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GRANDES PROYECTOS URBANOS
por Juan Diez del Corral

En la semana del 4 al 7 de mayo de este año, el Lincoln Institute de la Universidad de Cambridge (Massachusset), la Universidad Carlos III de Madrid y los departamentos de Geografía de las Universidades de La Laguna y Las Palmas de Gran Ganaria, organizaron un reducido curso-simposio en Tenerife sobre el controvertido tema de los GRANDES PROYECTOS URBANOS (en adelante GPU), al que tuve la suerte de ser invitado por el Catedrático de Geografía y vicerrector de la Universidad Carlos III, Guillermo Morales Matos, -a quien los coleccionistas de elhAll pueden recordar como autor de un largo artículo publicado en elhAll nº 10, de octubre de 1995, titulado "Reflexiones sobre la ordenación urbanística del suelo rústico o suelo no urbanizable en España". Media docena de ponentes con gran experiencia en proyectos urbanos impartieron una serie de densas conferencias a poco más de una docena de asistentes que, excepto en mi caso, estaban invitados por tener en sus manos la responsabilidad o el seguimiento de algún GPU que, durante el simposio, tendrían también que contarlo a los demás.

Como la encargada de poner orden en el simposio, la geógrafa Luz Marina García Herrera, para aclararse un poco sobre la justificación de mi presencia, solía usar conmigo el lamentable eufemismo pedagógico de "transversal", voy a tratar de ejercerlo a posteriori haciendo una crónica-valoración de lo allí expuesto (y de lo que yo pude aprender), no tanto para lavar mi mala conciencia de intruso como para ilustrar al lector de elhAll sobre el asunto de los GPU que, aquí mismo, en Logroño, es de plena actualidad por el tema del soterramiento del ferrocarril y por el uso de los terrenos de gran centralidad urbana que hasta ahora ocupan las vías de la estación.

¿Qué es un GPU?

Como en las Escuelas de Arquitectura ya se enseñará lo que es un GPU, me da un poco de apuro competir con el mundo académico ofreciendo una definición de este tipo de intervención sobre la ciudad que, por gestarse justamente en los setenta, todavía no se impartía en las aulas cuando yo pasé por ellas. Lo que sí es cierto, es que algo del debate de la crisis del planeamiento urbanístico basado en el zoning, los standards, y la ausencia de propuestas formales (arquitectónicas) de los planes, ya se empezaba a respirar en la Escuela de Arquitectura de Barcelona por entonces, pues precisamente el Laboratorio de Urbanismo de la escuela, que dirigía Manuel Solá-Morales, era a la sazón uno de los pioneros en la búsqueda de esa herramienta operativa de intervención en la ciudad a mitad de camino entre el urbanismo y la arquitectura. Mientras que por un lado, el urbanismo de manchas parecía haber caído en una abstracción excesiva e inoperante para la incorporación de grandes infraestructuras viarias o de servicios, y por el otro, las renovaciones tipológicas de la arquitectura cada vez estaban más faltas de referencias urbanas, la idea de que la ciudad pudiera, si no crecer, sí por lo menos curarse de sus zonas más degradadas y confusas, mediante grandes proyectosviarios-urbanísticos-arquitectónicos, parecía ser la piedra filosofal de un urbanismo renovado y más operativo.

Descubierto para la disciplina académica el invento, las experiencias concretas habrían de ir dándole historia, enseñándonos, como con toda nueva técnica, sus virtudes y sus peligros. Ignoro si los manuales de Urbanismo incluyen ya una historia de ese tipo pero en todo caso, el curso-simposio de Tenerife ofreció de modo directo, un buen muestrario, y de modo indirecto, múltiples alusiones a otros muchos casos.

Con todo ello, cabe decir que la figura de los GPU no está aún lo suficientemente reconocida pues el Lincoln Institute, con una metodología muy a la americana, planteó como cierre del simposio un interesantísimo torneo entre partidarios y detractores de los GPU, (en el que, por cierto, participé como detractor), sobre el que volveré para cerrar esta crónica.

Precedentes notabilísimos

En cualquier caso, es preciso señalar que antes de la década de los setenta del pasado siglo, en la que, como he dicho, cabe fijar su nacimiento, muchas otras intervenciones sobre la ciudad orgánica o sobre la ciudad planificada ya habían tenido lugar, con unas características parecidas a nuestros GPUs, esto es, a medio camino entre la alteración o confección del plano de la ciudad y el proyecto arquitectónico circunscrito a su solar.

Leonardo Benévolo ha contado muchas de ellas en su siempre encomiables Historia de la Arquitectura del Renacimiento, Historia de la Arquitectura Moderna y la colección de cinco volúmenes sobre el Diseño de la Ciudad. Y así, el gran ciclo de obras públicas que transforman Florencia a finales el siglo XIII bajo la supervisión de Arnolfo di Cambio, podría considerarse como uno de los primeros GPUs de la historia (véase Diseño de la Ciudad vol. 3, pag 143 y ss). Con niveles más modestos de intervención aunque a veces más profundo alcance en sus resultados, todas las obras arquitectónico-urbanísticas recogidas en el capitulo "Hacia la Ciudad Ideal" del vol I de la H. de la Arq. del Renacimento, podrían a su vez entenderse como primitivos GPUs, precedentes todos ellos de la gran transformación que sobre la decrépita Roma del cuatrocento organizaron los papas del cinquecento desde la llegada al solio pontificio de Julio II en 1503 hasta el papado del gran urbanista Sixto V, con la intervención de artistas tan de primer línea como Miguel Angel Buonarroti, Bernini, etc -proceso mejor contado en este caso por el gran Wolfang Braunfels en su impagable tratado titulado Urbanismo Occidental (Alianza Forma, ed 1987 pag 279 y ss)

