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FIESTA ELHALL 2004
por Juan Diez del Corral

Para celebrar el feliz cierre del segundo año de la séptima época de elhAll, el 28 de octubre celebramos una pequeña fiesta en la bodeguilla del Colegio a la que, como en la parábola, muchos fueron los invitados pero pocos los “escogidos”.

Como soporte decorativo del vino “ilustrado”, dimos lustre a la mesa con el más “ilustrado” mantel que imaginarse pueda: los 22 números de la séptima época de elhAll (veáse en las fotos del cuadernillo el adecuado ambiente que preparó Elena Solozabal).

Tal y como se anunciaba en el tarjetón de invitación de la fiesta, que fue repartido con el número anterior, se había propuesto como motivo de regocijo el compartir todo tipo de risas (desde las sardónicas sonrisillas hasta las carcajadas más sonoras) sobre lo feas que pueden llegar a ser las arquitecturas y lo tontos que podemos llegar a ser los arquitectos, no sólo en aceptarlas sin crítica, sino hasta en aplaudirlas y premiarlas.

Junto al ilustre mantel y las maquetas del siguiente hAll se dispuso al efecto un hC en blanco para recoger en él cuantos edificios “feos” de solemnidad trajeran los invitados. Pues bien, como tantas nobles iniciativas de elhAll, la propuesta fue un fracaso que añadir a su heróico historial, pues los inivitados, muy suyos ellos, prefirieron traer los regalos que les vino la gana. Por ejemplo, Angel García Galdamez, cual profeta Abraham, trajo de regalo a un aparejador (¡su mismísimo hijo!) que, en vez de sacrificar, nos hizo de fotógrafo -y por eso que salimos en la foto él y yo; Miguel Angel Angel Prieto nos obsequió con la demostración por vía arquitectónica de que entre el neardenthal y el neartherland apenas hay distancia; el impresor de el hAll, Alberto Vidall, haciendo honor a lo ilustrada (y va un montón de lustre...) que ha sido siempre su profesión, nos cantó una canción político mundial con estribillo ad hoc. Jesús López Araquistain nos hizo el chiste del mes y de la fiesta en vivo y en directo, cosechando el aplauso de la concurrencia; y en fin, el bueno de Javier Dulín, que fue el único que trajo los deberes hechos, nos dejó en la mesa una foto de uno de los edificios más feos de la City londinense, obra de un “afamado” arquitecto de los que salen en muchos libros y revistas.

Así que para completar el cuadernillo anunciado sobre lo fea que puede llegar a ser la arquitectura sin que nos demos cuenta de ello (ni hagamos unas risas) he tenido que echar mano de mi archivo personal en el que (aviso) no podía ni imaginar la de piezas que hay.... Una reflexión sobre la fealdad de la arquitectura contemporánea seguramente es un asunto mucho más serio que para tomárnoslo como motivo de fiesta, así que aceptado el fracaso festivo, prometo que volveremos sobre ello buscando las claves de la fealdad de lo que aquí se apunta y dando pistas sobre dónde encontrar buenos viveros o conjuntos riquísimos de arquitecturas feas.

Pero dejemos los deberes y volvamos a la fiesta porque, cómo no, lo más destacado entre gente de tanta prosapia como nosotros, fueron los discursos. Para darle ringorrango al evento tomó la palabra Pablo Larrañeta en calidad de único asistente de la Junta de Gobierno, quien se centró en disculpar a los junteros ausentes argumentando que estaban todos embarazados (¡enhorabuena!...). Aclarados los otros embarazos dijo que el más embarazado era él porque no sabía hablar en público así que pasó la palabra al director de elhAll quien también dijo que la causa de que escribiera tanto no era otra que la de no saber hablar en público, con lo que el público, como suele ser habitual, empezó a aplaudir sin saber por qué. Acto seguido puso su cargo de director a disposición de la Junta (esto se entendió bastante bien porque se oyeron murmullos de reprobación) e inmediatamente, y para arreglarlo, se puso él mismo a disposición de la Junta para seguir en el cargo un año más, lo que dio lugar finalmente al regocijo que se pretendía. Regocijo que se incrementó cuando, al dar la palabra a la “oposición”, se oyó un sonoro silencio que, finalmente, dio lugar a los mejores brindis. Ý nada más: ahí queda el hC23 como reportaje, y hasta el año que viene si la Junta quiere.