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COLEGIOS DE OXFORD
por
Javier Dulín

17. Querida Carlota:

Con motivo del ciclo de cine y arquitectura que recientemente organizó para el Colegio Martín Sáez, busqué la foto de la auténtica casa de Jacques Tati para enviársela y creo que sale en este mismo hAll. Y el caso es que ese edificio, estaba justo al lado del que íbamos a visitar, el Queen´s College de James Stirling. Estábamos en Oxford, con la idea de ver los colleges universitarios, los cuales resultan inaccesibles porque tienen prohibido el paso a todo lo que huela a turista. Así que los vimos por el exterior, salvo el New College, en el que pusimos cara de profesores universitarios y nos colamos por todos los rincones, y hasta nos invitaron a compartir los servicios religiosos. (1 y 2)

En los años sesenta se hicieron colegios mayores algo apartados del centro, pero muy próximos en distancia a los tradicionales, lo cual debió suponer una responsabilidad de gran peso a los arquitectos de aquellos edificios a la hora de tomar decisiones de proyecto. Alison y Peter Smithson realizaron el Santa Hilda en el 67, el cual no encontramos, en el 66 James Stirling edificó el Queen´s College y en el 64 Jacobsen el St. Catherine´s College.

El de Stirling tenía muchas ganas de verlo pues es de aquellos que durante la carrera me había parecido un edificio muy interesante, pero cómo engañaban aquellas fotos astutamente sacadas. Siempre lo imaginé mucho más grande, con aquel patio que se cerraba en sí mismo para dominar unas vistas poéticas sobre el río y un eje visual con la torre del Magdalen College, que ahora se han perdido, pues han dejado crecer una gran arboleda descuidada, que corta cualquier posible vista. Han verjado todo el perímetro que da a esa vereda, en el que han surgido casetas de madera, tendederos de ropa, con lo que en vez de bucólico más bien parece cochambroso. Por otra parte, hace una negación absoluta de la trama urbana, dando groseramente la espalda a los demás, con una entrada muy desafortunada y que más bien parece el acceso de las cocinas. El caso es que no sé si debido a un escaso mantenimiento o a las concepciones románticas del arquitecto que no han aguantado el paso de los años, me llevé un chasco. (3 a 6)

En cambio, que sorpresa tan agradable con Jacobsen, en un edificio que no tenía la menor idea de su existencia. Con mucho más terreno que Stirling, el danés hace una composición de edificios muy ordenada y clara, dos alargados pabellones de habitaciones de estudiantes que enmarcan los edificios comunes del colegio. Por un lado la biblioteca y salón de actos y por otro el comedor. La biblioteca tiene claras señas de identidad del autor, creando un espacio de estudio más que apetecible. Pero el comedor, cuya primera visión fue emocionante, quizás por la luz del atardecer entrando por los lucernarios mezclado con las luces de las mesas ya encendidas mientras preparaban las mismas para la cena o por el entusiasmo de Juan al mostrarme el hallazgo, es un espacio soberbio, de los que hay que sentir con la presencia (las fotos pocas veces reflejan los sentimientos). La sabiduría de este espacio, está en resolver con arquitectura y lenguaje de nuestro tiempo siglos de tradición, que se perciben y se dejan leer, con muy pocos elementos. Ese don de saber condensar la esencia de arquitecturas pasadas y volver a expresar las mismas emociones con lenguajes de su tiempo, sin necesidad de recurrir a fáciles formalismos, lo tienen muy pocos. Y por eso emociona y mereció la pena el viaje hasta Oxford sólo por ese momento (7 a 10).