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EL HALL Y CRONICAS MARCIANAS
por Jesús Marino Pascual Vicente

Me resultó interesante el pasado Hall 79. He de confesar que me los leo todos y enteritos.

Este último, lo leí de un tirón una de esas noches de insomnio debido al cambio horario, al regreso del último viaje del Colegio a California.

Me gustó el artículo de Javier Dulín que, en su habitual epístola, le describía a Carlota un nuevo genero arquitectónico ("los robados y secuestrados") poniendo el acento en esa desconsideración por parte de promotores, en la mayoría de los casos públicos, que lucen su buena gestión presentando proyectos e inaugurando obras olvidando a su autor. Se trata de algo lamentable y demasiado habitual.

Sería equivocado pensar que, en una realización cuyo interés es suficiente como para hablar de ella en un medio público, el reconocimiento sea exclusivo de su autor (arquitecto, escultor, etc.) Evidentemente, tras ella existe una valiosa voluntad que promueve tal realización y una gestión de recursos en nada desdeñables. Incluso, en ocasiones, esa voluntad promotora se impulsa por la inteligencia y gran lucidez de su promotor, haciendo de la obra un servicio fecundo a la ciudad y a sus moradores.

Dicho esto, también hay que decir que, efectivamente, es poco respetuoso, poco elegante, torpe y de mal gusto no compartir con su autor la presentación de un proyecto o una obra que públicamente se aprecia. Actitudes como estas ponen de manifiesto personalidades poco seguras y egocéntricas (¡no vaya a ser que el protagonista de la noticia sea otro y no yo!) y que rebajan, no solo la categoría del acto de presentación, sino al propio promotor, político o cargo público.

De cualquier manera, además de criticar estos comportamientos que, entre otros, sufrimos los arquitectos, no estaría mal mirarnos a nosotros mismos, mirar hacia dentro. No hace falta ir muy lejos y sí ser un poco más autocríticos.

Yo me conformaría con que esto no se produjera en el ámbito interno de nuestra relaciones profesionales, ni se utilizara el Colegio para "secuestrados y robados", en el sentido al que se refería Javier Dulín". No vaya a ser que sea aquí donde tengamos que decir: ¡Señor, Señor, cuídame de mis amigos que de mis enemigos ya me cuidaré yo!

Otra de las cuestiones que atrajeron mi  interés fué cómo el director de nuestro boletín (Juandelhall), describía con amplitud de espacio (4 páginas enteras) las visitas a los castillos del Reino Unido y la admirable atención que a ellos prestan, lo amable y verde que es todo aquello, la labor y eficacia de sus asociaciones y la cultura de aquellos pueblos y sus gentes. Envidiable, sin duda, y por tanto, como para aprender.

Pero el que no aprende es nuestro tramposo director, puesto que su fácil pluma y su comodona incontinencia le conducen con frecuencia a redondear literariamente su "magnífico" escrito, aunque sus recursos literarios le lleven a desvirtuar la realidad o la falseen. De esta manera, su opinión queda impresa como la válida y autorizada, aunque no se ajuste a la verdad.

A veces, sus críticas y juicios de valor son gruesos y sorprenden por su atrevimiento y también por excesivos e injustos, a mi juicio. En otras ocasiones, la crítica es más sutil y se desliza entre líneas sin demasiada apariencia y por tanto, para quien no esta en ello, inapreciable en su perversa y devaluadora intención.

Y claro, como quien calla otorga, y nadie rechista, y algunos jalean, cada vez Castilla es más ancha.

Es cierto que todos, o casi todos los que leemos el Hall, estamos bastante ocupados en dar respuesta diaria a nuestro quehacer profesional, y día a día dejamos de lado aquello que consideramos anecdótico como el Hall.

Bueno, puesto que a mi me parece menos anecdótico y, en definitiva, no deja de ser parte de nuestra historia colectiva que allí queda escrita, me desagradan profundamente las críticas gruesas cuando las considero injustas. Menos, importancia le doy a las sutiles, pero no por ello quiero pasarlas por alto.

Voy primero con un ejemplo de las menos importantes, esas deslizadas con sutileza y, cuya perversa intención, solo la  aprecian los que están en ello.

En el citado artículo del nº 79 sobre los Castillos, Juan hacía una reflexión sobre la trascendencia que tenía la naturaleza de la propiedad de los Castillos (privada, pública) para su conservación o protección. Maravillado de su superior lucidez al descubrir semejante obviedad, pone como ejemplo que al propio "animador" y coordinador, es decir, a quien suscribe, se le ha pasado por alto el dato significativo de quien es el propietario del Castillo de Davalillo y que otros muchos de los que han trabajado en la Base Documental de Castillos de La Rioja, no han reparado tampoco en las respectivas propiedades del Castillo que han levantado.

Pues bien; mi amigo, el apasionado escritor y director del Hall, conoce perfectamente que existe un inventario con todas las propiedades, y que yo conocía quien era el "señor de mi castillo" porque, a su pregunta, yo se lo hice saber. Incluso conoce que se han llevado a cabo gestiones, y que se están llevando, para intentar que este pase a propiedad pública puesto que yo se lo he comentado a él personalmente, al igual que otro tanto sobre el de Quel, etc.