El gran éxito propagandístico de la operación papal sobre la ciudad de Roma, con el relanzamiento de la religión católica apostólica por los siglos de los siglos, es el primer indicio de que los GPUs van a ser, en origen, un mecanismo mediante el que hacer de la ciudad no tanto el lugar habitable de un grupo humano (urbs, civitas y polis) sino el espacio de representación del poder. Y también que el papel protagonista de los artistas más originales y creativos va a aparecer ligado a este tipo de operaciones desde sus orígenes, para asegurarse, si no el éxito urbano, sí el de hacerse con un importante hueco en la colección mundial de arquitecturas.

Como en mi ánimo no está el ser exhaustivo ni erudito, daré un salto en este rastreo de los orígenes de los GPUs hasta las famosas operaciones de sventramento del siglo XIX, entre las que, sin duda, sobresale la del barón de Haussman sobre París. Al miedo del poder a la comuna, y a la utilización de las reformas urbanísticas para adecuar la ciudad a los mecanismos de represión del poder, es decir, para que el poder siga representándose en ella y la ciudad sea su espacio propio y no el de los ciudadanos, se añadirá ahora un nuevo componente que a partir de este momento va a estar indisolublemente ligado a todo GPU: la generación de un importante paquete de plusvalías económicas como motor de la operación.

Durante el siglo XX, de la mano de algunos arquitectos visionarios aparecen algunos proyectos integradores de la trama urbana y la edificación que tienen más de ensoñaciones arquitectónicas que de GPUs. Me refiero, entre otras, a las propuestas de Le Corbusier hechas desde el avión para Río de Janeiro, Sao Paulo y Montevideo (1929) o Argel (1930), (véase el interesante Le Corbusier de Carlo Cresti, ed Nauta, Barcelona 1971) o las megaestructuras de Archigram, Kenzo Tange, etc. divulgadas por Reyner Banham en su conocido libro así titulado, "Megaestructuras" (GG 1978). A pesar de su megalomanía, o quizás por ella, no deben de entenderse como GPUs, aunque de algún modo pudieran considerarse como precedente de los muchos menos visionarios shoppings centers o heron citys que vienen acosando últimamente a nuestras ciudades desde el exterior.

A pesar de su enorme trascendencia como sistema de irrigación de los tejidos urbanos existentes, tampoco cabría considerar como GPUs a las grandes obras de infraestructuras, autopistas y circunvalaciones, de entre las que fue pionero el plan de autopistas de Nueva York de los años veinte, derivado del plan de aparcamientos de Robert Moses. De aquellas autopistas surgió una metástasis urbana entre Boston y Washington DC en forma de megalópolis, y no un grupo de arquitecturas simbólicas, unos nuevos centros urbanos, o unas operaciones económicas más o menos acotadas, aspectos todos ellos que serán consustanciales en la definición de un GPU.

El caso Barcelona

Pero dejemos los antecedentes y volvamos a la actualidad. No es extraño que habiendo sido Barcelona la cuna del invento de los GPUs fuera así mismo una de la primeras ciudades beneficiadas a nivel mundial por su utilización, consiguiendo gracias a ello ser la única ciudad del mundo que ha sido reconocida por el premio anual de arquitectura del RIBA. Tal y como he contado en El Retablo de Ambasaguas (ed COAR pag 97), algunas ciudades como Nápoles hasta organizaron simposios con gentes próximas al fenómeno para tratar de aprender cómo se podía hacer algo parecido, y urbanistas como Eduard Bru, entonces director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, les explicaron algunas de las claves del éxito. Lástima que tipos como el antropólogo Manuel Delgado o yo mismo, fueran también invitados al simposio para empañar con lecturas distintas de Barcelona y de la ciudad en general, los brillos olímpicos de los artistas mundiales convocados por los socialistas catalanes y españoles en torno a los juegos olímpicos de 1992 (véase Conferencia de Nápoles, rev Astrágalo; o "Barcelona, del seny al disseny" artículo inédito contenido en el libro también inédito "Una Voz en un Lugar").

Y lástima también que los éxitos durasen lo que tardan en apagarse las candilejas de la representación, porque al poco tiempo de los fastos, las vías rápidas de circunvalación ya estaban colapsadas, la villa olímpica tenía el aspecto de un pobre museo de arquitecturas de autores locales en materia de vivienda sin cuajar en ciudad, y las Ramblas habían vuelto a retomar su aire chabacano de siempre.

Pero como capital del invento, Barcelona, gobernada por los mismos "socialistas" de entonces, en vez de repensarse sus virtudes y sus peligros, y ponerse al día en los grandes problemas que parecen cada vez más evidentes en la relación de la ciudad con su área metropolitana, le ha cogido gustillo a los GPUs y a sus premios, y los ha vuelto a poner en marcha en la operación de Diagonal Mar, con un racimo de obras simbólico-especulativas en su arranque de la Plaza de las Glorias, y con otras, no menos llamadas a entrar en las historias de la arquitectura, en ese final de feria llamado Forum de las Culturas.

