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ASAMBLEA 2004
por
Juan Diez del Corral

Como la última vez que hice una reseña de la Asamblea del Colegio (véase elhAll82 de junio del 2004), Jesús Pascual dijo en el siguiente hAll que le sonaba yo a un tipo muy impresentable que sale en la televisión, pues... la verdad es que no tenía muchas ganas de repetir crónica; pero ante la insistencia del Decano en mandarme la foto que recogía la escasa presencia de colegiados en la sala, y puesto que en ella puede verse que aunque me insulte en elhAll yo no le niego el buen compañerismo colegial a mi detractor (pues el dice que no me insultó y que sólo fue crítica), paso a contaros cuatro impresiones de la última reunión del así denominado por los estatutos: "máximo organismo decisorio de nuestro colegio".

Lo primero que cabe deducir de la escasa asistencia a la Asamblea (¡cuando ya somos 239 colegiados!) es que éstas son un rollo que no le interesa a nadie. Aprobar el burocrático acta de la reunión anterior, oír el largo resumen del Secretario de todo lo que ha hecho el Colegio durante el año que acaba y aprobar los presupuestos presentados por el Tesorero (con gráficos y todo) para el año entrante, cuando casi todo ya se sabe o es lo mismo que el año anterior y que el otro y el otro, pues la verdad es que no parece espectáculo que atraiga a las masas. Así que en los asientos de las primeras filas se ponen los vocales de la Junta (a los que esta vez Domingo no les ha sacado en la foto), un poco más atrás nos sentamos algunos exdecanos y ex secretarios como si fuéramos ya de la familia, y rellenando los huecos por aquí y por allá, viejos fieles asistentes, arquitectos empleados del colegio y poco más.

Los puntos del orden del día se suceden con monotonía anual y las aprobaciones se hacen con total unanimidad porque sólo faltaba ir allí a hacerle la puñeta a la Junta (aunque..., ahora que se me ocurre, con quince colegiados que fueran con ganas de poner el Colegio patas arriba, seguro que lo conseguirían / no he dicho nada....).

Por suerte siempre hay algún asunto novedoso que nos libra de la somnolencia. El primero fue una propuesta para apoyar a una ONG que tiene proyectos de edificación en Latinoamérica. Siempre es duro rascarse el bolsillo, pero más duro es tener que decir que por la caridad entra la peste y que ese es un asunto personal de cada cual y no una finalidad de nuestra institución. Si los ponentes hubieran presentado la cosa como un apoyo a los arquitectos o a la arquitectura de esa acción humanitaria, quizás la cosa hubiera podido encajar, pero tal y como venía no podía irse de otra forma que con los bolsillos vacíos.

Otro asunto que nos espabiló fue la modificación de las invitaciones a la cena colegial. Eso de la cena siempre daba mucha polémica cuando un sector del Colegio se oponía a semejante despilfarro con aspecto de boda, pero como ese sector parece estar en horas bajas y ya no acude ni a la Asamblea, no hubo debate ni diversión y todos aceptamos lo de pagar 50 € (coste de medio acompañante según la Junta) si llevamos "acompañante", que no "distinguida señora" o "consorte". ¿Irá menos gente a la cena este año por tener que pagar al "medio acompañante" o irá más gente porque los arquitectos somos muy chulos y no vamos a quedar mal por cincuenta miserables euros? Cada cual hizo su apuesta, mientras yo decía que esas cenas tan copiosas no es que sean malas para las arcas del Colegio sino que cada año nos sientan peor al estómago. De todos modos, hace dos años parece que la cena estuvo más divertida de lo habitual, y el año pasado cayó una nevada de las de recordar, así que quizás este año también pase algo bueno y sea cuestión de no perdérsela. Sólo por los comentarios del novedoso asunto del pago del "acompañante" ya valdrá la pena.

Cerca del cierre, Jesús Pascual tomó la palabra para pedir dinero en el presupuesto a fin de mantener con vida un año más a la ECC porque en ello nos va la entidad profesional misma de ser arquitectos. Todos cabeceamos que sí, y que parece que es verdad, así que tenemos ECC para el 2005. Yo por lo dentro discrepaba, claro está, y no porque fuera Pascual el que hacía la propuesta ni mucho menos. Yo creo que la entidad profesional del arquitecto tiene que ver más con la proyección pública de su trabajo compositivo, cultural y urbano, a través de un buen ejercicio crítico, que con el control burocrático de sus aspectos técnicos e ingenieriles; pero tal y como están las cosas en la profesión (y en nuestras relaciones de compañerismo), cómo para ponerme a hacer soflamas incendiarias:¡imaginaros que pido 85.000 € a la Asamblea para el ejercicio de la crítica...!

Lo mejor de la Asamblea es que, finalmente, resulta un buen pretexto para salir del despacho una tarde y acabarla tomando unos vinos en armonía por la calle Laurel con los compañeros arquitectos. Porque si a uno sólo le interesa ver lo que pasa en la Asamblea, con la circular, la foto que nos echa últimamente el Decano cuando el tesorero trata de hipnotizarnos con sus cuentas, y lo que yo cuento luego en elhAll, estamos informados más que de sobra. Si para juntar gente hay que montar espectáculos u organizar un auto sacramental, casi os puedo asegurar (por suerte) que cada seis meses tendréis una crónica de la Asamblea muy parecida.

Y... feliz año nuevo.