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CALLE PORTALES
por
Julio Arnaiz

A la memoria de
D. Jerónimo Jiménez Martínez

La Calle Portales es grande, espaciosa y no se agota jamás... La Calle Portales, cuando llega un turista a Logroño y se le quiere impresionar, es lo primero que se le enseña y, ¡zas!, entonces va y se queda con la boca abierta un trecho así y sin saber qué decir... Es lo que tiene Portales, eso y mucho más...

En la Calle Portales, antes General Mola, diríase que es donde empieza Logroño, cuando los ecos primeros, y termina igual que empieza, o sea, jamás, sólo que ahora somos muy nuestros, vamos a lo nuestro y es el cuento de nunca acabar. Así es esta Calle, que se sabe por dónde empieza Logroño a ser Logroño, cuando fuera lo de los primeros balbuceos, pero no dónde termina, pues no se agota jamás... La Calle Portales, antes General Mola y antes Calle de la República, sería esa línea imaginaria que divide y parte en dos una ciudad, un pueblo, si no fuera porque es imposible separar o dividir siquiera en sueños Logroño de Portales, pues esa luz primera que todo lo ilumina, las señas de identidad inconfundibles, hallan aquí su razón de ser. Todo fluye y nada permanece en su estado primero, sólo Portales, que antes fuera General Mola, después, quiero decir, con anterioridad, de la República, y todavía mucho más atrás, del Mercado. Podría decirse pero no quiero que esta Calle es la más nombrada, la más homenajeada, la más laureada de cuantas hacen Logroño, pero ¿quién sabe?, quiero decir ¿qué más dará? Si ya queda dicho y si no se dice ahora y aquí que aquí, a poco que busquemos está el ayer y el hoy, tal vez el mañana con su origen y ese ser primero de Logroño, cuando arranca aquella música los compases que ya se sueñan siempre... Pero ya digo, desde que nos hemos vuelto tan nuestros y vamos a lo nuestro, ¿quién se acuerda de la primera palabra, de la primera piedra, de la primera prueba de aquel eco primero de la llegada al mundo de Portales? Estar, existir ¡vaya que sí existe!, pero ya digo... Si no fuera por la Calle Portales, Logroño no sería Logroño, ni nada que se le parezca, sólo que ahora da cosa ser de una calle nueva, de un lugar pequeño o de una calle de poca monta y queda mejor decir que se es ciudadano del mundo, como si el mundo todo no estuviera concentrado de sobras en este lugar, donde y cuando Logroño comienza a decir sus primeras letras, a escribir por entre las primeras piedras aquello que se quiere de verdad y, que una vez lanzado al aire, no desaparece nunca, no se acaba jamás... Sólo que ya digo..., hay que ponerse al principio o al final, también hacia la mitad, antes, acaso después, da igual, igual de día que de noche, por la mañana o a mediodía, a pie o a caballo, solo o acompañado junto a esa dichosa calle y ya está, que soñar no cuesta, tampoco escuchar esos sones que lleva el alma y al alma llegan de todas formas si se presta la debida atención, el momento debido y se oirán aquellas músicas con las canciones primeras de cuando anuncian que el día ya va a llegar otra vez a su ser... La Calle Portales, antes General Mola, antes de la República y todavía mucho más atrás del Mercado y D. Jerónimo Jiménez sabe bien sabidos todos sus demás nombres, la calle de esta ciudad, de este pueblo que ha visto tanto y entendido todo el ir y venir de los días todos con su norte y con su sur, es grande y espaciosa y no se agota jamás, y cuando un turista llega a Logroño y se le quiere impresionar, ¡anda!, aquí está lo que andaba buscando tiempo ha.