El arquitecto y profesor de la Escuela de Barcelona, Joaquín Sabaté Bel, en una larga ponencia titulada Luces y Sombras del Modelo Barcelona, nos habló en Tenerife largo y tendido de todo ello, tratando de decir con cierto tono de denuncia, o cierta melancolía, que lo que pudo ser ejemplar en el 92, empezaba a ser corrupto en el 04. Amén de las crisis del modelo de gestión que llevaron a la renuncia del equipo redactor por la desaparición, entre otras cosas, del 30% de los aprovechamientos destinados a vivienda pública, el urbanismo de Diagonal Mar, dijo, muestra un proceso fragmentario, opaco, y mesiánico, que a la postre no hace sino dejar sembrada Barcelona de unos cuantos objetos autónomos más o menos interesantes. Para acabar, Sabaté remachó su sermón con una frase tan propia de la ignorancia de nuestros tiempos en materia de arquitectura, que yo no pude sino saltar del asiento: "actualmente, dijo, en Barcelona se está construyendo arquitectura y no se está haciendo ciudad".

Digo que me indigné porque yo nunca llamaré arquitectura a aquello que no haga ciudad. Y quien siga más o menos la trayectoria de mis escritos sabe muy bien por qué aborrezco a todos esos nombres de artistas que inundan y corrompen el panorama mundial de la arquitectura, empezando por mi maestro R. Moneo.

Lo que pasa es que si la ciudad es, una vez más (y para algunos), el espacio de representación del poder, no es cierto que los edificios de Diagonal Mar no hagan ciudad. Los pirulís, filigranas, compacidades, tersuras, o lo que sean, de Nouvel, Hadid, Herzog y de Meurón, Zaera y el sunsun corda hacen la misma ciudad que hacían Miguel Angel y Bernini para los papas, pues toman a la ciudadanía como fieles o espectadores de sus fastos. Dado que la ciudad es polis, hay que aceptar que el poder tenga su espacio en la ciudad, pero cuando los únicos espacios propios de la ciudadanía son ya la televisión o la autopista, la ciudad no exhibe más que arquitecturas del poder. Es decir, de la Historia. Y a diferencia del urbanismo tradicional de tejidos y arterias, los GPUs son auténticos trampolines de ese tipo de ciudad y de sus "arquitecturas". Y por eso, los GPUs de la Barcelona Olímpica y los del Forum son el mismo invento, por mucho que algunos traten de añorar los primeros por el casticismo local de su cerebro creador y de sus arquitectos colaboradores, frente a la poca simpatía de un tipo como Acevillo que ha preferido a los arquitectos galácticos.

Pero los GPUs en Barcelona no se paran en Diagonal Mar y el propio Sabaté y la arquitecta salvadoreña Ingrid Olivo, profesora también en Barcelona, nos adelantaron cifras del plan llamado 22@BCN que es todo un GPU ideado para transformar el Pueblo Nuevo en una ciudad de las Tecnologías, la Información y las Comunicaciones, como se dice ahora. Es decir, para mover dinero sin freno (y sin crear ciudad) en lo que fuera ese gran territorio pequeño empresarial situado entre la autopista a Mataró y el mar que se ganó merecidamente el sobrenombre del Manchester español.

Jerga, gestión política, economía y perspectivas mundiales

Pero antes que Barcelona tomara su lógico protagonismo, el ponente general del curso-simposio de Tenerife y miembro del Lincoln Institute, el arquitecto salvadoreño Mario Lungo, ya nos había ofrecido en la lección inaugural una perspectiva mucho más amplia (diríamos que "globalizada") de la jerga que van acuñando los GPUs por el mundo, un panorama de los cursos que el Lincoln Institute va impartiendo igualmente por uno u otro continente, y un resumen de las importantes implicaciones económicas o estratégicas que los GPUs poseen. Implicaciones estas últimas tan importantes que, maliciosamente, me llegué a preguntar si tras el interés de una institución universitaria norteamericana por saber el estado actual de los GPUs en España no estaría ese Gran Hermano que todos vemos siempre en la tenebrosa Central de Inteligencia Americana que todo lo sabe o lo debe saber.

Operaciones como la reutilización de Grandes zonas militares y portuarias en el estuario del río de la Plata, el conjunto de acciones de nivel intermedio pero de gran impacto en Rosario, los fracasos de gestión para un nuevo aeropuerto en México DF, el caso del aeropuerto Cerrillo en Santiago de Chile, los planes de rehabilitación de cascos urbanos de gran valor histórico como La Habana, Quito, Cartagena de Indias o México DF, los grandes centros vacacionales de América Latina, tipo Varadero, Cancún, Punta Cana, etc., los planteamientos sociales o estratégicos de los nuevos transportes colectivos como el metro de Caracas o el Transmilenio de Bogotá, etc. etc. nos llevaron por un rato al otro lado del Atlántico en un territorio donde ciudades más abiertas y con mayor disposición de grandes espacios, parecen más propicias para los GPUs, aunque la atomización de poderes o la falta de instituciones metropolitanas, parecen ponerlos en crisis. Europa y Asia quedaron fuera de programa, con lo curioso que sería por ejemplo estudiar el caso de Londres, una ciudad más abierta y vulnerable a los GPUs, con operaciones en marcha tan notables (y lamentables, según hemos podido comprobar en un viaje reciente) como la de los Docks.

