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CÓMO ES COMO
por Pepe Garrido

Suena "Fratelli d'Italia" mientras un ciclista toscano acaba de conseguir el Oro Olímpico, está en lo alto del podio, emocionado, por lo que acaba de conseguir y, seguramente, por la escucha del himno de su país. Es un himno hermoso, alegre, dinámico y casi vivaracho. Muy propio para sonar en las competiciones donde gana el que primero llega, no para las que un jurado de ¿expertos? decide el vencedor.

Personalmente lo recuerdo sonando en las celebraciones victoriosas de coches, cómo no italianos, de color rojo, tras las competiciones que la película "Grand Prix" reflejaba, a medio camino entre el documental y el guión imaginado y adobado con historias paralelas a las de las carreras.

También me recuerda la reciente y veraniega travesía del Norte de aquel país, desde el Tirreno al Adriático, por autopistas de tres carriles, atestadas de émulos veloces de los mejores pilotos actuales y de la tradición.

La travesía tiene un punto intermedio y fundamental, la "tangenziale" de Milán, en la que habremos de tener la suficiente atención como para no perder la salida hacia Como, más al Norte aún y camino de Suiza.

La ruta discurre lentamente, ya que la densidad del tráfico y la proximidad de la frontera se alían para que el tráfico sea lento y nervioso simultáneamente. Finalmente abandonamos la autopista y seguimos por carretera, atravesando casi en su totalidad el centro de la ciudad de destino, entre el casco histórico y la orilla del lago, en busca de alojamiento.

Estamos en día de suerte, ya que el viaje está motivado por el centenario que Como celebra de uno de sus hijos adoptivos más ilustres y hemos ido a encontrar hotel al lado de una de sus primeras obras construidas, conocida allí como "el trasatlántico".

Ya alojados, buscando casa de comidas y con la premura del horario europeo, elegimos por azar la terraza del Albergo Metropole Suisse, cuya fachada había reestructurado en uno de sus primeros encargos profesionales, apenas laureado. Estamos en Piazza Cavour y disfrutamos de la comida, del lago y del gran cartel acristalado que anuncia la conmemoración del centenario.

No lejos, llegando, hemos pasado junto a su Casa del Fascio, que da frente a la travesía que busca la salida hacia la frontera, al ferrocarril que termina justo en el borde del lago y a la gran plaza del Pueblo, en su día del Imperio, donde se reunían las manifestaciones populares cuando el fascismo.

En la sobremesa surge la interrogante sobre cuáles serían las causas del éxito de la arquitectura racionalista en la Italia autárquica, mientras aquí la oficialidad bebía en el estilo escurialense, y en la Alemania nazi la pauta era marcada por el clasicismo de Speer; lo que obligó, en uno y otro país, a los arquitectos racionalistas, las vanguardias, a marchar al exilio.

La ciudad de Como, de tamaño equivalente a la mitad de Logroño, está volcada en la celebración del centenario, tres exposiciones simultáneas lo conmemoran: en la Iglesia de San Francesco se expone su obra mediante planos, maquetas, pinturas, dibujos y escritos. En la propia Casa del Fascio, hoy sede de la Guardia de Finanza, un audiovisual nos ilustra su vida y las etapas de proyectación y construcción del edificio que la acoge; y en una logia anexa al Duomo se muestra una recopilación de publicaciones, camisetas, fotos y otros recuerdos ya habituales en las tiendas de todos los museos actuales.

La ciudad de Como fue un laboratorio para este arquitecto europeo y racionalista. Para mejor apreciar su obra, sus edificios, todos ellos han sido adecentados y la mayoría son visitables con el consentimiento tácito de sus usuarios o propietarios.

Fue muy didáctico comprobar la evolución desde el Novocomun (1929), edificio de lenguaje racionalista que no acababa de soltar el lastre compositivo de la tradición, y donde seguramente sus ímpetus de juventud le llevaron a utilizar algo tan contradictorio en sí mismo como la expresividad racionalista, hasta sus obras posteriores.

En su obra más reconocida, la Casa del Fascio (1936), un estilizado lenguaje racional se alía con el homenaje a las reglas compositivas de la academia, el recuerdo del templo dórico como representación sublime del poder, la fuerte carga simbólica en los diferentes pormenores que intervienen y la voluntad de incorporar las últimas tecnologías y materiales como emblema de la vanguardia. Volumétricamente investiga de modo magistral la utilización de la "caja" como paradigma de la sencillez, en la que oportunamente excava los vacíos precisos para ordenar las funciones que alberga y conseguir unos espacios interiores riquísimos y sorprendentes. Es la materialización de su autodefinición: "Soy un arqueólogo, pero del futuro".

Casi contemporáneo es el Asilo Sant'Elia (1936-37), sin apenas concesiones en la consideración a la trama urbana en que se inserta, su geometría es rotunda y radical, y sus volúmenes limpios y luminosos. Un amplio patio central, dispuesto como prolongación al exterior de todas las piezas interiores, permite que los cuerpos de edificio que lo abrazan adopten en cada muro, y en función de la orientación, el tamaño y geometría de hueco más conveniente. Edificio definitivamente pensado para el disfrute de los niños.

Como la ciudad es muy pequeña, todo queda próximo, y así también nos sorprendemos con la proximidad de la Casa Giuliani Frigerio (1939-40), pequeña palazzina de apartamentos de alquiler, en la que su leguaje formal ha adquirido una desenvoltura y descaro que casi asemeja a una embriaguez formal el resultado construido. Cada detalle queda resuelto de modo particularizado y el esfuerzo del diseñador evidente. La ordenación de tres apartamentos por planta se quiebra por los medios niveles en que se ubican y ese reflejo al exterior contribuye a la orgía formal del conjunto.

Y esto no es todo, quedan por comentar sus monumentos funerarios, tanto en el Cementerio Municipal, como al borde del lago, la casa Pedraglio, las casas populares, el albergo Posta, el negocio Vitrum, y otras más en el territorio que desde Como se extiende a la vecina Milán, pero que se salen de los límites autoimpuestos.

La ciudad de Como no sólo fue el laboratorio de Terragni, sino que es la muestra de la espléndida convivencia entre el recinto del casco histórico local y los edificios por él proyectados en la Europa convulsa de entreguerras, que aún hoy resultan ser revolucionarios.

Terragni nació en 1904 y murió en 1943, fue fascista desengañado, arquitecto racionalista y combatiente en la 2ª guerra mundial. Los horrores vividos en el frente de batalla le llevaron al desengaño ideológico y a la muerte prematura.

En la ilustración Terragni (con un rollo de planos y 25 años de edad) sufre el juicio de la "Comisión" sobre si el "Novocomum" perturba el entorno urbano.

Siempre nos quedarán las "Comisiones".