Bueno, pues a pesar de todo y con el desparpajo que le caracteriza, pretende dejarnos, a quienes tanto empeño hemos puesto en ese valiosísimo documento, como unos tontorrones incapaces de llegar a darnos cuenta de la clave de todo el asunto sobre la protección de los 40 Castillos de La Rioja.

¡Y tan pancho!, ¡como lo necesitaba para poner de manifiesto la brillantez literaria que le adorna!...

No, Juan, no. Este tipo de actuaciones no solo carecen del mínimo rigor exigible, sino que a eso se llama "hacer trampas". No solo a aquellos que leen el Hall, no solo a aquellos a los que minimizas su trabajo, sino que es hacerte trampas a ti mismo. Lo cual a nuestra edad…

Espero que, a pesar de todo, en la segunda fase de la Base Documental asumas otro castillo, mejoremos un poco y demos muestras de nuestra eficiencia.

Voy con actuaciones de crítica gruesa.

Cuando leí la crítica que hiciste al Cementerio de San Cataldo en Módena (Aldo Rosi) la disfruté y me dije. ¡Vale Juan, por una vez te has remangado y has entrado en el análisis serio de una obra, la has estudiado, la has visitado, trabajándotela sin recurrir a comentarios fáciles y vacíos virtuosismos literarios!. Quiero decirte que aprecio tus capacidades y que, en un boletín del Colegio de Arquitectos, es una pena que las críticas no fructifiquen en el debate arquitectónico o sobre la vida  y actividad colegial.

Los juicios de valor hacia determinados compañeros, en algunos casos próximos y respetadísimos, y a los que el colectivo, o al menos aquellos que ejercemos la profesión, tenemos mucho que agradecer por su seriedad, talante, capacidades y dignificación de la Profesión,  me han resultado penosos y más cuando nadie ha dicho nada. Y aunque tarde quizás, quiero dejar constancia de que, yo al menos, no otorgo.

El último episodio aparece en este interesante Hall 79 con la autoritaria y dura respuesta que das a un escrito de Giovanni Muzio.

Quienes hemos tenido responsabilidades en la gestión de la actividad del Colegio sabemos muy bien de la necesidad de comprender que la Junta de Gobierno trabaja con gran derroche de tiempo y energía al servicio del resto de los arquitectos. El resto disfrutamos de ese trabajo y, todos, deberíamos ser capaces de hacer esta reflexión y arropar a nuestra Junta. Eso, no ha de ser obstáculo para que cada uno pueda pronunciarse y criticar lo que crea oportuno con toda la libertad, siempre y cuando sea con el respeto y la educación exigible.

Tu respuesta nuevamente fué mucho más lejos y traspasó esos límites con tintes demasiado ásperos y una cierta prepotencia inaceptable.

A ver si ahora vamos a tener en ti dos por uno, no vaya a ser que además de un director del Hall, tengamos también un dictador del Hall.

Había llegado hasta aquí y me pensé si merecía la pena enviarte este artículo, y mostrarte mi desagrado por todas estas cosas y hacer una crítica rotunda a nuestro Juandelhall que, seguramente, a pocos podía interesar. Y me llega el último Hall, el nº 82, el que nos relata la Asamblea de Junio.

Ya lo siento, pero no puedo tolerar más esta especie de "Crónicas Marcianas" que nos cuentas Juandelhall.

Como si de un Coto Matamoros se tratase, con el mismo desparpajo y con tu fluidez literaria, nos cuentas, no solo una asamblea, también la historia reciente de nuestro Colegio. Y claro, como en "Crónicas Marcianas", divertida por lo esperpéntica y, como en Crónicas Marcianas, con una muy particular, subjetiva y falta de rigor descripción de la historia.

Amigo Juandelhall es hora de que modernices esa visión un tanto casposa que tienes del "Honor" y la actualices incorporando algo tan elemental como es el concepto de respeto y consideración al trabajo y esfuerzos generosos de personas que han puesto y ponen su inteligencia, sus medios y capacidades al servicio de lo común. Eso si es Honorable.

El que todos los colegios, todos, contaran con departamentos técnico al servicio de los colegiados (CAT) para su permanente asesoramiento y formación, no fue una tarea menor, ni una "empresa" con directivos y funcionarios para vivir a su sombra. Eso fue un paso de gigante y un esfuerzo colectivo, no solo de los Colegios de Arquitectos sino de la Profesión, para su fortalecimiento y, a su vez,  dar un sentido más profundo y sólido a la "Asociación Profesional de los Arquitectos". Eso fue fortalecer el Colegio de Arquitectos.

Por cierto, y como anécdota, quiero recordarte que siendo yo Decano, y ya involucrado en la creación de la red nacional de C.A.T. y como responsable del Consejo Superior en la Coordinación de la actividad de todos ellos, hubo una convocatoria en nuestro colegio en la que el salón de actos estaba a rebosar, incluso con gente de pie. No tenía que ver con ninguna de las motivaciones de los que tú hablas en tu "crónica marciana" del último Hall, era porque en aquella multitudinaria reunión se presentó un trabajo verdaderamente valioso que se entregó a todos los arquitectos asistentes: "El Compendio de Instrucciones para la Redacción del Proyecto Arquitectónico".

A que resulta honorable semejante trabajo.
A que este tipo de cosas merece un respeto.
A que resulta miserable minimizar o ningunear a las personas que hacen semejante esfuerzo para el beneficio de todos.
A que esto no son discursos de "Crónicas Marcianas".