Por ello que, más que la erudición, me llamaron la atención algunos de los términos de la jerga que, a la postre, constituyen el acerbo más decantado de este nuevo saber urbanístico. Las más importantes y repetidas eran las palabras "apuesta", "competición", "vocación futura" y hasta "destino". Por lo visto, las ciudades han dejado de ser para siempre lugares concretos llenos de vida e historia para convertirse en entes de poder que "apuestan" y "compiten" entre sí o que preparan su "vocación futura" y hasta "proyectan su destino". Unos torneos en los que las armas más actualizadas parecen ser los GPUs.

Pero nada hay más loco y contradictorio que hablar de "vocación futura" o de "proyectar el destino" porque, por definición, la vocación es el descubrimiento de lo que nuestra naturaleza ha puesto ya en nosotros, y el destino es lo que ya "está" escrito y no lo por escribir. Así que una vez más se nos aparece ante el entendimiento que la fascinación, uso y abuso de una nueva técnica operativa, no es sino otra muestra de la enajenación de nuestra cultura y del vaciamiento del lenguaje.

El vocablo "competición" parecería mucho más sencillo de entender y más ajustado de significados, pero tampoco. Ya no sólo en los periódicos sino también entre los expertos urbanistas del propio curso-simposio se hablaba una y otra vez de la competición entre ciudades; así que para incordiar un poco y romper esos consensos cretinos que se forjan sobre la repetición de términos manoseados yo vuelvo a preguntar: ¿a qué tipo de competición se hace referencia?

Para empezar, la competición no es limpia porque las ciudades nunca juegan entre sí en campos neutrales. Como entes políticos, las ciudades ocupan uno de los peldaños inferiores en la escala de los sujetos políticos en los que se organizan las sociedades humanas, por debajo de las provincias, los gobiernos territoriales, los estados, las federaciones de estados o las sociedades de naciones. De modo que la injerencia de todos los entes políticos superiores en la competencia entre ciudades convierte el juego en una carrera por ganarse los favores de los entes superiores. Sin ir más lejos, las concordancias o divergencias de los colores políticos entre los gobiernos locales y los regionales es una de las pruebas más claras de lo turbio que es este juego (como muestra, leo hoy en el periódico que la emergente Valencia del PP anda a la greña con el nuevo gobierno central del PSOE porque después de conseguir ser sede de la Copa de América, ahora se ve sin el apoyo económico del Estado...).

La injerencia de los Estados sobre las Ciudades podría decirse que es fundacional, pues los Estados Ilustrados se constituyen mediante el robo a las ciudades del título de ciudadanos que daban a sus moradores. La ciudadanía pasó a ser entonces una carta de derechos y deberes otorgada por los Estados y no una condición de enraizamiento de los hombres en los organismos urbanos. El nuevo ciudadano resulta ser el no-ciudadano, o el trans-ciudadano, asunto este que tiene unas connotaciones jurídicas y penales de gran calado que no voy a tratar aquí, pero que apunto simplemente para poner de relieve la diferencia entre el viejo régimen punitivo del "destierro" y los modernos y lamentables sistemas penales de "encierro". (véase al respecto la rev Archipiélago n. 55, carpeta dedicada titulada Prisiones de la Miseria). Los Estados son auténticos vampiros de la ciudades, de modo que la famosa "competencia" política entre ciudades no es otra que la de ganarse los favores de su nuevo señor.

Ahora bien, entendidas las ciudades como mercados de suelos con posibilidades de ganancias para el capital, la competencia pudiera entenderse bastante lícita, aunque a todas luces desoladora, porque una visión meramente económica de la ciudad es lo más simple y bajo en lo que se puede caer.

En el marco del curso-simposio de Tenerife, el ponente general de "economía urbana" era el otro miembro del Lincoln Institute, Paolo Sandroni, un economista brasileño muy simpático con el que no aprendimos mucho de economía, pero que nos deleitó los desayunos, comidas y cenas con una nutridísima y variada gama de peripecias personales y urbanas por todo el continente americano.

En la jerga económica-urbana de los GPUs, aparecen asuntos macro y micro, temas de impuestos y tasas muy complicados por las competencias de las distintas administraciones y por las delimitaciones de los conceptos impositivos; cuestiones sobre el reparto de las cargas de los GPUs y las dudas sobre si esas cargas deben ser asumidas por toda la ciudad o sólo por el área concreta en que se produce; reparto de las plusvalías generadas mediante nuevas tasas sobre los beneficios de la operación (una cosa llamada Tif Tax Incrementing Financing); o el debate sobre los porcentajes de compensación de los desequilibrios urbanos extremos, entre las plusvalías de los inversores y los barrios más miserables.

Es curioso que cuando se habla de algo tan sencillo como el dinero contable, los problemas urbanos se hacen más incomprensibles. Es una demostración más de que el dinero no es lo más concreto, sino lo más abstracto (el Abstracto Máximo o el Dios más Progresado, que dice Agustín García Calvo con singular acierto; véase "de Dios" ed Lucina). Así que, perdidos como estábamos en la maraña de conceptos económicos, Paolo Sandroni nos rescató de la confusión contándonos algunos GPUs en Sao Paulo, como el caso de Aigua Branca o el de Faria Lima, donde pudimos ver que el juego de poderes, inversores, reivindicaciones sociales, periodismo, transporte, etc. tenía más parecido con el guión de una película de Hollywood que con un tratado académico de correcto urbanismo. Eso sí, con un ingrediente económico de "gran ingenio" como era la puesta en práctica de una cosa llamada los C-PAC que consistía en la venta anticipada de "papel" de los metros cuadrados construibles del GPU a fin de que la administración municipal tuviera "plata pública" para acometer las obras, en vez de sólo compromisos. Aunque a la postre, Sandroni escenificaba el "izquierdosismo" de las administraciones latinas con las que él colabora, como ese momento clave de la película cuando el buen funcionario le clava el puñal en el pecho al empresario promotor del GPU, y se lleva parte de su botín para los pobres.

