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ELEGANTE
por
Javier Dulín

Querida Carlota:

No sé si te acordarás, pero hace unos meses nos encontramos por la calle con Gerardo Cuadra, ese señor tan correcto y educado, con esa elegancia natural que siempre transmite; aquel que se alegraba de conocerte. Era justo cuando por la Escuela ya se rumoreaba que le habían concedido el Galardón a las Bellas Artes Riojanas 2004, a pesar de las voces que negaban a la arquitectura su condición de "bella arte".

Tiempo después, celebramos la oficialidad del galardón y nos alegramos de corazón.

Más tarde, visitamos la exposición que como segunda parte del premio conlleva el ser galardonado. Y como el día de la inauguración no pude felicitarle personalmente (estaba recorriendo un Londres muy acristalado de la mano de Juan) valga como tal, la satisfacción que nos produjo el montaje, tanto por el hecho de ver reconocido el trabajo de un buen arquitecto, como por la labor de Josemi en la manera de afrontar una segunda exposición sobre el mismo autor en un breve plazo de tiempo. Si aquella de la sala Amós Salvador miraba de forma exhaustiva toda la trayectoria de Gerardo con abundante información, esta segunda en el Parlamento (por cierto no parece el lugar más apropiado para exponer) se comprimía en unas pocas obras significativas que mediante fotos y maquetas la hacía más amable al espectador no especializado. Nos llevamos el catálogo, bien maquetado y con textos que profundizan en la obra del galardonado. Y al final del mismo, un DVD, muy bien realizado al estilo de los buenos reportajes televisivos, que sin duda me parece lo más interesante de todo este evento. En él aparece el elegante Gerardo (Oíza diría con mucho Decoro), desmigando su forma de entender la cultura del proyecto y explicando con ejemplos puntuales todos los aspectos de peso de un método proyectual que va aplicando y corrigiendo, con el fin de emocionar a los que disfruten esos edificios. Y con que elegancia habla! (ya quisiera el monocorde Vázquez Consuegra). Y cuenta sus influencias racionalistas y organicistas, y su preocupación por la proporción hueco-macizo que genera tensión, y de cómo jerarquizar o dramatizar los espacios mediante el manejo de la luz, y de las texturas de los materiales y su construcción, y de acentuar pequeños gestos que mejoran el edificio, incluso de cómo complementar espacios diseñando el amueblamiento, y de cómo intervenir en patrimonio (único punto en el que le veo muy "políticamente correcto", con lo que tuvo que aguantar en Santo Domingo). Y  con todo esto bien mezclado es como produce su obra, esa a la que no podemos modificar ninguna de sus partes puesto que ya son del todo, igual que no podemos aislar el huevo de la mayonesa.

Por eso se enfadó tanto y con toda la razón en aquel texto que publicó sobre la moda de las cancelas forjadas (diario La Rioja 24 de noviembre de 2001), en el que arremetía contra las pretenciosas intenciones de las comunidades de vecinos que no eran capaces de ver más allá de su imagen superficial. Le desesperaba no tanto la fealdad del elemento en cuestión sino la actitud poco respetuosa de no haber entendido la arquitectura que hay en un portal y operar en ella sin ningún tipo de consideración.

Y cuando la obra es tuya, duele más. Es el caso de las estupendas viviendas de Pérez Galdós, cuyo portal, siendo una pequeña joya aaltiana, ha visto sustituida su cancela de madera por una copia mal entendida de aluminio. Y cuando la reforma del portal es tuya, incluida luminarias de La Unión dentro de otro esfuerzo nórdico y además has vivido mucho tiempo en el edificio que la contiene y es atacada de tal manera, el cabreo debe ser mayúsculo. Pero Gerardo me imagino que se contuvo, y de forma elegante, reflexionó sobre las cancelas.