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PARLAMENTO Y MALTA
por
Javier Burón

Al fín el director de este boletín, o lo que sea, me ha pillado y no he podido huir más tiempo ni más lejos. Así que voy a incurrir  en el pecado de contribuir al cotidiano aburrimiento del que se decida a leer el articulillo. Estos San Mateo, mi mujer, arquitecto también, mi niña de cinco años y yo hemos estado por Edimburgo. Sabía, cómo no, que en Edimburgo, el estudio del ya fallecido Enric Miralles había proyectado y ejecutado, empleo bien la palabra, el parlamento de Escocia, pero la verdad es que en ningún momento de nuestras correrías por Edimburgo lo tenía muy presente. Y surgió, aunque no sé muy bien si esa es la expresión adecuada, surgir, surgir, lo que se dice surgir, o aparecer... me es difícil decidirlo.

Cuando estuvimos frente al edificio, por el emplazamiento y algún detalle del exterior podíamos pensar que sí, que debía ser el parlamento, pero la verdad es que no se podía estar seguro de ello. Observando atentamente y bajando por la Royal Mile de Edimburgo, vemos un hormigón más o menos dibujado y arañado en algunas zonas, aparecen unos huecos enmarcados en carpinterías de madera, estrechos, alargados, otros en aluminio, todos ellos de proporciones muy domésticas; otros elementos vuelan, poco, sobre la fachada (ya con revestimiento de chapa), y parecen como miradores en vertical y, al fondo y a lo largo de la fachada esos elementos-miradores se han convertido a una geometría mucho más irregular. Tan irregular como se nos va apareciendo la planta, agusanada y con longilíneos patios que se ven desde las zonas de acceso que dan de la vía pública a los espacios previos a lo que es el edificio. Eso ya nos va dando una pista, pero todavía no hemos visto nada verdaderamente significativo, sobresaliente; un acceso, un umbral previo a un salón de pasos perdidos, por ejemplo, un gran ventanal o algún cuerpo que al exterior nos esté diciendo algo de lo que pueda haber dentro. O incluso una gran verja que separe la calle en las entradas de vehículos o personas. Sí, sí hay algo que debe pretender ser una verja, cuatro o cinco metros de verja de no más de dos metros de altura, a base de elementos más o menos verticales, no me acuerdo si metálicos o de hormigón, con apariencia inestable, entrecruzados, sin distinción en su base, o fuste, y desde luego sin elemento alguno de coronación, todo ello sobre un zócalo de hormigón tampoco muy generoso y con unos dibujos apenas grabados en el mismo. Sí, ahora no había duda, aquello podría no ser el parlamento, pero seguro que era de Miralles, de un epígono o imitador al menos.