Los casos de Madrid

Pese a la prioridad protocolaria hacia Barcelona, por ser la ciudad estrella de los GPUs, los casos de Madrid tuvieron un gran protagonismo en el curso-simposio de Tenerife, con dos largas conferencias de Jose María Ezquiaga, arquitecto y sociólogo, con un dilatado curriculum en la administración de la ciudad y de la comunidad de Madrid, y en cargos políticos de responsabilidad durante los gobiernos socialistas, pero que ahora parece haber orientado sus saberes hacia la gestión de GPUs.

Con un discurso veloz y bailarín, nos enseñó Madrid con cientos (o miles) de imágenes perfectamente ordenadas como en un guión de documental televisivo. Así que no era fácil tomar notas o hacerse una idea de si el modelo de Madrid tenía todavía más que ver con un planeamiento integral y metropolitano, coherente e integrador, o con un consumo abierto y desaforado de suelo en el que los GPUs campearían a sus anchas.

Aunque no está en mi ánimo transcribir su conferencia, sí que haré una sinopsis de algunas notas que tomé y de algunos temas que entresaqué de su discurso vertiginoso.

Entre la forma de hacer urbanismo del Plan General y los GPUs, un desdoble del que ya prácticamente todo el mundo parece concienciado, el Madrid democrático ofrece a su juicio unas etapas urbanísticas bastante concretas:

1. Entre 1979 y 1981 aparición de los convenios y de planteamientos de un urbanismo defensivo.

2. Entre 1981 y 1985, “apuesta” por la recuperación de la ciudad existente. Operación Atocha (por cierto, la fascinación de Ezquiaga por ese proyecto y sobre todo, por la elección de Atocha como lugar emblemático de los atentados del 11-M me pareció algo patológica, si bien desconozco las causas; como se fue corriendo al acabar su segunda conferencia no pude recetarle la lectura del hC16 a ver si se le curaba un poco; en cualquier caso lo tiene en la página del COAR en internet)

3. Entre 1985 y 1992 etapa de transformación urbana profunda con introducción de criterios de rentabilidad económica (o caja cero)

4. Entre 1992 y 2001 reestructuración metropolitana con la apertura de la ciudad al territorio circundante mediante un gran inversión viaria.

5. Entre 1998 y 2003 aparición de nuevas centralidades suprarregionales.

Consecuencias graves de todo ello han sido la gran explosión en el consumo de suelo y la pérdida de oportunidad de regeneración interior. Entre 1975 y la actualidad, prácticamente se ha duplicado el suelo urbano mientras que la población se ha mantenido más o menos estable, lo que da pie a pensar en un enorme despilfarro de energías. Por lo que respecta a la ciudad anterior al 75, el inicial esponjamiento poblacional producido no ha tenido correlación con un esponjamiento físico posterior, por lo que en sus barrios menos favorecidos ha sido recolonizado por la oleada de inmigración de los últimos años, produciéndose una degradación difícil de reconducir. En expresión de Ezquiaga, el crecimiento acelerado ha ido dejando "cadáveres en el armario" que, en mi interpretación, parecen ser carne de cañón de GPUs.

Hechas las lecturas globales, el ponente pasó a contarnos dos GPUs, uno realizado, el del Pasillo Verde de Príncipe Pío, y otro en gestión (y en sus manos): el de la Operación Chamartín.

El del Pasillo Verde de P. Pío parecía consecuencia directa de una serie de reivindicaciones ciudadanas, con lo que la administración socialista actuante tenía el éxito asegurado a menos que se apartara mucho de sus demandas. Un caso parecido al que dos días atrás Sabaté había contado de Sabadell con un entusiasmo tan encendido que me vi en la necesidad de apagarlo en base a la pobre impresión que a mí me había producido en una reciente visita a esa ciudad. Del Pasillo Verde no puedo hablar mucho porque no lo he visitado. En cualquier caso, no parecía dar mucho juego.

Así que Ezquiaga concentró sus esfuerzos en tratar de vender al auditorio las ideas rectoras de la Operación Chamartín y a explicarnos todos los pormenores de ese GPU con todo lujo de detalles.

En tanto que Madrid es una ciudad en la que no es fácil orientarse, la continuidad norte de la Castellana debe de entenderse como una buena decisión para la legibilidad de la ciudad. Agarrándose a ese argumento, Ezquiaga pretendía para la Operación Chamartín, algo así como su incardinación genealógica con los proyectos de Secundino Zuazo primero y de Pedro Bidagor después, en las sucesivas ampliaciones de la Castellana. El asunto moral de la Operación Chamartín estaba en cuantificar cuanta vivienda social podría meterse en su delimitación. Y el prestigio arquitectónico de los edificios se había confiado a la emergente firma del equipo de Abalos y Herreros, abandonando así los planteamientos de una primera operación movida por el BBV y el último gobierno del PSOE, con Mercé Sala como maquinista de la RENFE, en el que la estrella invitada había sido Ricardo Bofill.

