 1983 con el título de Raymund Abraham, Un Arquitecto Visionario", tiene unos articulitos laudatorios de los "expertos" Alberto Campo Baeza y Kenneth Frampton que en aras de la coherencia de mi argumentación y del propio regocijo del lector inteligente no puedo dejar de citar.

Campo: "En el momento actual (¡cuán largo se hace ya este tiempo!), en que, frente a una asfixiante producción carente de ideas, se opone, cual canto de homéricas sirenas, una muy atractiva avalancha de palabras tan alejadas de la realidad que estando cerca de las estrellas se acaban estrellando al ponerse en contacto con dicha realidad, la obra de RAIMUND ABRAHAM se aparece como solución (nunca la única) al dilema planteado. Sus profundas ensoñaciones tienen la capacidad de convertirse en realidad". (lo de "nunca la única" debe de hacer alusión a que él también tenía soluciones en la cabeza).

Frampton: "Frente a la despiadada arquitectura de Peter Eisenman, que siempre incorpora simbólicamente dentro de sus permutaciones sintácticas algunas facetas de catarsis y culpa, los proyectos visionarios de Raimund Abraham son siempre liberadores".

Y Bush sin enterarse.