El remate de la Milla Real, en su parte Este es, nada más y nada menos, el palacio de Hollyrood, dónde se hospeda su Majestad Británica cuando va por Escocia. Edificio sencillo y noble dónde los haya, con magníficos jardines y una buena colección de pintura en su interior. Y por cierto, menuda verja, eso sí es una verja. Frente al palacio y a la derecha según se baja la calle, está el edificio presunto Parlamento. Al volver la esquina existen unas raquetas (sí, sí, raquetas de las del tráfico rodado, no se me parecen a otra cosa), que intentan conformar un espacio ante la entrada, se supone que principal, del edificio. En la parte cercana al mismo, una marquesina realizada a base de esos entramados tan irregulares e inestables de los ya mencionados, pretende proteger y enmarcar el paso hacia la puerta. A mí modesto entender, las ridículas proporciones que tiene tan inquietante geometría, no consiguen ni lo uno ni lo otro. Debe ser para ir acostumbrándose según se llega a la puerta. Al fín, la puerta, un hueco por el que pasar de un sitio a otro, sin más; desde luego es eso lo que hace, dar paso. Al menos se cabe, las partes practicables no eran más anchas que las de nuestras habitaciones y tampoco mucho más altas, eso sí, había muchas y todas seguidas. Tan seguidas y tan impersonales que podían corresponder a la entrada al Sabeco, a un multicine, o una plaza de mercado cualquiera (no de los muy dignos de los antiguos de abastos, como el que tenemos la fortuna de disfrutar aquí en Logroño, puede que por poco tiempo al paso al que vamos en nombre del desarrollo, sostenible o no), quizá una estación de autobuses, un colegio, un salón de juegos recreativos, administración de lotería, alguna consejería de nuestro gobierno, cafetería tal vez... Seguramente un portal a viviendas de VPO…La verdad es que si uno se alejaba del edificio y lo contemplaba, con esos extraños miradores y tantos de ellos, sí que podía parecerse a un moderno edificio de VPO, incluso de aspecto digno, desde lejos digo (el edificio, no hay nada que asegure que eso sea un parlamento, está emplazado en una zona dónde se dan intervenciones residenciales recientes). En cuanto a esos miradores, tienen por delante unos elementos formados por unos palos no sé si a modo de parasoles; unos parecen de madera, otros metálicos, mientras el cuerpo del mirador tiene chapa, madera, algo que debe ser un prefabricado, una zona acristalada en forma de riñón puntiagudo. Eso en algunos de ellos, en otros varía algo más la cosa. Por supuesto, nobleza y reputación obligan, la pieza que es un parasol recordaba a la marquesina y verja que se han intentado describir. También cambian en su ubicación, puede estar sobre el vano, o sobre la parte de cerramiento, a derecha o izquierda, en otros sitios no está. Al principio pensé que podrían ser móviles y que se deslizarían según el soleamiento y a gusto de la señoría que estuviera al interior, sobre la estructura auxiliar que los recibe, pero no, completamente fijos y dispuestos en cualquier sentido y orientación, al Sur, Este, Poniente y al Norte (¿al Norte en Escocia? ). Así se daba toda la casuística posible y teníamos parasol protegiendo parte maciza al Sur, o no teníamos en absoluto y la parte acristalada se quedaba sin protección alguna. Al Norte podíamos elegir ventana completamente tapada evitando que el conocido y temido golpe de luz de la deslumbrante luz escocesa provocará un desprendimiento de retina en sus señorías, además de haberse ahorrado la instalación de aire acondicionado, claro.

De entre esas señorías, deslumbradas si no les ha tocado parasol, alguno habrá, digo yo, que algo sepa de arquitectura, que haya visitado algún otro parlamento en sus viajes costeados por sus electores, el nuestro, por ejemplo, con una lamentable ampliación de muy turbia adjudicación (igual de lamentable que la del Senado, piscina cubierta incluida para sus señorías, el erario público de nuevo) pero con un buen edificio original y un hemiciclo que, seguramente, es el más bello del mundo. Antes, podrían haberse fijado en la buena arquitectura que atesora su ciudad. Si se hubiera seguido ese ejemplo quizá no se hubiera multiplicado por más de diez el presupuesto inicial, y sí se sabría, nada más verlo, que se trata de un edificio que guarda y representa el poder (entiéndaseme) del pueblo. Porque a pesar de todo lo que se ve y compone este edificio, aquello es bastante anodino, no tiene sabor alguno o, sencillamente, puede ser, yo no lo he entendido ni he llegado a vislumbrar qué intención, idea, o justificación proyectual puede sostener todo aquello. Por no hablar de la absoluta ausencia de referencias al lugar, o de la creación del mismo, con la cercana e impresionante montaña del Arthur's Seat y su escarpada y hermosa silueta, así como de la presencia de la Corona frente al poder popular legislativo autónomo escocés (mucho más con la turbulenta relación histórica entre escoceses e ingleses).

Acabo permitiéndome una recomendación. Si van a Edimburgo, disfruten de todo lo que ofrece, que merece la pena. Arquitectura, urbanismo del bueno en la configuración de la ciudad y sus ensanches, museos, jardines y grandes parques, vayan paseando por el río hasta la zona del puerto, tomen un tren al cercano Glasgow y no se pierdan ninguno de los "Mackintosh" (los que ya hayan estado, que lo repitan). Y si les queda tiempo y dinero, entonces, no se priven de un buen whisky de malta y en ese momento, ahora sí, colocaditos y bien anestesiados, vayan a ver si disfrutan del Mirallestaglibue ese o lo que sea.