Pero como no estábamos por aplaudir ni abuchear un proyecto cargado de buenas intenciones (y miles de millones), y uno de los asistentes, el arquitecto Juan Manuel Lázaro Pérez Toledo venía con ganas de dar caña al pelotazo, perdón GPU, de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, el interés derivó en analizar un caso bastante claro en que un GPU no es otra cosa que una cobertura más o menos racional para una gigantesca operación de dineros sobre el palé de la ciudad, con la invitación de los más brillantes arquitectos mundiales de rascacielos. El asunto aún anda sub judice, así que ahí lo dejamos.

Bilbao, ay como has cambiao

Bilbao ya no eres el de antes, que decía la canción. Los grandes espacios portuarios aguas arriba del puente de Deusto y los de los astilleros de Euskalduna, aguas abajo, han intentado ser utilizados, después de la gran crisis de la industria pesada, como el motor de arranque de un nuevo Bilbao. Lo más espectacular en este caso fue empezar por el postre, esa tarta de titanio que ni el arquitecto que la pensó se creyó que podía hacerse realidad. Pero más difícil es hacer un barco de hierro y que flote y no le entre agua, y los bilbaínos habían hecho muchos allí mismo. Lo que nunca habían hecho es un GPU tan grande y ambicioso, y por las cuentas que nos echó la última ponente, la economista Arantza Rodríguez, así así va la cosa.

Para empezar, Rodríguez denunció el exagerado marketing que se ha hecho con el caso Guggenheim, y la fantasmada de hablar del "milagro Bilbao" cuando en realidad la capital vizcaína no es sino un "late comer" en esto de las revitalizaciones urbanas, pues ciudades como Pittsburg, Baltimore o Birmingham hace años que ensayaron las suyas por el mismo procedimiento.

Pero no se quedó ahí y atacó al meollo de los GPUs diciendo que en el fondo éstos no son sino una degradación de la política urbana, transformada en gestión local de la economía globalizada.

Con un estilo un tanto "alegre y combativo" (algunos recordarán lo que significa eso en la política euzkadiana) fue corroyendo el brillo de las gestiones de la sociedad gestora "Bilbao ría 2000" sin dejarse en el tintero ni al tranvía, al que calificó de artefacto torpe y lioso en el actual viario bilbaíno. Lo que más me sorprendió, sin embargo, fue el fracaso de los dos rascacielos de Abando Ibarra que querían a ser la punta de lanzamiento de Bilbao como la gran capital financiera del norte de España. Según sus datos, ninguna multinacional había querido instalarse en las torres de Pelli (¿o eran de Pei?, no me acuerdo) y viendo que el brillo de los muros cortinas parecía empañarse, también la potente diputación vizcaína había renunciado a instalarse en el rascacielos reservado para ella en ese nuevo centro de gestión llamado al fracaso. En consecuencia y para salvar los muebles, vivienda de especulación, shopping center y tira palante con los hoteles. Al final, solo el turismo parece que responde, aunque las cifras de visitas van lentamente decayendo.

Entre los asistentes, sin embargo, no todo era amén, pues el arquitecto Víctor García Oviedo, que había trabajado en diversas fases preparatorias del Plan de Bilbao a comienzos de los ochenta, pintó con tintes mucho más negros la realidad de partida: Bilbao era una ciudad hundida, y fantasmadas aparte o inclusive (muy propias de los bilbaínos), no se debería hablar tan mal de los esfuerzos realizados por sacarla del fango.

Lo que no quedó claro es dónde efectivamente se habían producido esos esfuerzos, y si esa recuperación más que evidente en una sociedad política destrozada por el terrorismo, la cobardía y el encubrimiento, se debía a las apuestas del territorio ría 2000, o a las actuaciones coordinadas en otras áreas.

Miscelánea

Lo peor del curso-simposio, -amén de un jueguecito ridículo e incomprensible que nos propusieron los del Lincoln durante toda una tarde, para perderla miserablemente-, fue el poco tiempo dado para que los asistentes con GPUs entre sus manos pudieran exponer sus casos. Cuando la gente tiene que hablar deprisa se hace tal lío entre los aspectos anecdóticos y los estructurales de sus trabajos, que el lío pasa luego al oyente en forma de apuro.

De Asturias vinieron tres arquitectos y un economista con un rosario de asuntos. Para empezar partían de un enorme patrimonio minero en ruina que había que salvar por razones históricas y hasta sentimentales, y a la vez servir de soporte simbólico para operaciones de revitalización urbana a la escala de los valles y cuencas mineras. Por otro lado contaban con un gran volumen de dinero de esos fondos europeos que de vez en cuando se encuentran como las vetas de carbón. Es decir, sus GPUs eran de lo más original porque no se trataba de hacer dinero con las ciudades (como es habitual en los GPUs) sino de usar los dineros para hacer ciudad. Y además, de lo más complejo y ambicioso, pues a través de todo un proyecto de proyectos se venía a plantear la cohesión territorial de un área geográficamente dispersa y a veces inconexa. Como eran imposibles de entender en quince minutos los proyectos de recuperación ambiental de las cuencas mineras en el área central de Asturias, las propuestas de reutilización de los activos ociosos de Hunosa o la ampliación del campus universitario de Barredo en Mieres, espero tener ocasión futura de ver como evolucionan dichos proyectos y saber si son llevados a cabo, para dedicarles el espacio que se merecen.

