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SALIR DEL PATATAL
por
Juan Diez del Corral

Tranquilos todos que elhAll no ha fichado como colaborador a Oriol Bohigas. Lo que pasa es que un lector nos trajo el artículo que puede leerse arriba (publicado en la edición catalana de El País, 22 de septiembre del 2004), y como no sólo le gustó sino que le pareció cercano a la línea crítica de elhAll, pues me sugirió que lo publicase en nuestro periodoquillo mensual. Puesto en contacto con el despacho de Bohigas, no tardé ni medio minuto en recibir un alegre sí de su secretaria, con el único ruego de que le hiciera llegar algún ejemplar de su nueva edición. Le agradezco pues la amabilidad de cedernos el artículo porque no sólo nos permite difundirlo sino también contestarlo.

Sin lugar a dudas el lector nos lo trajo por los divertidos párrafos de las arquitecturas patatas, con los que la gente que estamos hasta las narices de que las ciudades se estén convirtiendo en patatales (¡y en La Rioja tenemos  varias plantaciones en curso: variedad Muñón, Zaessavi, Roshaw, Hadid, y es posible que hasta holandesas!) nos reímos bien a gusto y lo aplaudimos. Son ocurrentes, y tienen todo el seny campechano del mejor Bohigas: ese "sentido común" que tanto escasea en los escritos sobre arquitectura. Sólo hay que comparar su artículo con el que hizo Fernández Galiano en el País sobre la Bienal (Babelia 25 de septiembre del 2004), atiborrado de expresiones estomagantes como "óptica poliédrica", "paisaje mudable", "naturaleza inmaterial de la urbanidad", "urbanidad topográfica", "topografías fractales", "expresionismos biomórficos", "mudanzas orgánicas" "traumas formales" etc. etc. para valorar la diferencia que media entre el sensatez y la idiocia más sublime.

En una onda un poco más tirando a progre o sociata, y por lo tanto mucho más políticamente correcta, Bohigas adereza esas salidas de tono contra el statu quo oficial de las revistas y estrellas de la arquitectura (que probablemente ya no le invitan como antes), reclamando un poco de ética o de compromiso político-social; lo que tampoco es como para despreciar.

Pero más allá de las patatas y las pancartas, empiezan las dudas; y acabar el artículo recomendando que hay que visitar la Bienal, casi que nos da más risa que lo de las patatas y las pancartas. 

Hace algún tiempo, Paricio Ansuategui (otro arquitecto catalán lo suficientemente inteligente como para conservar aún algo de seny de la tierra) escribía en una de las revistas de Galiano a propósito de la High Tech, que esa forma tan sofisticada de construir los edificios tendría que ver con la arquitectura cotidiana de nuestros despachos algo así como la Fórmula 1 con los adelantos técnicos de nuestro automóvil utilitario. La semejanza podía tener algún sentido positivo en el campo de los avances tecnológicos, pero por desgracia, y tal y como se comprueba trágicamente en el entorno de cada Gran Premio de Automovilismo, lo que se imita de las élites no es la perfección técnica sino la chulería y la locura íntimamente asociadas a ella.

Cuando se construyó el Guggenheim de Bilbao hubo quien dijo echando incienso que representaba algo así como la feliz resolución a dificilísimos retos en el dibujo o en el cálculo estructural, pero la verdad es que sus beneficios sobre la resolución cotidiana de las formas del habitat humano no se ven por ninguna parte mientras que , sin embargo, sí que puede detectarse una horrible influencia en hacer los edificios más rotos, torcidos, retorcidos, descalabrados, alabeados, etc. etc. en línea con las metamorfosis de las patatas que dice Oriol.

¿Hay que ir por tanto a las Bienales, Mostras o Documentas? ¿Son esas fiestas de la vanidad las que nos van a sacar del atolladero teórico arquitectónico en que nos encontramos? Argumenta la conclusión Bohigas diciendo que "aunque sea para tener argumentos en la lucha que se avecina... etc.", pero eso no se lo cree ni él. No hay síntoma alguno de que se avecine ninguna lucha por una nueva exigencia moral de la arquitectura, y desde luego, donde menos síntomas puede haber es en las fiestas esas de la vanidad.

Aldo Rossi, el también director de Bienales y autor de la plomiza teoría de la Tendenza (del que elhAll se ocupó en el número 67 a propósito del Cementerio de Módena) , escribió en aquel libro suyo tan cursi, titulado Autobiografía Científica, una gran verdad: "para acabar con la miseria de la cultura moderna, sería necesario un gran apoyo popular". Fue de lo poco que saqué en limpio de aquel libro, -lo que no es poco. Pero el problema de la "cultura popular" que nos podía sacar del barro del patatal es que ha sido absolutamente ahogada en poco menos de veinte años de telebasura, así que por ahí también nos han cortado la retirada.

Es curiosa la coincidencia, pero Chistopher Alexander escribía sus dos grandes libros de teoría justo al mismo tiempo: finales de los setenta, comienzos de los ochenta. Entre lo uno y lo otro me hicieron entender que la arquitectura no debía de aprenderse en las revistas de moda, sino en aquellos lugares construidos tan ajustados a su uso como libres y espontáneos en su forma y que, -por citar una fuente-, Carlos Flores nos dejó retratados en aquellos preciosos cinco volúmenes de la Arquitectura Popular Española. Pero dejemos la arquitectura en su sitio y volvamos a la moda.

A Bohigas se le escapa la palabra "moda" en el primer párrafo de su artículo. Como a todo arquitecto que se precie, le da miedo la palabreja, y va y le pone como apellido lo de "comprometida". Pero de eso nada, Oriol: sé valiente, hombre, saca todo el seny de lo profundo de tu inteligencia y llama a las cosas por su nombre: la moda es la moda, y las Bienales son la moda, la pasarela, el escaparate frívolo de ese mundo mucho más turbio que llamas del neocapital o mercado liberal, que, afortunadamente, no tiene ningún viso de cambiar. (Y digo "afortunadamente" porque aunque sea turbio es mucho mejor que ese otro mundo "siniestro" de los grandes aparatos burocráticos y la concentración de poder político y policial).

La arquitectura no se busca en las Bienales sino en el trabajo diario de uno mismo en el despacho. Y todo lo más, reflexionando un poco en hojas libres como éstas. Así que como director que soy de ellas, te digo que si el estrellato y las revistas de moda ya no te invitan, nosotros sí que te invitamos, y que si aceptas nuestra modesta vía de acercamiento a la arquitectura, te tendremos por un colaborador más.