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ROJO Y SHAW
por
Juan Diez del Corral

Si el mes septiembre tuvimos el honor de recibir, ver, escuchar, y hasta hablar directa y personalmente con el consagrado Consuegra (ver elhAll84), en el de octubre el Colegio se vistió de gala para celebrar el Día Mundial de la Arquitectura con un par de noveles celebrantes recién salidos del seminario de monseñor Moneo: un chico apellidado Rojo que fue presentado como joven a pesar de su calvicie, y una chica llamada Fernández Shaw  -con ese apellido ¿quién no está llamado a los altares?.

El rito fue largo y brillante, Rojo habló más de hora y media con entusiasmo y convicción diciendo cosas tan elevadas sobre las estructuras y las pieles de los edificios que nadie entendía nada, y la Shaw, calladita ella, pasaba las imágenes desde el teclado del ordenador sin decir ni mu. Al final todos nos felicitamos por haber aguantado hasta el final entendiendo poco más o menos lo mismo que cuando las misas eran en latín y nos fuimos a beber el vino que dan después de estas misas, que bien que nos lo habíamos ganado.

Con el sermón acongojando nuestros corazones y con el vino subido ya a la cabeza, nunca me había sentado tan bien el aire de la calle al salir, pero quiso la suerte que una panda de compañeros propusiera todavía hacer una visita a alguna otra capilla de la ciudad para rematar la fiesta. Pues bien, la excitación, el jolgorio, y los comentarios irreverentes sobre el oficio divino al que habíamos asistido eran tan subidos de tono que yo me dije: esto se lo tengo que contar a los lectores de elhAll.

La escena era tan alegre y el origen de la misma tan evidente que a la memoria me vino un comentario que le hice una vez en el Consejo Superior al Decano de Cataluña cuando, hinchando el pecho sobre el gran número de arquitectos que él representaba frente a los que representaba yo, le contesté que se anduviera con ojo porque nosotros tenemos en La Rioja una cosa que se llama "poción mágica" con la que nos limpiamos a romanos y centuriones por docenas. Pues lo mismo con lo de las conferencias: uno puede ir a contar cuentos a Alicante, donde hacen turrón, o a Estepa, donde dan polvorones, pero venir a La Rioja a hablar de la divinidad de lo humano es peligrosísimo porque a las dos copillas de poción mágica el sentido común sale a borbotones, las lenguas se desatan y las risas se desbocan.

Ja ja ja ja, o sea que nos cuenta lo de que aceptaron hacer una modesta oficinita  porque no tenían trabajo y nos sale con un encarguito de miles de metros y millones de euros del Corte Inglés, ja ja ja ja. ¿Alguien sabe si en el Jurado del Concurso del Auditorio de Guadalajara que ganaron estos chicos estaba monseñor? ja ja ja ja.  Andá, o sea que él es el hijo del que fuera Gobernador del Banco de España. Pero bueno, ¡eso se dice antes! ja ja ja ja. El que mejor ha estado de toda la conferencia ha sido el Decano en la presentación y en el cierre, porque es lo único que he entendido, ja ja ja ja. ¿Qué tratamiento les hace a estos chicos monseñor para que hablen y pinten todos igual? ¿no os parecían los mismos tics y los mismos fotomontajes que los de Tuñón y Mansilla?  ja ja ja ja. Venga Josemi, cuéntanos algo de la secta, que tu pasaste por allí como el Fisac por la Obra, y todavía pareces persona ja ja ja ja (Josemi no contó nada, por supuesto, que una cosa es la verdad y otra la indiscreción y la infidelidad). Pues si nosotros no hemos cogido ni media de todo ese enredo sobre las transparencias de la piel, las estructuras ingrávidas y la contextualización en lugares descontextualizados (y ni falta que hace), ¿qué habrá pasado por la cabeza de todos esos invitados con aspecto de gente "normal" que se trajo el diario La Rioja a la conferencia como copatrocinadora del evento? ja ja ja ja. Una de dos, o que los arquitectos somos mucho tontos o mucho listos, pero que de sensatez, ni pizca ja ja ja ja. Y el Pablito Alvarez ¿qué nos contará en la página de la Rioja sobre todo esto? Ahora te lo digo: "El proyecto de Rojo y Shaw en Arnedo parece una cosa pero no lo es. Había un grave problema de integración, pero de la necesidad hicieron virtud" ja ja ja ja. Pues la chiguita era maja ¿eh? ja ja ja ja. Y así una tras otra.

¿Maldad? (dirá el lector...) ¿Que qué cabrones somos? ¿Pura envidia de no ser tan guapos como ellos, ni ganar concursos, ni tener encargos tan bonitos, ni vivir en la capital? ¿No será que somos muy tontos, y que nos han dado el título en una tómbola y que por eso no entendemos nada?

Bueno, los efectos de la poción mágica desaparecen al día siguiente dejando todo lo más un ligero dolor de cabeza, pero lo mejor de todo es que la feliz realidad te devuelve a la vida de las cosas sencillas y cotidianas: los amigos, los vecinos, los promotores, los constructores, los bancos, los funcionarios, la buena gente, los canallas, y entonces sí que aciertas a resolver esas preguntas que te puede hacer el lector o que te podía hacer la conciencia.

¿Maldad? no hombre, dar guantazos a los romanos no es maldad, es un cuento de Asterix y Obelix. La maldad es otra cosa que todo el mundo con dos dedos de frente reconoce perfectamente. ¿Cabrones? ¡Pero si nos portamos con ellos con guante blanco, todo sonrisas como si lo hubiéramos entendido todo y ni un mal gesto! ¿Envidia? No sé. Siempre nos queda la duda, pero yo siempre llevo como lema esa frase de Jünger en que decía que no le interesaba conocer a la gente importante porque carecían de la condición de vecinos. ¿Tontos? Eso sí, y cada vez más. Y lo peor es que es en detrimento de la arquitectura.

Por eso este desfogue.

Ronda de Noche