El catedrático de Geografía de la Universidad de Sevilla, Juan Francisco Ojeda Rivera, redactor de un Informe de "Criterios Territoriales para una política contra la pobreza y la exclusión social en Andalucía", expuso los análisis y gestiones para la configuración de un Plan Integral para el Polígono Sur de Sevilla que pretende atajar la marginalidad de esta enorme bolsa urbana donde viven unas cincuenta mil personas y que es el verdadero paradigma de la exclusión y del estigma social en la región, y ante el que han fracasado diversos planes sectoriales y urbanos. La creación de una autoridad única llamada "Comisionado para el Polígono Sur", que programe las intervenciones parece ser una de las originalidades de este GPU en el que el proceso participativo parece ser clave.

Puesto que estábamos en las Islas Canarias, la exposición de los GPUs de las dos capitales insulares ocupó el grueso de los casos particulares. Las dificultades del proyecto para volver a crear un tranvía entre Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, con ampliación hasta el aeropuerto; las propuestas para el Centro Histórico de Vegueta-Triana en Las Palmas de Gran Canaria; la autovía de circunvalación de Las Palmas de Gran Canaria y los proyectos asociados de dotaciones para integrarla en el paisaje urbano; o el Plan de las Teresitas en el pueblo de San Andrés, cuyos terrenos pudimos ver in situ de la mano de sus geógrafos, donde se trata de luchar contra procesos especulativos y amenazantes proyectos estrellas (un Perrault, por lo menos), constituyeron, entre otros proyectos que por escasez de tiempo no pudieron ser expuestos, el material informativo del curso.

Por mi parte, y en cinco minutillos de propina que quedaron al final de una larga tarde, intenté transmitir que los más grandes proyectos urbanos, quizás no sean los que más inversiones económicas y esfuerzos de gestión llevan aparejados y que sería bueno pensar, no tanto en grandes transacciones de dinero como en pequeñas modificaciones de pensamiento, de modo que sencillas alteraciones en la forma de entender la ciudad y sus relaciones con el Estado, o sencillas disposiciones normativas o cambios de costumbres condujeran a las ciudades por caminos diferentes a donde las llevan los GPUs del curso. Poner los nombres de los vecinos en los porteros automáticos de las casas para que los ciudadanos recuperen la dignidad que confiere la ubicación; crear el estatuto del ciudadano de las ciudades frente a los ciudadanos de los Estados y empezar a darles contenido hasta transformar radicalmente la democracia universal en las ciudades (véase La conferencia de Nápoles antes citada); hacer de los viejos los ciudadanos por excelencia; castigar a quien use palabras como "apuestas" y "competiciones" en asuntos de ciudad; exigir a la justicia que recupere la pena del destierro; convocar grandes concursos de arquitectura con excelentes jurados y plazos de exposición para diseñar no rascacielos o museos sino elementos urbanos tan significativos como las baldosas o los semáforos propios de cada ciudad; generalizar el uso de la bici y obligar a que todos los inmuebles colectivos tengan sus aparcamientos de bicis en las plantas bajas; reírse a carcajada limpia de quien diga que proyecta la vocación futura o rige los destinos de la ciudad, acabar con el rotondismo fundamentalista (véase elhAll81); crear barrios donde se den ciertas libertades para construir; etc.etc.etc., pudieran muy bien constituir el programa de un curso muy distinto de Grandes Proyectos Urbanos.

Debates y conclusiones

Parece una tontada pero un buen debate es un juego judicial en el que unos defienden una cosa y otros la atacan. Y para que el juego sea juego, nada como un resultado, así que la fórmula consistía en que el público votara al ganador. Como los europeos estamos siempre de vuelta y vamos de listos, a veces estas cosas tan sencillas las tenemos que aprender de los norteamericanos. A pesar de estar escaldados con el mal jueguecito de aquella tarde perdida que antes he mencionado, el último día del curso-simposio aceptamos la invitación a participar en un juego-debate sobre proposiciones enunciadas por el ponente general Mario Lungo que prometía ser mucho más enriquecedor. Aunque el orden en que se plantearon no fue el idóneo, las pongo yo aquí en el orden en que debieron de haberse debatido. En el primer debate, (que fue el segundo) dos equipos entraron en liza para enjuiciar si las plusvalías generadas por un GPU deberían invertirse en el área propia del GPU o podrían revertir en toda la ciudad. Aunque la proposición era bastante ilusa, porque los GPUs suelen costarles a las ciudades más dinero de lo que generan, lo cierto es que la lógica de la ciudad integrada venció con facilidad.

Más dura fue la contienda y más parejo el resultado cuando debatimos el fondo de la cuestión: GPUs sí o GPUs no. El geógrafo de Sevilla y yo nos posicionamos contra los GPUs con un argumento categórico: que los GPUs van contra la lógica de la ciudad integrada y la jerarquía del planeamiento; y un par de argumentos accidentales: que la ciudad tiene un tiempo ajeno a las coyunturas; y que las técnicas de eficacia acaban por convertirse en un fin en sí mismo, anteponiendo su dinámica de acción y su propia rentabilidad económica a los objetivos sociales de la ciudad. En ese sentido, concluimos en nuestro ataque, los GPUs son un arma fácil para que los políticos democráticos de legislaturas cortas hagan de las ciudades los espacios de sus logros, convirtiendo las ciudades orgánicas y democráticas en una especie de yuxtaposición incoherente de pelotazos y alcaldadas.

Muy felices nos las creíamos con la rotundidad de nuestro ataque cuando los asturianos, nos contestaron con similar energía argumentando que si partíamos del establecimiento de una ciudad orgánica e integrada, ¿cómo podríamos negarnos al uso de las técnicas de la cirugía que no pocas veces contribuyen a dar vida a cuerpos urbanos moribundos?. No se puede ser ingenuo, pues cada innovación técnica significa un progreso de la humanidad y una pérdida de inocencia; y sólo desde la ingenuidad más tonta es posible su rechazo (¿no es lo mismo que pasó con el diseño y la industria desde la expo de 1851 hasta los congresos Werkbund de comienzos del s. XX?).

Tuvimos que envainarla, claro está, no sin antes proponer que mientras que la nueva técnica no esté todo lo controlada que requiere, sería mucho mejor no hacer uso de ella, o por lo menos, no hacer abuso. La cirugía ha de ser el último de los recursos y no como en el actual modelo sanitario en que ya no es que se opere por cualquier cosa, sino que hasta las cesáreas van camino de convertirse en el sistema habitual de natalidad.

No recuerdo bien el recuento exacto de votos, pero los contendientes aceptamos de buena gana un empate técnico, pues cuando el juego es brillante lo de menos es el resultado.

Y en Logroño

Pero los GPUs no se acabaron para mí en el curso simposio de Tenerife. De vuelta a Logroño, cada día que abro el periódico me encuentro una y otra vez con noticias de ese GPU que el Ayuntamiento tiene montado desde hace tiempo en los terrenos de la estación, y no puedo sino lamentarme por mi ciudad (o mejor dicho, por esa ciudad cada vez menos mía). ¿Por qué un Plan General o un Plan Especial no se ha atrevido a hacer el cosido entre Avda de Colón y Cascajos? ¿Por qué se ha tenido que montar esa carísima farándula de arquitectos estrellas para resolver un problema urbano y arquitectónico tan sencillo? ¿Para darle carnaza de éxito político a los periodistas? ¿Para compensar quizás la contrapartida de unas arquitecturas comerciales anexas cada vez más grises en sus resultados y más turbias en sus encargos?

No quiero volver a cargar las tintas sobre los arquitectos municipales como hice con el problema del soterramiento (La famosa incógnita, ehAll64) para no tener que volver a entonar mea culpas ante la Junta que me deja dirigir su publicación; ni culpar de todo este embrollo al alcalde arquitecto que tenemos porque no es mi intención hacer política de partidos. Este es un asunto de política arquitectónica y lo triste es que siendo arquitectos tanto los funcionarios como el alcalde, se apunten todos con alegría al circo de las estrellas, y a la fe de que la ciudad se hace con milagros, y que para milagros nadie mejor que los santos.

Lleva muchos años la oficina de urbanismo del ayuntamiento practicando un urbanismo "técnico" y "normativo", que ha hecho siempre andar a sus planes, y al que los productores de ladrillo y todos sus profesionales asociados le tienen que estar muy agradecidos. Llevamos muchos años en Logroño supeditando cualquier debate sobre la ciudad a la eficacia de esa oficina, y no me es extraño oír a compañeros "ideologizados" (como ellos se dicen) que yo no sé apreciar lo bien que lo hacen.

Es posible que algunos de esos arquitectos ideologizados hasta disfruten también con ese pase de estrellas por la ciudad, del mismo modo que el país (casi) entero disfrutó no hace mucho con el pase de príncipes, realezas y demás guapura en la última boda real. Mejor para ellos. Que lo disfruten y les aproveche. Y les reideologice, si cabe.

Mientras tanto, yo diré que echando la vista atrás, se puede comprobar que para que esta ciudad fuera hecha no había que esperar milagros de fuera y que los arquitectos locales hacían lo mismo una entrañable plaza de toros (v elhAll n 9), como una estación de ferrocarril (v. elhAll 69). ¿Son los arquitectos locales peores que los de antaño? No. Para nada. Lo que se ha disparado es el paletismo provinciano que ahora, parafraseando la tesis de Arantza Rodríguez sobre Bilbao, no es que sea paleto por ser local, sino que es sumamente paleto por jugar a globalización económica y cultural con la política local a mayor gloria de sus efímeros (por democráticos) dirigentes.

Codearse con Winy Maas o con Rem Kolhaas por las calles de Logroño debe ser un premio tan importante para un arquitecto municipal como ser invitado a la boda del príncipe para un cortesano madrileño de medio pelo. Y aunque Zaera ya empieza a estar muy visto, y el periódico local tiene todo un repertorio de fotos suyas "posadas", algunos/as parece que le siguen viendo cierto sex appeal. En el caso de Abalos y Herreros, aunque sean del país, también son de los grandes, pues ya les hemos visto líneas más arriba en otro GPU de campanillas, el de la Operación de Chamartín gestionado por Ezquiaga. Así que como de Adrian Geuze yo no sabía nada (¡y vaya retrato con el que se presentaba en el periódico! / ver abajo), le pregunté a la arquitecta funcionaria y comisionada en la Sociedad del Soterramiento del Ferrocarril, Mari Cruz Gutierrez en un encuentro callejero y casual (de esos que, a mi entender, son lo que hacen ciudad) que quién era, y me contó entusiasmada que era tan genial y maravilloso, que seguro que va a tener mucho que decir en un caso como el de Logroño.

Con eso acabo. Como los que estamos en Logroño no tenemos nada que decir sobre Logroño, esperemos que alguien desde lejos nos escuche a través del invento del papel impreso o del internet y nos haga sentir con su lectura, si no ciudadanos de nuestra ciudad, por lo menos aún, con vida y voz.


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